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Diario de Ibiza

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Martínez-Fortún

Exigir sin dar ejemplo

Mientras la gente llena chiringuitos, petan playas los cuerpos al aire, gordos, anoréxicos, pelados, pilosos, jóvenes y tersos, colgantes y seniles, y los españoles en modo carpe diem atraviesan este agosto en pos de su mañana incierto, devoran pizzas junto al mar ignorando a Garzón, atiborran ferias, suben a los cacharritos, visitan mercadillos artesanales donde lo mismo se compra una damajuana que una máscara contra el gas, disfrutan verbenas y viven la vida libre, el Gobierno se despide, no con el decreto del sincorbatismo, que solo fue una recomendación moral, sino con otro que apaga escaparates y monumentos, sube el aire en el actual sofocante presente y baja la calefacción en el gélido futuro de la Invernalia ibérica.

Primero Ribera se rebotó y luego se plegó a las exigencias europeas, y después de asegurar que ningún español iba a sufrir porque los poco previsores vecinos del Norte se hubieran uncido al carro energético de Putin y disfrutado de una energía barata mientras exigían a los Pigs del Sur sacrificio tras sacrificio -esto lo añado yo- ha dispuesto cargar sin tino sobre los contribuyentes el frío, el calor y los gastos de adaptar comercios y establecimientos a sus exigencias. Revisar calderas, arreglar puertas mágicas que aíslen su temperatura inteligente del exterior y demás maravillas sostenibles que los empresarios y autónomos lograrán solo con mover su naricilla al más puro estilo Embrujada.

El pueblo se rebota por mucho que los medios afines orquesten un concierto de justificaciones de jardín de infancia sobre la última ocurrencia indumentaria, caricaturizando la reacción popular como facha cuando es legítima y mayoritaria, como hacen con la supuesta insolidaridad de quienes piensan lo mismo que la ministra pensaba primero para callar después. El pueblo se rebota, no por insolidaridad sino contra un gobierno que reduce el bienestar de todos menos el suyo. Falcon, Puma, asesores, Nueva York, Roma. Gastos sin necesidad ni transparencia. El modo de entender y ejercer el poder. Exigir sin dar ejemplo.

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