Opinión | Para empezar
Un tesoro bajo una calle de Vila
«Creo que ha corrido el rumor de que aquí se esconde un tesoro». Vicent tiene su negocio en la calle Carlos V de Ibiza, es vecino mío. Y como el resto de los residentes alucina con la cantidad de veces que se han levantado sus aceras en los dos o tres últimos años. Es como si de verdad los contratistas de la isla o el equipo de gobierno (cosas más raras han hecho) buscaran perlas, diamantes o monedas de oro donde sólo hay colillas, cucarachas y ratas. El caso es que estos trabajos nunca han sido para mejorar la calle; tampoco recuerdo que le hayan echado dos aguas a las aceras para limpiarlas, ahora que caigo. No, no. Son obras de enjundia, de aquellas que requieren de radiales y de todos los artefactos del infierno que producen un ruido atronador. Parece que los fabricantes compiten entre ellos para ver quién los hace más ruidosos. Malditos... No tenemos suficientes con el ruido de las motos a escape libre o de doscientos mil caballos de potencia; incluso de las de 49 centímetros cúbicos que no llegan a los cien kilómetros por hora. Es posible que el ruido sirva al acomplejado conductor para compensar su ritmo tortuguil. El caso es que Vila avanza a pasos agigantados en el triste proceso de convertiste en una ciudad poco amistosa, incluso diría que algo borde.
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