Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Marta Torres

Sintecho somos casi todos

Sintecho. Sinhogar. Sinónimos de pobres de solemnidad. Palabras que evocan a personas que lo han perdido todo. Que se ven obligadas a vivir en la calle o en albergues municipales. O debajo de un puente, con sus pocas pertenencias en un carrito de la compra. Hasta ahora. En los nuevos tiempos, aunque nos cueste verlo, aunque nos duela darnos cuenta, sintecho somos, en realidad, casi todos. Con diferencias, es evidente, pero casi todos. Esta isla está llena de personas que empiezan a ser conscientes de que es posible que nunca puedan tener una vivienda. Tienen un trabajo a jornada completa, cobran un sueldo, sí, pero no pueden pagarse un techo. No en una isla en la que por un zulo de 25 metros en el que el WC está pegado al horno te exigen 700 euros. No en una isla en la que no hay viviendas en alquiler de las que no te echen en mayo o en las que el casero no te suba cada año el alquiler, apretando un poco más la soga, aprovechándose del frío que hace en el mercado inmobiliario ibicenco. Hay toda una generación que está, ahora mismo, condenada a vivir con sus padres. La primera generación que no puede soñar con crear su propio hogar porque si alquilar es imposible comprar es ciencia ficción. Cuando el techo es una utopía sinhogar somos casi todos.

Compartir el artículo

stats