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Lucía Perán Alcázar

Calcetín mascarilla

Para quienes andan ya en la tarea de encontrar otros usos a las mascarillas, tranquilos, que llegan a tiempo. Queda mucho para que este trapo desaparezca de nuestras vidas, de las manivelas de las puertas, de encima de la mesa, colgando de un vértice del ordenador o de aquellos lugares donde ustedes las dejan reposar. Lo digo, porque ya he visto por ahí algunos vídeos en lo que los creativos incluso han alcanzado las ideas de utilizarlas como calcetines, llaveros, servilleteros almidonados, lapiceros… La creatividad como arma arrojadiza alimentada por las ganas que todos tenemos de eliminar este elemento de nuestros días. Al parecer queda mucho e incluso hay quienes se atreven a asegurar que su uso es para siempre. Ciertamente, yo ya me he acostumbrado y aunque hay ocasiones en las que se me olvida, lo normal es que no sea así. Me he acostumbrado a no tener que fingir expresiones, si no me apetece reír, y además es como que me siento protegida. Claro está, al igual que a ustedes les pasa, también estoy deseando que se marche a otro mundo, pero no por incomodidad sino porque sería la señal que todos esperamos.

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