Opinión | Para empezar

Los peores cuatro años de su vida

En el ámbito local, meterse en política es meterse en problemas. No hablo de niveles superiores, me refiero a los escalones más básicos. ¿Por qué una persona que tiene un trabajo, una vida, una familia, iría a dejarlo todo para iniciar una aventura no demasiado bien pagada y que sólo le dará disgustos? Y más en un pueblo pequeño, donde todo el mundo se conoce y en el que posicionarse políticamente es sinónimo de problemas. Pueblo pequeño, infierno grande, ya saben. Gobernar y tomar decisiones es pisar callos, y algunos a quienes tocas sus privilegios ya se encargan de convertir tu vida en un infierno. Hace unos días, Aída Alcaraz declaraba a este Diario que le había afectado el daño personal de la campaña de difamación en su contra. Para muchos que entraron en política con vocación de servicio, su paso suele terminar con crisis de ansiedad, en la consulta del psicólogo y tomando ansiolíticos. No hay nada que compense los ataques, las presiones y las puñaladas. Hemos convertido la política en una trituradora de carne. Al final, solo continúan en esto los cínicos, los que completaron su proceso de envilecimiento, los que tienen una piel de paquidermo que les hace inmunes a cualquier crítica o los kamizakes que no tienen nada que perder y ya les da igual todo. El resto, tras esos cuatro años huyen despavoridos de todo lo que huela a política.

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