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Valles,-Rita

Un verano casi normal

No hay verano sin festivales de música ni, cada cuatro años, sin Juegos Olímpicos. En 2020, en plena pandemia, el mundo entero se quedó sin la cita más importante del deporte. Por eso el viernes, viendo (aunque en diferido) la ceremonia de apertura, con las coloridas delegaciones ondeando sus banderas y desfilando con alegría, me emocioné como la entrañable Paloma del Río. A pesar de las mascarillas, la distancia y el desangelado estadio sin público, se palpaba la emoción por haber conseguido, con el covid aún cabalgando más de un año después del inicio de la pandemia, reunir por fin a los deportistas. Para muchos de ellos, es una oportunidad única de alcanzar la gloria. Tokio 2020 está en marcha aunque el calendario indique que estamos en 2021 (¡mucha suerte a Marc Tur y Mateo Sanz!) En Eivissa, sin tantos fastos, pero sí con mucho público y el mismo entusiasmo, llega al fin un festival de música muy parecido a los de antes, a los de siempre. Contra viento y marea, Adrián Rodríguez ha logrado poner en pie su Sueños de libertad y devolver un pedacito de normalidad a nuestras vidas. No sólo los artistas necesitan como agua de mayo que vuelva a los escenarios la música en vivo, todos queremos alegrarnos los corazones. A ratos, este verano parece casi normal.

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