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valentin villagrasa

Desde la Mola

Valentín Villagrasa

La guerra del Gin Tonic

La fase 1 en la que nos encontramos aquí en la Mola (la otra parte de la isla también) ha supuesto un avance sustancial para los dependientes del restaurante, ya sea a menú o carta. De lunes a jueves uno puede optar por uno de los dos turnos de cocina, incluso cenar prontito y ligero ‘póngame ese bikini de la carta’ o un ‘tratar de atún’, ‘pescado del día a la plancha’. Lo del bocadillo de calamares lo dejo por si vas a Madrid y te acercas a la calle Postas, antes de llegar a la Plaza Mayor. Todo entre lunes y jueves (caramba el día que salen los estudiantes en una ciudad universitaria, cuánto saben estos de sanidad). Los fines de semana, lo de la noche se ha quedado en el olvido. «A casita poco antes que den las diez» cantaba un Serrat en los años setenta, cuando estaba mal visto llegar después del toque de queda paterno.

Quien realmente ha salido herido de muerte en esto de las medidas anticovid de los restaurantes y bares es el gin tonic. Díganme a qué hora te puedes tomar una copa entre charla que te charla, opinando, cual tertuliano que se precie, sobre Rociíto y su saga, sobre Bosé y Évole. Aunque si me apuran ahora la moda es preguntarte (todavía sobrio, por supuesto) qué somos: demócratas o monasterios. Claro tienes que volver a trabajar en tarde laboral.

Fíjense si ha quedado tocado el gin tonic de sobremesa para rebajar una comida con los toques de excelencia de esta gastronomía de Formentera (pelota, pueden pensar, pues sí, pero con razón) que el otro día cenando en Madrid donde la Tasquita de Enfrente de mi amigo Juanjo en ese horario entre las 20 y las 22. Después de un menú (de los de en serio) y como íbamos andando hasta la calle de Alcalá a pernoctar, pedimos un gin tonic reparador. Pues desde que empezó esto del toque de queda han suprimido esta ‘medicina’ a la inglesa en los servicios…

Nuestra ‘presi’ conocedora de esta arma de ‘destrucción masiva’ contra el gin tonic ha conseguido imponer la sensatez a otros u otras que mandan más, que ese horario de ‘deme la cuenta’ y a casa se prolongue hasta las seis de la tarde con el fin de que lugareños, ibicencos y visitantes de más allá del ferri puedan reposar la comida con una buena charla y una copa (el que no conduzca) sin tener que atragantarte o mancharte porque te tropiezas con el hielo o el limón. ¡Resucita, gin tonic!

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