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Diario de Ibiza

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Crisis en Asia central

Rusia manda tropas para sofocar la revuelta en Kazajistán, que suma ya decenas de muertos

Manifestación por la subida de los precios de la energía en Kazajistán.

Explosiones y ráfagas de ametralladora podían escucharse entrada la noche en la plaza central de Alma-Ata, epicentro de las protestas que desde hace días han sacudido a Kazajistán. Ante el cariz que han adoptado los acontecimientos, el presidente Kassim Jovart Tokayev ha optado por pedir ayuda a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), una alianza militar encabezada por Rusia que agrupa a varias repúblicas exsoviéticas. En las últimas horas, las fuerzas de seguridad han disparado a matar, abatiendo a "decenas de manifestantes" que habían tomado al asalto edificios gubernamentales y sedes oficiales, tal y como ha admitido el portavoz de la policía de la ciudad, Saltanat Azirbek.

Rusia ha enviado durante las primeras horas del día a 3.000 paracaidistas que, según fuentes oficiales rusas, ya habían comenzado a cumplir "con su misión" en la nación centroasiática. Otros países pertenecientes a la OTSC como Bielorrusia, Armenia y algunas repúblicas de Asia Central también han despachado efectivos, aunque en menor cantidad. Para justificar el envío de tropas, el Kremlin ha aireado la existencia de una amenaza externa. "Vemos los sucesos ocurridos en este país amigo como un intento inspirado desde el exterior de socavar violentamente la seguridad y la estabilidad del Estado", se lee en un comunicado emitido por el Ministerio de Exteriores de Rusia.

Movimiento arriesgado

La participación de tropas rusas constituye "un movimiento arriesgado en un país donde existe un potente sentimiento de identidad nacional" y a buen seguro comportará "contrapartidas y cesiones a Rusia" por parte del Gobierno local, valora Nicolás de Pedro, investigador del think tank británico Institute for Statecraft y buen conocedor del país centroasiático al haber residido allí durante varios años. "Kazajistán mantenía como principal socio a Rusia, los gobernantes del país eran conscientes de que la geografía no permitía alternativas, pero a la vez hacía equilibrios y quería llevarse bien con Occidente; no había reconocido la anexión de Crimea", apunta De Pedro. "Todo ello cambiará" y el presidente Jovart Tokáyev se verá forzado a anclarse firmemente en el bando del Kremlin en su disputa con EEUU y la UE, augura el analista.

Según fuentes policiales, alrededor de dos millares de personas han sido detenidas desde el arranque de los disturbios. La Unión de Redes Comerciales de Kazajistán ha valorado en más de 24.000 millones de tengue (unos 56 millones de dólares) las pérdidas económicas ocasionadas por las movilizaciones. Pese a los desórdenes, la producción de uranio no se ha visto afectada por los desórdenes.

Las conexión del país a través de las redes sociales mediante internet ha sido interrumpida, dificultando la difusión de testimonios de lo que está sucediendo. "Hemos visto muertos", ha confesado una mujer a un periodista de AFP, declarándose "muy decepcionada" por la reacción del jefe del Estado contra unas movilizaciones que pedían el fin de la influencia política del expresidente Nursultán Nazarbáyev, que gobernó el país ininterrumpidamente desde la independencia durante casi tres décadas. Precisamente, la ausencia de informaciones sobre el exmandatario, quien ha sido desprovisto de su cargo de presidente del Consejo de Seguridad como medida para aplacar la ira de los manifestantes, intriga a los expertos.

Uno de los interrogantes que se plantean ahora los analistas es el efecto que tendrá la crisis kazaja en el pulso que mantiene Rusia con Occidente centrado en Ucrania. La próxima semana arrancan en Ginebra las conversaciones entre representantes de EEUU y Rusia para debatir las garantías de seguridad que el Kremlin exige a Washington y a sus aliados. "Si los enfrentamientos se prolongan, Moscú se verá obligada a combatir dos frentes de inestabilidad en sus fronteras, Ucrania y Kazajistán", constata De Pedro. "Si la revuelta es sofocada, se sentirá más inclinada a elevar sus exigencias, habida cuenta de que para el Kremlin, los problemas en Kazajistán proceden del exterior". concluye.

Nursultán Nazarbáyev, el expresidente de Kazajistán acusado por los manifestantes de haber amasado una fabulosa fortuna durante su longevo mandato, posee una lujosa finca en Lloret de Mar llamada Can Juncadella situada en una colina boscosa de su término municipal. Más que un chalet, se trata de una fortaleza fuertemente vigilada que ha originado numerosas disputas y encontronazos con los vecinos y lugareños. El terreno, de unas 20 hectáreas, estaba atravesado por un camino de ronda utilizado tradicionalmente por turistas y caminantes. Cuando la familia Nazarbáyev adquirió la propiedad, en 2007, cerró la ruta con una reja. Hace dos años, un juez español dio la razón a los ricos propietarios de la finca en el pleito que mantenía por este motivo con el ayuntamiento de Lloret de Mar.

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