Imaginario de Ibiza

La pirámide de ses feixes

En la Avinguda 8 d’Agost aguarda un nuevo edificio que sigue la forma de los viejos monumentos egipcios y mayas, aunque con materiales modernos. Parece que todo vale, con tal de aprovechar hasta el último palmo edificable de suelo urbano

El edificio piramidal.

El edificio piramidal. / X.P

La avaricia es la más desinteresada de las pasiones, ya que exige una abnegación, a veces de magnitud heroica. (Francisco Ayala)

La gran pirámide de Cholula, en México, es la de mayores dimensiones que existe en el mundo. Cada lado tiene 450 metros, el doble que la egipcia de Guiza. Se encuentra cubierta de tierra y vegetación en buena parte y la corona una iglesia católica, Nuestra Señora de los Remedios, que construyeron los conquistadores españoles a finales del siglo XVI. Comenzó a levantarse alrededor del 300 antes de Cristo, aunque, según algunos historiadores, los olmecas tardaron más de mil años en rematarla. Fue erigida en honor al dios Quetzalcóatl y bautizada Tlachihualtepetl, que, en náhuatl, el conjunto de lenguas indígenas que se hablaba en esta región, significa montaña hecha a mano.

En Ibiza también podemos presumir de tener una montaña de ladrillo, llamémosla pirámide, aunque su construcción es mucho más reciente. En la isla, con la fiebre especulativa que nos embarga desde hace medio siglo, hemos visto escalonar laderas de montes y acantilados, construir mamotretos junto a las bahías, levantar mansiones en las cimas de los montes y reconvertir hoteles avejentados en moles impensables con poco más que un permiso de reforma.

Sin embargo, casi nada ha acabado siendo derribado y desde luego nunca por una cuestión de de mal gusto. Cayó, en 1971, el hotel Insula Augusta, mastodonte de diez plantas construido por Abel Matutes en Platja d’en Bossa, porque interfería con las señales aéreas que los pilotos necesitan para aterrizar. El escándalo fue tan mayúsculo que culminó con su dimisión como alcalde de la ciudad. En 2009 también vimos el derrumbamiento de la casa del músico y productor Michael Cretu, en Corona, por ser una obra ilegal en territorio protegido. Y poco más que merezca la pena resaltarse.

Las razones estéticas nunca han pesado en estas decisiones y, si así fuera, no quedarían en pie la mitad de los edificios construidos en la isla. El estilo arquitectónico que, en general, se despliega, al menos en cuanto a grandes volúmenes, es realmente patético y ha contribuido sustancialmente a la sensación de desorden y caos urbanístico que impera en buena parte de las ciudades y pueblos de la isla.

A nuestra pirámide ibicenca la descubrí hace poco más de un año, al regresar de Denia en el ferry. En el último viaje de vuelta, realizado hace pocos días, ya pude verla terminada y habitada. Está situada en la Avinguda 8 d’Agost y es el primer edificio situado a continuación del enorme descampado que compone el humedal de ses Feixes de Talamanca, a la derecha de la calle, en dirección al centro.

Tal vez sea oportuno pedir disculpas por adelantado al gremio de los arquitectos, por el comentario anterior y porque igual alguno considera esta obra un ejemplo de cómo rentabilizar el espacio constructivo en grado sumo, ganando la máxima altura. La solución es construir una pirámide escalonada, a la manera de los olmecas, pero con materiales modernos.

A diferencia de las grandes construcciones egipcias y aztecas, los lados de su base son irregulares, al tener que adaptarse a la parcela, pero el más largo no tendrá más de 16 ó 17 metros. La planta baja, destinada a locales comerciales, aún está tapiada, pero las otras seis que la coronan, lucen cristal y acero, mientras se escalonan hacia el cielo. La más pequeña, la superior, debe poseer alrededor de ocho metros en su arista más ancha; es decir, la mitad de la base. En su interior debe albergar un minipiso, de lujo, eso sí. Los cactus de las esquinas de las terrazas y un tendedero plegable, en la quinta planta, denotan que sus viviendas ya están habitadas.