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Diario de Ibiza

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Entender + con la historia

Manual de momificación

Por un momento Egipto ha recuperado su esplendor faraónico, con el traslado de las momias al museo recién inaugurado en El Cairo. Pero ¿en qué consistía este proceso de embalsamado?

Traslado del sarcófago de Ramses IX.

Después de pasarnos una semana hablando del canal de Suez, Egipto volvió a ser noticia en 2021, pero por un motivo bien distinto: el traslado de 22 momias al nuevo Museo Nacional de la Civilización Egipcia. Hábilmente, las autoridades lo convirtieron en un evento de repercusión global para reforzar la imagen del país como un destino turístico de primer orden. Pocas cosas hay que fascinen tanto como las pirámides y las momias. Visto desde el siglo XXI, contemplar cadáveres vendados nos puede parecer una excentricidad. Sin embargo, detrás de aquel procedimiento se esconden un conjunto de creencias religiosas tanto o más complejas y profundas como las que pueden profesar actualmente cristianos o musulmanes.

En el Egipto antiguo el cuerpo era considerado la casa de Ka, una parte del alma del ser humano. Por lo tanto, si el cuerpo se corrompía, Ka no tenía lugar donde vivir y se perdía para siempre. Así pues, había que hacer lo imposible para que durara eternamente y por esta razón se momificaba.

Ahora bien, no era un proceso igual para todos. Una de las cosas que no ha variado a pesar del paso de los siglos es que quien tenía más dinero y poder recibía más atenciones. Obviamente a los faraones se les aplicaba el procedimiento más largo y laborioso, que duraba 70 días divididos en dos fases de 35 jornadas. La primera era la de secado. Primero se purificaba el cadáver y se retiraban las partes blandas. El cerebro para los egipcios no tenía ningún tipo de función y era extraído a través de las fosas nasales mediante un hierro ganchudo. En cambio los pulmones, el hígado, los intestinos y el estómago se momificaban de manera separada y se depositaban en unos recipientes expresamente diseñados para esta función llamados vasos canopos. El corazón, considerado la sede del pensamiento, se mantenía en su sitio y era pesado en una balanza por el dios Osiris. En el otro plato ponía la Pluma de la Verdad. Si la balanza se decantaba del lado de la pluma quería decir que el alma no era justa y era devorada por el monstruo Ammit. Desaparecía para siempre. Una vez eviscerado del cuerpo, había que deshidratarlo. Un proceso que se hacía aplicando natrón, un mineral carbonato originario del norte de El Cairo. El natrón se ponía dentro y fuera del cadáver y se iba renovando cada cuatro jornadas.

Un sarcófago decorado con pinturas, en el Cairo, en el 2005. | AFP

Los siguientes 35 días se destinaban a envolver el difunto con vendas que habían sido tratadas con sustancias aromáticas. Recientemente, la egiptóloga Sofie Schiødt al analizar el papiro Louvre-Carlsberg, que es uno de los pocos textos médicos conservados de la época, ha descubierto que contiene una serie de consejos sobre qué cuidados se tenían que dispensar al rostro del muerto durante la momificación. Se trataba de aplicar una pieza de lino rojo empapada con líquido donde había infusionadas diversas hierbas aromáticas. Esta solución, similar a la utilizada en el vendaje, tenía propiedades antibacterianas y retrasaba el proceso de putrefacción.

Día 68

Cuando se llegaba al día 68, el cuerpo se ponía en el ataúd y se decoraba con diferentes amuletos que le dieran buena suerte en el viaje hacia el Más Allá. En las tumbas de los más ricos también se encontró una copia del famoso Libro de los Muertos. Aquel texto, formado por oraciones y sortilegios, era una especie de guía con consejos para ayudar al difunto a llegar a su destino. El camino no lo hacía solo, lo acompañaba Anubis, la divinidad con cabeza de chacal. Era considerado el dios de la momificación y de los funerales, y por eso los sacerdotes que oficiaban la ceremonia llevaban su máscara.

A menudo se cree que los egipcios estaban obsesionados con la muerte y el Más Allá. No es cierto. De hecho, el oficio de embalsamador era mal visto hasta tal punto que los que lo practicaban eran considerados impuros y no se podían relacionar con nadie ajeno a su sector. La aspiración de los egipcios era vivir eternamente en las mejores condiciones posibles, por eso en las tumbas se encuentran todo tipo de objetos lujosos. La diferencia con la actualidad es que ahora se quiere que nuestra mejor vida sea la actual, sin esperar que Anubis nos lleve de viaje.

Figuras para el viaje al otro mundo

Las ‘ushebti’ eran pequeñas figuras funerarias de madera o cerámica que acompañaban al difunto en su viaje al otro mundo. Su función era sustituir a su propietario a la hora de hacer las tareas encargadas por los dioses y así ahorrarse el tener que trabajar. Huelga decir que cuanto más dinero tenía el muerto, más ‘ushebti’ se ponían en su tumba.

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