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Diario de Ibiza

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Diagnóstico de la pesca ilegal en Ibiza

Un informe de la Fundación Marilles destapa las prácticas del furtivismo en las islas, revela que en Ibiza puede haber entre veinte y treinta furtivos que viven de la pesca ilegal y denuncia la venta directa a segundas residencias y embarcaciones fondeadas

La pesca de arrastre también acumula infracciones.

Profesionales consultados con experiencia en vigilancia e inspección pesquera coinciden en la alta logística con la que trabajan y lo complicado que es detectarlos por falta de medios. Tienen controlados los horarios de los inspectores de pesca y de los guardas de las reservas marinas. Casi nunca van solos. Tienen escondites en la barca para esconder el pescado. También informadores en los puertos, para avisarse entre ellos si detectan inspectores. Repiten patrones, como aprovechar las noches de luna llena para facilitar la visibilidad. La facilidad con la que se pueden tirar las capturas cuando detectan la barca de inspección aumenta la impunidad. En la zona del Parque Nacional (PN) de Cabrera se han llegado a detectar barcas con equipos muy organizados». Es el análisis que puede leerse en el informe ‘La pesca ilegal en las islas Baleares. Diagnóstico y soluciones’, de la Fundación Marilles.

"Hay una venta tolerada que nadie se atreve a denunciar porque todo el mundo se conoce en estas islas"

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Este diagnóstico cifra en un centenar la cantidad de grandes furtivos que en Baleares «salen asiduamente al mar a capturas más cupo del permitido por salida (en el caso de pescadores recreativos) para venderlo después» y asegura que en algunos puntos del archipiélago «se sospecha que la flota pesquera de artes menores comercializa el 50 por ciento de sus capturas de manera ilegal». En Ibiza, en concreto, existen entre veinte y treinta furtivos que viven de esta actividad ilegal, algunos con antecedentes (es decir, que siguen dedicándose a la pesca ilegal a pesar de ya haber sido multados por ello). El director de Marilles, Aniol Esteban, subraya que hay que tener en cuenta que «este informe apunta y pone sobre la mesa el problema, pero aún tenemos una fotografía muy borrosa».

El informe se ha llevado a cabo con la información recogida por un consultor durante los meses de diciembre de 2020 a mayo de 2021 y los datos obtenidos con reuniones, entre mayo y noviembre de 2021, con representantes de los distintos sectores implicados (desde cofradías y asociaciones de pesca recreativa a inspectores, restaurantes y organizaciones conservacionistas). Y lo más destacable de él –también lo más exasperante– es que no revela nada que no se sospechara o supiese, así que tiene la virtud de abrir un debate que hasta ahora se ha silenciado.

Pescador recreativo pescando al atardecer. | CAT

Omertà balear

De hecho, impera en este sector delictivo una especie de ley del silencio no muy distinta a la omertà de la mafia italiana. En el estudio pueden leerse frases como las siguientes: «Hay miedo y muchos conflictos de intereses», «todo el mundo lo sabe, pero nadie denuncia».

«Hay una venta tolerada que nadie se atreve a denunciar porque las islas son pequeñas, todo el mundo se conoce y es incómodo... Pero si alguien compra regularmente pescado a alguien de su pueblo, o quizás no sabe de dónde sale ese pescado, estaría muy bien que dejara de hacerlo, porque está aliándose a una práctica ilegal que nos afecta a todos y beneficia a unos pocos». Así lo explicaba el biólogo Aniol Esteban en una entrevista en el programa Nautilus, de IB3 Ràdio. Añadía que «es muy frustrante saber que hay tanta gente que tiene esta información, que sabe cosas, y que esta información no fluya hacia los inspectores o los cuerpos de vigilancia que trabajan por la buena gestión de nuestros recursos». Con ello, la comunidad pierde dinero: «Si tenemos unos inspectores con una barca, que van a hacer una inspección, y les han dado una información equivocada, por ejemplo, es una pérdida de tiempo y de recursos».

De esta forma, acabar con la ley del silencio es imprescindible para luchar contra la pesca ilegal. Para contribuir a ello, Marilles propone en su informe la posibilidad de establecer un sistema de denuncia anónima.

Junto a la ley del silencio, otro de los factores que frenan la solución del problema es la escasa vigilancia y una s multas tan pequeñas que no resultan disuasorias. Para matizar este punto, Esteban recurre al caso ibicenco y explica que fue en Ibiza donde conocieron que algunos de los furtivos habituales eran hombres que ya habían sido multados por vender pescado ilegalmente y que no solo seguían haciéndolo porque la multa no les había supuesto ningún menoscabo sino que además lo contaban como una anécdota. «Lo interiorizan como un coste más de su actividad», señala el biólogo. «Hay que revisar el sistema sancionador». También hay que incrementar las inspecciones en los restaurantes.

Una ‘roja’, una de las especies objetivo de los furtivos. CAT

El pez invisible

No hay un único perfil del pescador furtivo, y hay muchos cómplices. Cómplices son todos los que callan, los restaurantes y particulares que compran y los consumidores que pueden sospechar que el pescado que consumen no tiene una procedencia clara. Desde la Fundación Marilles aconsejan a los clientes que pregunten sobre la procedencia de los productos que consumen.

Y respecto a los distintos perfiles de la pesca ilegal, por un lado, las infracciones más comunes entre los arrastreros –barcas de bou– son el exceso de la potencia de sus motores (más de los 500 cv permitidos) y la pesca en zonas prohibidas al arrastre. En cuanto a la flota de artes menores, se señala en el informe que «en la actualidad es el tipo de pesca profesional sobre el que existe una mayor preocupación respecto a la venta ilegal en negro». La cifras de capturas declaradas «son muy inferiores a lo que uno esperaría». Las estimaciones que ofrece Marilles elevan las capturas no declaradas por la flota profesional a una cifra que oscila entre el 30 y el 40 por ciento del total. La infracción se completa con la venta sin declarar de una parte del producto y la consiguiente falsificación de facturas en los restaurantes.

Por lo que respecta a la pesca recreativa –en barca, en costa o submarina–, hay que recordar que un pescador recreativo no puede vender lo que pesca. La pesca submarina clandestina –a menudo en las reservas marinas– cuenta con el agravante de ser la que directamente llega a grandes ejemplares de meros (anfós) o corvinas (corva). De hecho, en el Llibre Vermell dels Peixos de Balears se hace referencia a la tolerancia que históricamente se ha tenido con los pescadores submarinos: «la pesca submarina ha disfrutado de la simpatía popular por los éxitos deportivos internacionales de los pescadores isleños».

Sus objetivos son las especies de mayor valor, como la langosta

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Y tal comentario llega como explicación del declive de la corva; la pesca furtiva tiene una relación directa con la disminución de los grandes ejemplares, necesarios para garantizar la capacidad reproductiva de las especies. Por ello se aconseja a menudo a los buceadores que no identifiquen en sus fotografías el lugar en el que se ha localizado algún ejemplar notable; para evitar que algún pescador submarino vaya a por él. Se calcula que hay un centenar de furtivos habituales en este sector en todo Balears.

Las especies objetivo de los furtivos son, fundamentalmente, las que tienen un mayor valor económico, y puede añadirse a las ya citadas la roja (el cabracho), el dentón, el calamar y la langosta. Un portavoz del sector recreativo explicó durante la realización del estudio que en Ibiza «se han llegado a detectar capturas de cinco gallos de dos kilos cada uno».

«La pesca ilegal tiene una combinación de impactos y uno de ellos es el ecológico, porque todo lo que se pesca que no se detecta, que no se declara, es como un pez invisible que cuenta como si no se hubiese extraído del mar; no podemos gestionar sosteniblemente el recurso pesquero, la langosta o el que sea, si no tenemos buenos datos de cuánto pescado o cuánta langosta se extrae del mar», explica el director de la Fundación Marilles. Se sospecha que hasta siete de cada diez langostas que se sirven en los restaurantes de Menorca proceden de la pesca ilegal.

La Fundación Marilles ha identificado, asimismo, un perfil de pescador furtivo de subsistencia, relacionado en gran medida con la crisis derivada de la pandemia de covid.

El furtivismo se incrementa durante los meses de verano, cuando abren los restaurantes de primera línea de costa. Y también aquí, finalmente, hay un apunte especial para la isla de Ibiza, ya que la venta ilegal a particulares se ha detectado «en especial en segundas residencias de Ibiza» y «a embarcaciones fondeadas».

El ejemplo de Peix Nostrum

En el informe ‘La pesca ilegal en las islas Baleares’ se valora la experiencia de la certificación Peix Nostrum, la marca de las cofradías de pescadores de Vila y Sant Antoni. «Peix Nostrum etiqueta individualmente peces de gran volumen y permite identificar a los restaurantes que los venden. Desde que se ha puesto en marcha, ha incrementado el volumen de capturas que pasa por lonja porque los pescadores obtienen un valor añadido, reduciendo así el volumen de pescado que entra en el mercado ilegal», se destaca en el estudio, «pero para que sea efectivo, el consumidor debe conocer su existencia y solicitar en los restaurantes o establecimientos de compra los certificados de la cofradía». 

«Profesionales que quizás antes no declaraban el pescado, ahora ven un incentivo en declararlo porque le ponen la brida de Peix Nostrum y eso hace que se valore su producto y se puede vender mejor», añade Aniol Esteban, «es el ejemplo de por dónde hay que ir».

Además, las Pitiüses siguen avanzando en la transparencia, porque recientemente se ha aprobado el plan de gestión de la flota de artes menores que hará que las barcas que realizan esta actividad porten sobre sus cabinas las llamadas cajas verdes, que son geolocalizadores que permiten conocer dónde se encuentran faenando todas las embarcaciones en cada momento.

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