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Diario de Ibiza

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Coses nostres

La fortaleza sur de Jean

La torre de ses Portes, catalogada como Bien de Interés Cultural, se construyó a finales del XVI pero fue remodelada en el XVIII para formar parte del plan borbónico de fortificación del litoral.

El planeta Júpiter brilla sobrela torre de ses Portes.

Una de las notas que dan mayor belleza y poesía a los paisajes de España es la existencia de ruinas de castillos en muchos de sus puntos culminantes, todas las cuales, aparte de su extraordinario valor pintoresco, son evocación de la historia de nuestra Patria en sus épocas más gloriosas; y su prestigio se enriquece con las leyendas que en su torno ha tejido la fantasía popular». Así se inicia –con tan significativa terminología– el decreto de 22 de abril de 1949 sobre protección de los castillos españoles que sería la base, asimismo, para la protección de torres de defensa costera como la de ses Portes, en el extremo sur de Ibiza.

Su «valor pintoresco» es indudable y como «punto culminante» formó parte importante del sistema defensivo de la entrada de la isla –las puertas de Ibiza–, en combinación con la torre de s’Espalmador y cubriendo la defensa de es Freus.

Suele hacerse referencia a su construcción en el siglo XVIII –dentro del plan borbónico de fortificación del litoral que instauró la red defensiva que hoy conocemos– pero lo cierto es que la torre ya existía desde finales del XVI, concebida como torre colectiva de refugio. Entre sus muros se guarecían los pescadores, vecinos y trabajadores de la almadraba que estaba instalada en las ‘puertas’ de Ibiza, en algún lugar entre el escull d’en Terra, los escollos de es Caragoler y el islote de es Penjats, donde se hallan es Freu Petit y también sa seca de sa Barqueta, donde más de un barco ha ido a estrellarse.

Para su nueva fase de defensa se solicitaron tres cañones y dos torreros, pero lo cierto es que los peores años de la piratería en aguas mediterráneas habían acabado. Y acabaron también las «épocas más gloriosas» de las torres de defensa. Quedaron abandonadas durante siglos y ni siquiera el decreto de 1949, por el que se hacía responsable a los ayuntamientos de la protección del patrimonio defensivo, logró frenar el proceso.

La torre de ses Portes ya era un bien protegido cuando lo habitó su más famoso y duradero inquilino. Lo llamaban Jean de sa Torre, pero su verdadero nombre era Joan Noguera. Y aquí podría enlazarse ya con la parte del decreto que alude a «las leyendas que en su torno ha tejido la fantasía popular», porque la historia de Jean perdura plagada de relatos borrosos sobre su pasado conflictivo en Argel, donde su familia emigró cuando era un chaval. Historias de cárcel y fugas. Al regresar a Ibiza, Joan-Jean se instaló en la torre y allí, durante décadas, contaba sus historias a quien se acercara a escucharlas. Tras su muerte, a principios de los 80, Salinera Española reclamó la propiedad del Bien de Interés Cultural. La torre fue, posteriormente, restaurada, pero ha perdido ya elementos importantes de su construcción que habían conseguido llegar intactos al siglo XX, como la escalera de caracol del interior, que llevaba al piso superior y conducía hasta la garita del tejado.

DE JEAN AL XORIGUER

Durante décadas, la torre fue habitada, hasta su muerte, por un hombre al que conocían como Jean de la Torre. Hoy, en los huecos de los muros habitan cernícolas y gorriones

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