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Diario de Ibiza

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Memoria de la isla

Las primeras iglesias de Ibiza

Si el vencedor siempre elimina la memoria del vencido, en Ibiza se hizo con insólita eficacia. La conquista organizada por Jaume I

Antigua iglesia de l’Hospitalet. TONI POMAR

Con la conquista catalana de 1235, la mayoría de las voces árabes desaparecen del mapa. La recuperación que Marí Cardona nos deja de alquerías y rafals es impagable, pero hoy es sólo memoria documental y queda fuera del habla. Retenemos algunos nombres de lugar como Alcalà, Benimussa, Benirràs, Balansat, Jondal, Atzaró, Albarca, Balàfia y el precioso linaje Arabí de mi familia ibicenca, pero incluso els quartons cambian de nombre con la sola excepción del Portumany latino.

Estas notas tratan de dar alguna noticia de las primeras capillas –sería exagerado hablar de iglesias o templos- que se levantaron en fecha muy temprana tras la conquista de 1235, cosa lógica porque se trataba de devolver a la cristiandad una tierra ocupada por infieles. Cabe decir que, dadas las dimensiones de Madina Yâbisa, con triple recinto amurallado y una población significativa para su tiempo, lo más probable es que la ciudad tuviera dos o tres mezquitas, de las que desgraciadamente no queda rastro. Importó menos mejorar las condiciones de vida de la población que satisfacer sus supuestas necesidades religiosas, de aquí que el ‘Conveni’ previo a la conquista que firmaron Guillem de Montgrí, Pere de Portugal y Nunó Sanç, contemplara en primera cláusula «l’erecció i dotació d’una església parroquial per a glòria de Jesucrist i de la seua Mare la Verge María».

Ni cómo ni dónde

Marí Cardona comenta que la escritura que habla de esta primera parroquia no dice cómo era ni dónde estaba, pero da por supuesto que ya existía, y dado que cuando se da noticia de ella no había pasado tiempo suficiente para poder construirla de nueva planta, tuvo que tratarse de una mezquita que se habilitó como templo y que posiblemente estaba donde tenemos hoy la catedral. De este primer templo que con el tiempo sería nuestra iglesia mayor tenemos un conocimiento relativamente detallado, de manera que aquí nos limitaremos a recoger las escasas noticias que nos han llegado de las otras capillas que se hicieron. Seguir su rastro es en cierta manera asomarnos a los tiempos inmediatos a la conquista.

Es importante recordar que la llegada de los catalanes no supuso ninguna ventaja para las islas que, contrariamente, sufrieron un retroceso que duraría varias centurias. Guillem de Montgrí, Nuño Sanz y Pedro de Portugal, señores de la guerra, se repartieron la isla como si fuera un pastel y, amos de vidas y haciendas, -mientras Mallorca y Menorca entraban en una nueva era de ordenamiento y progreso-, practicaron en Ibiza un régimen estrictamente feudal: los eclesiásticos y militares sacaban tajada, las rentas volaban fuera de la isla y el pueblo llano se empobreció y sufrió epidemias que diezmaron una población que entre la ciudad y el campo no superaba los 3.000 habitantes. La situación llegó a ser en extremo precaria porque las murallas árabes eran una ruina y las razias berberiscas perpetraban continuos ataques que arramblaban con personas y bienes; todo ello explica las reiteradas peticiones de ayuda que los Jurados hacen al Rey.A pesar de todo ello, como era imprescindible dar salida a la sal, mantener las artes de pesca y activar el comercio marítimo que era prácticamente inexistente, enfrentando el peligro que suponía quedar fuera de las murallas, poco a poco fue cobrando vida la zona que quedaba extramuros, junto a los amarraderos de la bahía.

La Ibiza del siglo XIV

En los últimos años del s. XIV, al pie de la colina y junto al mar no existía más que una pequeña atarazana en la rinconada que hoy es el carrer de sa Drassana, unas barracas utilizadas como almacenes, algún taller y un cementerio, pero la necesidad empujaba y ya en el siglo XV se fueron conformado dos pequeños poblamientos: sobre el roquedo de levante, junto a la Torre del Mar, pescadores y marineros hacen habitación en lo que luego será el barrio de la Penya; y en paralelo, en el frontis de la ciudadela y en la misma orilla de la bahía, se va creando un segundo asentamiento de comerciantes y artesanos que dará lugar a la Marina, un poblamiento al que acuden también gentes del campo que buscan la proximidad y protección de la fortaleza. Estos pequeños burgos satisfacen sus necesidades religiosas en varias capillas. El año 1364 ya existía la capella de Sant Salvador en lo que hoy es el Museo Arqueológico. En el carrer Major, delante del pasaje que sube al carrer de la Soletat, estaba la capella de la Mare de Déu de l’Esperança (1577).Y un poco anterior, de1423, es la capella de l’Hospital de Pobres, dedicada a Santa María de Gràcia. (Derruido el hospital y la capilla, habrá que esperar hasta el 1708 para que se construya la nueva iglesia de l’Hospitalet que ya hemos conocido nosotros). Y por lo que se refiere a las capillas que quedaban fuera de la fortificación, tenemos en primer lugar, en el pla de Vila, la Mare de Déu de Jesús que, por lo que sabemos, ya existía el 1549.

Marí Cardona recoge noticias de la capilla de Santa Llúcia (1410), «situada al Puig aleshores anomenat d’en Vic i després de santa Llúcia», y nos habla también de la Mare de Déu dels Socors, de 1505, que «es trobava a les Pallises, a la banda de ponent del recinte de les murades, on inicialment hi havia la portella d’en Lledó, subsituïda pel Portal Nou». Estas capillas, Santa Llúcia y la Mare de Déu del Socors, fueron derruidas porque, situadas en altozanos, facilitaban el ataque a la fortaleza. De 1599 es la capella de sant Cristòfol y una última iglesia extramuros era Sant Elm, anterior a 1494, situada en el burgo de la Marina, junto al mar, donde tenían culto los marineros, calafates y carpinteros de ribera.

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