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Herbívoros: un peligro para la flora de los islotes

¿La vegetación endémica de los islotes pitiusos es capaz de soportar la presión de un rebaño de cabras o de un grupo de conejos hambrientos? Pues no, según sostiene el biólogo Miquel Capó Servera en la tesis doctoral ‘Preadaptación y vulnerabilidad de la vegetación de las islas Balears frente a la herbivo-ría de vertebrados no nativos’, que defendió este verano y por la que obtuvo un sobresaliente

Una ladera de es Vedrá antes (izquierda, en 2016) y después (derecha, 2017) de la primera reducción de cabras. | JOAN RITA

Miquel Capó, botánico, es un gran conocedor de los daños producidos por cabras y conejos en es Vedrà y en s’Espartar, casos que ha estudiado in situ (la última vez, la pasada primavera), tanto antes como después de que esos islotes fueran librados de la presencia de unos mamíferos domésticos que habían sido introducidos allí por el hombre.

Mapa de la localización de especies vegetales en s’Espartar antes de la erradicación de los conejos. En la parte superior, en color violeta claro, los únicos focos donde resistía la ‘Medicago citrina’, en los acantilados del norte. Luego se esparció por toda la isla. | J.A.RIERA

En la tesis doctoral ‘Preadaptación y vulnerabilidad de la vegetación de las islas Balears frente a la herbivoría de vertebrados no nativos’, Capó determina la capacidad de resistencia y tolerancia de la flora endémica, el efecto demográfico y reproductivo de los mamíferos herbívoros no autóctonos en poblaciones insulares de especies vegetales mediterráneas y la resiliencia de las comunidades vegetales microinsulares tras la erradicación de conejos y cabras. Una de las conclusiones generales es que los endemismos insulares están «parcialmente preadaptados a la herbivoría por mecanismos de fuga química (alcaloides, glucósidos o cumarinas) y resistencia anatómica (espinescencia: las hojas se transforman en espinas)», pero las plantas que carecen de esas estrategias no tienen más remedio que «refugiarse en acantilados y áreas inaccesibles para los herbívoros», como hizo la Medicago citrina en s’Espartar para ‘huir’ de los conejos. Colgada de sus paredes verticales, aguantó hasta que pudo recolonizar la isla.

Herbívoros: un peligro | J.M.L.R.

También confirma lo que ha quedado patente en es Vedrà tras la erradicación de rumiantes: «La cobertura de las comunidades de plantas microinsulares aumenta en el corto plazo cuando la población de cabras se reduce drásticamente. Especialmente, especies sabrosas como Withania frutescens y Diplotaxis ibicensis se recuperaron notablemente durante el seguimiento». La reducción de herbívoros en ese paraje, subraya Capó en su tesis, supuso «un aumento de la diversidad taxonómica y funcional de las zonas rocosas», particularmente «de la flora entomógama (polinizadas por insectos) y zoocorosa (dispersión de semillas por animales), que aumentó en áreas rocosas y pastizales».

Herbívoros: un peligro

Comprobó además lo ocurrido tras el fracaso de la primera eliminación de cabras: «A pesar de la recuperación a corto plazo de las comunidades vegetales, como el número de herbívoros aumentó pocos años después, la cobertura se redujo a valores iniciales». De ahí que considere que «la erradicación es la única estrategia para garantizar la estabilidad ecológica a largo plazo», parecer que comparte el biólogo Joan Rita, su mentor y el mayor conocedor de la flora de los islotes pitiusos y de cómo su vegetación endémica estuvo al borde de la desaparición por la presión ejercida por esos insaciables rumiantes.

Herbívoros: un peligro

En su tesis, Capó confirma que las comunidades vegetales en s’Espartar (en los islotes de Ponent) «aumentaron en cobertura total, riqueza vegetal y diversidad dos años después de la erradicación completa de los conejos». El paisaje en ese islote es totalmente distinto al que había cuando s’Espartar era una conejera, hasta el punto de que los científicos que ahora la visitan bromean sobre su nombre: ¿no debería rebautizarse Medicago citrina en vez de Espartar?, cuentan a modo de chiste. El doctor señala, en ese sentido, que la Medicago citrina «mostró una recuperación notable después de la erradicación de los conejos», de manera que «a partir de unos pocos individuos refugiados» en sus verticales acantilados ya «se ha establecido una densa población que cubre la mayor parte del islote». Antes apenas se veían plántulas. Ahora alcanzan en algunos lugares alturas de dos metros y conforman pequeños bosques, lo nunca visto allí en las últimas décadas.

O todas o nada

Capó cree que «la erradicación de conejos en los islotes es fundamental para la conservación de la vegetación microinsular y la flora en peligro de extinción». Porque la introducción de mamíferos herbívoros «afecta negativamente», especialmente a especies que evolucionaron en ausencia de mamíferos herbívoros nativos. Es más, considera que «los introducidos en las islas constituyen un grave problema para la conservación de la flora amenazada y los ecosistemas insulares en general, pues pueden provocar que especies indefensas reduzcan su área de distribución o incluso se extingan».

En cuanto a las cabras, no valen medias tintas: o se acaba con todas o nada. «La reducción -explica Capó- de la población caprina [en 2016] no fue suficiente para preservar las comunidades vegetales y los efectos negativos reaparecieron en 2019, coincidiendo con el aumento de la población de cabras», dado que no pudo ser totalmente eliminada en 2016: la medida fue paralizada por las denuncias de los animalistas. De 70 cabras antes de la intervención se pasó a sólo cuatro en 2016, que en poco tiempo se multiplicaron (o las multiplicaron) hasta ser 20. De ahí que «la erradicación absoluta de herbívoros introducidos -subraya- represente una estrategia única y eficiente para garantizar la restauración ecológica de los hábitats afectados en ecosistemas microinsulares». Joan Rita no se cansó de decirlo durante lustros: si no se eliminaban totalmente las cabras, es Vedrà se convertiría en un desierto. Se ha llegado a tiempo y la isla empieza a recuperar su esplendor.

En la tesis doctoral, Capó recuerda que la presencia de herbívoros introducidos (cabras o conejos) afecta a todo el ecosistema a través de procesos como depredación de especies vegetales, nitrificación y alteración de la composición del suelo, incluso interfieren en la reproducción de aves marinas, que ahora vuelven a nidificar hasta en los caminos de es Vedrà que antes pisoteaban incansablemente las cabras. También contribuyen «a la sustitución de especies endémicas nativas de las islas por taxones generalistas generalizados o incluso especies invasoras».

Tras la primera reducción caprina (de 2016), la cobertura vegetal de es Vedrà «cambió significativamente». Aumentó en áreas rocosas y pastizales «un año después» y se mantuvo al mismo nivel en los años siguientes en áreas rocosas, pero disminuyó levemente en los pastizales en 2019, cuando se recuperó el rebaño. Tres especies con una abundancia inicial superior al 10% se recuperaron significativamente tras la reducción del ganado: la Withania frutescens L. en hábitats rocosos, y la Diplotaxis ibicensis y la Trachynia distachya en los pastizales. «Sin embargo -advierte Capó-, la recuperación tanto de W. frutescens como de D. ibicensis se interrumpió en 2019, cuando la población de cabras aumentó hasta 20 individuos, lo que indica que la presión de la herbivoría estaba afectando nuevamente a las comunidades vegetales».

Las especies con alta palatabilidad (gustosas para los animales) aumentaron después de la reducción de la población de cabras, como sucedió con la Diplotaxis ibicensis: «También las especies de palatabilidad moderada aumentaron en los pastizales, mientras que las especies de palatabilidad baja crecieron en los matorrales». Además, las especies entomófilas se incrementaron «en todas las comunidades vegetales y las especies zoocorosas, en las zonas rocosas y pastizales».

Pero en 2019, tanto la presencia de D. ibicensis como de W. Frutescens se vieron «severamente afectadas porque eran más abundantes y apetecibles» que otras especies y, por tanto, «tenían una mayor probabilidad de ser elegidas por las cabras». Según explica Capó, la ventaja de la D. ibicensis, cuya abundancia en los años 80 «era mucho mayor antes de que se reintrodujeran las cabras» en los años 90, es su alta producción de semillas, que le permiten dispersar un gran semillero en un corto período de tiempo: «Por lo tanto, esta especie puede germinar rápidamente una vez se reducen los herbívoros y su cobertura aumenta notablemente en los pastizales», como así ha ocurrido. Las laderas de es Vedrá en la primavera de 2021 parecían pastos asturianos, y eso que acababan de ser erradicadas las cabras. Ya tras la reducción de 2016, su cobertura, entonces del 44%, pasó al 70% en 2018.

Capacidad de rebrotar

Observó Capó que la W. frutescens «es tolerante a la herbivoría y capaz de sobrevivir en áreas con alta densidad de cabras», de manera que cuando la presión de la herbivoría disminuye, «rebrota y aumenta su cobertura». Otras especies que eran abundantes en los años 80 (antes de que las cabras volvieran a colonizar el islote) y que se recuperaron lentamente tras la reducción de la población de rumiantes, fueron los endemismos Teucrium cossonii ssp. punicum y Santolina vedranensis: «De hecho, detectamos la reaparición de la primera especie en una parcela permanente en 2019, y la segunda resurgió en muchos sitios de la isla». Esta capacidad de rebrote sugiere, según el biólogo, que si bien estas especies son tolerantes a la herbivoría, «la alta densidad de cabras durante varios años afectó a las poblaciones de estas especies endémicas y limitó su presencia a fisuras en las rocas y acantilados a los que las cabras no podían acceder». Su capacidad para volver a crecer después de la presión herbívora «explica cómo ambas especies necesitaron menos tiempo para recuperarse que otras especies coexistentes no tolerantes». Estima, en ese sentido, que tanto el Teucrium cossonii como la Santolina vedranensis se extenderán por todo el islote a medio y largo plazo… si no se vuelven a introducir cabras en es Vedrà.

En cuanto a la Biscutella ebusitana, que es otra especie endémica presente en ese islote y que fue «altamente depredada» por las cabras, se mantuvo «aislada en áreas inaccesibles durante muchos años, pero se expandió tras la reducción de la población caprina». Capó confía en observar patrones similares en otras especies rupícolas, como la Silene hifacensis.

La recuperación de plantas con diferentes rasgos funcionales permitió al ecosistema, que casi colapsa cuando había cabras, «mejorar su función en interacciones como la polinización y la dispersión de semillas». De ahí que Capó insista en que la erradicación completa de las cabras asilvestradas «representa la única opción para preservar las comunidades vegetales naturales en ecosistemas microinsulares a largo plazo (…) Si los herbívoros no se erradican por completo, su impacto reaparece unos años después». Es preciso antes de que colapsen y se conviertan en eriales.

El estudio también se centra en el exitoso caso de la erradicación de conejos en s’Espartar, que curiosamente (y a pesar de la disneyzación del mundo animal que padece nuestra sociedad) no provocó entre los animalistas ninguna reacción antagónica. La conclusión a la que llega Miquel Capó es la misma que con las cabras: su erradicación «es fundamental para la conservación de la vegetación microinsular y la flora en peligro de extinción». Tras su eliminación total, los botánicos detectaron allí un aumento exponencial de Medicago citrina, de la que en 2019 contaron 2.322 individuos de más de 15 centímetros de altura y una gran cantidad de plántulas: «Esta población no solo se recuperó con éxito sino que también logró la mayor población conocida de esta planta». Lo nunca visto en décadas, un caso digno de estudio, uno de los mayores triunfos de los técnicos de la Reserva Natural de es Vedrà, es Vedranell y los Illots de Ponent. Allí hay ahora tantas Medicago citrina como «en el total de las poblaciones de esta especie en el resto del mar balear», donde hay registradas unas 2.500. El censo realizado entre 2004 y 2010 «registró menos de 10 individuos». Se ha multiplicado por 230 con sólo eliminar los conejos, que estaban desertificando partes del islote.

Al comienzo del estudio, en 2015, las plántulas de Medicago citrina sólo estaban presentes en una de las cinco parcelas creadas en s’Espartar para analizar el estado de la vegetación. Al año siguiente (2016) fue hallada en tres, y en 2017, en cuatro. El incremento «fue especialmente rápido» en las parcelas más cercanas al acantilado, donde, colgadas de esas ciclópeas paredes rocosas, casi verticales, se refugiaban de los conejos. Desde allí actuó como fuente de semillas para esparcirse al resto de la isla en cuanto dejó de haber conejos.

Y recoloniza rápidamente, señala Capó, especialmente en las áreas cercanas a los acantilados de la costa norte y la parte occidental. Pero curiosamente, aún no ha plantado sus raíces en la parte oriental del islote, que, a pesar de que incluye un hábitat potencial para la especie, está «completamente vacía». «Se desconoce -se indica en la tesis- el proceso de recolonización, pero la distribución de los individuos a lo largo del islote podría deberse a factores abióticos como el viento o la pendiente del terreno». Lo positivo fue que todas las comunidades de plantas, no sólo la Medicago citrina, han aumentado su cobertura vegetal. Hay ahora, tras borrar los conejos del mapa, más riqueza de especies y de diversidad.

De este caso, Capó plantea una hipótesis: «La M. citrina pudo tener una distribución más amplia en el pasado, pero la introducción de herbívoros restringió su área de distribución a los islotes que actúan como refugio. Además, esta restricción ecológica podría darse en otras especies endémicas de Balears, que actualmente viven en hábitats rupícolas o islotes sin mamíferos herbívoros». De hecho, recuerda, algunas plantas endémicas baleares recolonizaron los matorrales del islote de sa Dragonera tras la erradicación de las ratas, de manera que, «probablemente podrían colonizar otras zonas si se erradicaran los herbívoros».

dos islotes sin herbívoros. Una nueva era en es Vedrà y s’Espartar. 1 Arriba, Miquel Capó durante una visita científica que realizó a es Vedrà la pasada primavera. Allí comprobó cómo el islote volvía a ser un paraíso gracias a la eliminación de las cabras que dañaban la vegetación autóctona.

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