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Imaginario de Ibiza

El bosque de cal y piedra de es Puig de Missa

No existe transición eclesiástica tan atípica en la isla como la de es Puig de Missa

Había tenido que violar todos sus pactos con la muerte y revolcarse como un cerdo en el muladar de la gloria, para descubrir con casi cuarenta años de retraso los privilegios de la simplicidad. (Gabriel García Márquez).

Quien que haya atravesado la Puerta del Perdón, contemplado el Patio de los Naranjos y paseado bajo ese bosque de columnas de mármol, jaspe y granito, que sostienen una doble arquería bicolor -medio punto arriba, herradura abajo-, jamás podrá olvidar la sensación onírica e intensa, como de estar descubriendo los palacios de la luna. La mezquita de Córdoba, segunda en dimensiones tras La Meca, hasta que el sultán Ahmed ordenó la construcción de la Azul de Estambul, fue erigida en el siglo VIII por los descendientes de los Omeyas. Constituye uno de los monumentos más deslumbrantes de la herencia andalusí; una sinfonía en piedra y ladrillo que deslumbra por sus dimensiones, su arquitectura y sus yeserías.

Al viajero, sin embargo, a veces le ocurre como al personaje de García Márquez, que se emociona con idéntica vehemencia frente a la más compleja filigrana estructural que delante de una rústica y sencilla armazón, por la belleza inocente que proyecta. Cuando se contempla la austera elegancia de la floresta de columnas que sostiene el porche de la iglesia de Santa Eulària, se puede incluso concluir que este singular y atípico espacio arquitectónico contiene la esencia arcaica de edificios tan grandiosos como la mezquita de Córdoba. El arte superlativo sostenido por la primitiva artesanía.

Comparaciones aparte, no existe transición eclesiástica tan atípica en la isla como la de es Puig de Missa. El porche, en lugar de abrirse a una plaza situada a su mismo nivel, se aposta en lo alto del monte, precedido por una escalera. Ni tan siquiera se adhiere a la fachada el templo, sino a una terraza elevada y al ras que ejerce de limbo. Se accede a él por un arco lateral y su fachada principal, que apunta al antiguo museo de Laureà Barrau, ahora casa parroquial, y al monte cubierto de pinos coronado por la capilla de sa Creu d'en Ribas, solo exhibe un estrecho ventanuco.

En el interior, dos filas con tres arcos cada una, sostenidos por gruesas columnas de achatados capiteles, situados por debajo de quien los contempla, y redondeadas formas. En el Puig de Missa la arista afilada no tiene cabida y el porche no es una excepción. Encandila el resplandor de la cal, en contraste con la oscuridad y el matiz torrefacto de las gruesas traviesas de savina que sostienen vigas y tegell, de idéntico color, y la desgastada losa de piedra que cubre el suelo. La terraza elevada que precede el pórtico de la iglesia está pavimentada, sin embargo, de cantos rodados y queda unida al porche a través de dos escalones. Un banco de obra rodea todo el perímetro interior, salvo en los vanos, y junto al arco de entrada, una cisterna también encalada, con su pila de piedra viva. En el lado opuesto, otra puerta enlaza con el cementerio del Puig de Missa, el más insólito y con mejores vistas de la isla

Qué paradójico resulta que el porche de la más fortificada iglesia pitiusa, concebida para refugiarse de los corsarios musulmanes, posea tales reminiscencias nazaríes.

Una iglesia asediada

El primitiva capilla del Puig de Missa de Santa Eulària fue erigida a principios del siglo XIV y fue mutando con el paso de los años. En 1543, seis galeras de piratas turcos desembarcaron y provocaron una escabechina entre aquellos lugareños que no tuvieron tiempo de refugiarse en la torre que entonces existía junto a la iglesia. Aunque los corsarios no lograron atravesarla, el suceso estableció la necesidad de levantar un nuevo templo fortificado, que fue terminado en 1568. Aquella construcción ya incorporaba el baluarte macizo y semicircular adherido a la fachada del campanario, que diseñó el ingeniero Giovanni Batista Calvi, autor del primer proyecto de las murallas renacentistas de Vila, mientras se encontraba en la isla. El porche, sin embargo, fue incorporado en el siglo XVIII.

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