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Imaginario de ibiza

Las fuerzas telúricas de Cala Llentia

En Ibiza las fuerzas telúricas se concentran con una intensidad inusitada y uno de sus chakras planetarios, al menos por la cantidad de peregrinos que atrae, es la llanura de Cala Llentia

Cala Llentia, con es Vedrà al fondo.

Cala Llentia, con es Vedrà al fondo.

La superstición trae mala suerte.

(Umberto Eco).

La ironía que encierra esta frase redonda ilustra el sarcasmo que también podemos encontrar en 'El péndulo de Foucault', una de las más celebres novelas de Umberto Eco. Esta historia, en la que una serie de personajes pugnan por aprovechar el poder que emana de unas supuestas corrientes telúricas descubiertas en tiempos de los templarios y que fluyen bajo el manto de la tierra, constituye una broma colosal que ridiculiza las creencias esotéricas y la superchería, y desmonta el proceso con que se construyen las teorías de la conspiración.

De haber visitado Ibiza, el semiólogo italiano habría hallado la más inspiradora de las musas, pues no hay rincón Mediterráneo tan proclive a la banalidad espiritual, el orientalismo neohippy y la conexión narcótica con la madre tierra a través de delirantes rave. En Ibiza las fuerzas telúricas se concentran con una intensidad inusitada y uno de sus chakras planetarios, al menos por la cantidad de peregrinos que atrae, es la llanura de Cala Llentia, en las inmediaciones de Cala Codolar.

Allí aguarda Can Soleil, la extensa villa de Guy Laliberté, fundador del Circo del Sol y uno de los primeros turistas espaciales, pues en 2009 emprendió un viaje de doce días con rumbo a la estación espacial internacional, a bordo de la nave Soyuz TMA-16, que, según se dice, le transformó. Su propiedad contiene diversas viviendas y se halla rodeada por una tapia elevada, rodeada de cámaras de seguridad y protegida por vigilantes. Resulta extraordinariamente paradójico que alguien tan celoso de su intimidad financiara en 2014 una escultura gigante, creada por el famoso artista australiano Andrew Rogers y conocida como 'el Stonehenge de Ibiza', que atrae a numerosos turistas a diario.

Sin licencia

La escultura, en realidad bautizada como 'Tiempo y espacio', ocupa un soberbio paraje, frente al islote de es Vedrà, el más esotérico de cuantos rodean Ibiza, y fue instalada sin licencia ni autorización administrativa alguna. Sin embargo, ahí sigue. ¿Quién se atreve ahora a mover los trece monolitos que componen esta suerte de reloj solar, tallados de una pieza en piedra oscura de basalto? Doce forman un círculo y la última, de veinte metros de altura, se sitúa en el centro, coronada por una lámina de oro que se enciende al atardecer.

La presencia de esta escultura, por tanto, es tan contradictoria como la propia isla. Por un lado, constituye un atentado urbanístico. Por otro, un verdadero privilegio, pues las obras de Rogers están repartidas por todo el mundo y en ocasiones adquieren unas dimensiones tan colosales que incluso pueden avistarse desde la estratosfera. Todas forman parte de una colección denominada 'Ritmos de vida' y parecen concebidas para ser contempladas desde el cielo, por dioses o extraterrestres.

No es el único enclave dotado de cierta pátina de espiritualidad que aguarda en sa Plana de Cala Llentia. Cerca de los monolitos, entre la maraña de senderos terrosos que transitan entre sabinas y matas de romero, se erigen también las llamadas puertas de Cala Llentia o de Can Soleil, dos voluminosas entradas de madera enfrentadas a la intemperie y unidas por un mosaico que cubre el suelo. Las puertas ya han sido sustraídas pero estaban ricamente grabadas con caracteres árabes y una de ellas lucía una gigantesca mano de Fátima. Cuando ambas permanecían abiertas, podía contemplarse a través de ellas el islote de es Vedrà. Los marcos aún permanecen, pero la experiencia ya no es igual.

Estos dos estímulos místicos apagan, sin embargo, el mayor tesoro de la llanura: la propia Cala Llentia. Su orilla parece exenta de espiritualidad, pero concentra una naturaleza exuberante y una tranquilidad radical. La playa es difícilmente accesible, salvo descendiendo con mucha precaución por el precipicio, y su orilla minúscula es de piedras y grava, y suele acumular un lecho de posidonia. A veces aparecen por ella excursionistas en kayak o fondea alguna lancha, pero la mayoría de los días aguarda solitaria. A ras de mar el único rastro de civilización es un destartalado varadero en la retaguardia y otro medio excavado en la roca, en la pared este de la cala. La verdadera espiritualidad ibicenca la aporta la naturaleza.

El arco de piedra

Al igual que otros tramos de la costa insular, como Cala d'Albarca o la cercana Figuera Borda, Cala Llentia posee su propio arco de piedra. Está sostenido por el acantilado que cierra la cala por el lado oeste y, según la perspectiva, también compone un insólito marco para es Vedrà.

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