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Ha muerto a los 97 años

Yayoi Kusama y la moda: de Louis Vuitton a Uniqlo y X-girl, las colaboraciones que convirtieron sus lunares en objeto de deseo

Sus topos acabaron en museos, bolsos de ultralujo, camisetas, relojes y fachadas de medio mundo. La muerte de la artista japonesa deja huérfano uno de los universos más reconocibles del arte, la moda y la cultura pop

Retrato de Yayoi Kusama cortesía de Ota Fine Arts, Victoria Miro y David Zwirner.

Retrato de Yayoi Kusama cortesía de Ota Fine Arts, Victoria Miro y David Zwirner. / Foto: Yusuke Miyazaki

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Laura Estirado

Barcelona

Una peluca roja, una calabaza amarilla, una habitación que parece no terminar nunca y miles de lunares. Pocas artistas han construido un universo tan reconocible. Da igual que aparezca en la pared de un museo, en un bolso de Louis Vuitton o en una camiseta: basta un punto repetido hasta el infinito para saber que estamos en el mundo de Yayoi Kusama.

"Seguiré pintando hasta que muera", dijo en una entrevista en 2012. Y prácticamente así lo ha hecho. Este 27 de agosto ha trascendido la muerte de la artista japonesa, pero Kusama falleció en realidad el pasado 14 de agosto, en un hospital de Tokio, a los 97 años, según han comunicado el museo y la fundación que llevan su nombre.

"Al borrar el yo individual, uno regresa al universo infinito", explicó en otra ocasión. En esa frase cabe buena parte de su obra: la repetición, los espejos, las redes y los puntos que terminan devorando cuerpos, habitaciones y objetos. Nacida en Matsumoto en 1929, empezó a dibujar de niña las formas que decía ver en sus alucinaciones. En 1957 se marchó a Nueva York y se metió de lleno en la vanguardia: allí desarrolló sus 'Infinity Nets', organizó 'happenings' contra la guerra de Vietnam y creó en 1965 su primera 'Infinity Mirror Room'.

Pintura, escultura, 'performance', instalaciones, poesía, novelas. Kusama tocó prácticamente todos los palos y tardó décadas en recibir el reconocimiento masivo que hoy parece inseparable de su nombre. Sus habitaciones de espejos acabaron convertidas en fenómeno de Instagram y sus calabazas en iconos. Pero mucho antes ya había una artista empeñada en convertir sus obsesiones en lenguaje.

Y también en ropa.

(FILES) A video projection of "Song of a Manhattan Suicide Addict" by Japanese artist Yayoi Kusama is seen during the media preview of the exhibition "I would overcome death and go on living" at Yayoi Kusama Museum in Tokyo on October 16, 2024. Japanese avant-garde artist Yayoi Kusama, known as the "polka dot queen", has died aged 97, a statement from her company said on August 27, 2026. (Photo by Philip FONG / AFP) / RESTRICTED TO EDITORIAL USE - MANDATORY MENTION OF THE ARTIST UPON PUBLICATION - TO ILLUSTRATE THE EVENT AS SPECIFIED IN THE CAPTION. RESTRICTED TO EDITORIAL USE - MANDATORY MENTION OF THE ARTIST UPON PUBLICATION - TO ILLUSTRATE THE EVENT AS SPECIFIED IN THE CAPTION

Una proyección de video de 'Canción de un suicida de Manhattan' de la artista japonesa Yayoi Kusama, en su museo de Tokio, en 2024. / PHILIP FONG / AFP

Moda antes de las 'collabs'

Mucho antes de que las colaboraciones entre arte y moda fueran el pan nuestro de cada temporada, Kusama ya había entendido que el cuerpo podía ser otro lienzo. En 1968 creó Kusama Fashion Company Ltd. y sus diseños llegaron a venderse en Bloomingdale's. Lunares, transparencias y prendas experimentales trasladaban al armario el universo de su obra.

Por eso, cuando décadas después llamaron las grandes marcas, aquello no parecía un simple ejercicio de 'merchandising'. Si un punto podía conquistar una habitación, ¿por qué no un vestido, un bolso o una fachada?

Louis Vuitton, el gran flechazo

La colaboración que la convirtió también en fenómeno global de moda llegó con Louis Vuitton. Marc Jacobs había visitado a Kusama en Japón en 2006 y, seis años después, sus lunares invadieron bolsos, zapatos, vestidos, joyas y escaparates de la casa francesa. Era 2012 y la 'Kusamamanía' estaba servida.

Once años después llegó la segunda parte. En 2023, Louis Vuitton x Yayoi Kusama volvió a la carga con una colección todavía más excesiva: 'Painted Dots', 'Metal Dots', 'Infinity Dots' y flores psicodélicas sobre el Monogram, el 'prêt-à-porter', perfumes y baúles. Las fachadas se llenaron de puntos y esculturas gigantes de la artista; hasta la Torre Eiffel y el Tower Bridge quedaron cubiertos virtualmente por sus lunares mediante realidad aumentada.

Discreta Yayoi Kusama no era precisamente.

De Uniqlo al 'streetwear'

Entre un Vuitton y otro, Kusama demostró que sus puntos podían funcionar también a pie de calle. En 2014, Uniqlo incorporó su obra a la línea 'UT' con camisetas inspiradas en sus redes, ojos, puntos y mensajes como 'Love Forever'. Una forma bastante más democrática de llevarse un Kusama a casa.

Y en 2017 X-girl, junto a XLARGE, la llevó al terreno más 'street' con la colección 'My Eternal Soul': camisetas, chaquetas 'coach', gorras, bolsos y hasta un G-Shock de lunares rosas. Una alianza natural para una marca nacida de la cultura alternativa de los 90 y una artista que llevaba medio siglo haciendo de lo raro y lo psicodélico su territorio.

Mucho más que lunares

Reducir a Yayoi Kusama a sus puntos sería tan tentador como injusto. Detrás de esa imagen pop había una obra atravesada por el miedo, el deseo, la identidad, el sexo, el pacifismo y la desaparición del yo. También una mujer japonesa que se abrió paso en la escena neoyorquina de los 60, dominada por hombres, desapareció durante años del radar internacional y acabó regresando convertida en uno de los grandes nombres del arte contemporáneo.

La moda amplificó su iconografía, pero no la inventó. Sus colaboraciones funcionaron porque detrás de cada bolso salpicado de puntos había más de medio siglo de obra. Ella convirtió un simple lunar en algo casi infinito.

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Fuente: El Periódico

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