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Fútbol | Primera RFEF

Salvarse no puede ser suficiente para la UD Ibiza

La UD Ibiza cerró la permanencia tras vencer al Cartagena, pero cierra una temporada muy por debajo de las expectativas en las que un proyecto diseñado para pelear por ascender se ha tenido que conformar con no descender

Theo Valls, uno de los favoritos de la afición por su compromiso en el campo.

Theo Valls, uno de los favoritos de la afición por su compromiso en el campo. / UD Ibiza

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Jesús Rodríguez

Jesús Rodríguez

Ibiza

La UD Ibiza certificó de manera matemática su continuidad en Primera RFEF tras imponerse por 3-1 al FC Cartagena en el Palladium Can Misses. Un objetivo que, sobre el papel, puede parecer positivo, pero que en realidad representa el mínimo exigible para un club construido para luchar por metas mucho más ambiciosas.

Porque esta permanencia, celebrada con más alivio que satisfacción, no puede ocultar una temporada decepcionante de principio a fin. Un curso que arrancó el pasado mes de agosto con la ilusión intacta de pelear por el ascenso a Segunda División y que, a falta de una jornada para el cierre, deja a la entidad celeste lejos de los puestos de privilegio y obligada a hacer una profunda reflexión.

A estas alturas, la afición debería estar soñando con el regreso al fútbol profesional. De hecho, ese objetivo lo alcanzó este fin de semana el Eldense, que logró el ascenso directo tras derrotar al Atlético de Madrid B en un duelo dramático. De no haber conseguido la primera plaza, la UD Ibiza, por presupuesto, plantilla e infraestructura, al menos tendría que haber estado peleando por un ‘play-off’ al que el club ya se había acostumbrado en las dos temporadas anteriores.

Sin embargo, la campaña ha estado marcada por la irregularidad, la inestabilidad y una preocupante falta de acierto en los momentos decisivos. Paco Jémez fue destituido en octubre tras un inicio por debajo de las expectativas y en medio de una polémica que terminó por precipitar su salida. Su relevo, Miguel Álvarez, tampoco encontró la fórmula para dotar al equipo de la regularidad necesaria, pese a una importante reestructuración en el mercado invernal, en el que salieron jugadores de peso como Gallar, Fede Vico y Señé.

El equipo dio síntomas de reacción durante los meses de enero y febrero, pero cuando parecía que podía engancharse definitivamente a la lucha por el ‘play-off’, volvió a tropezar. La derrota en Can Misses frente al Marbella, en uno de los partidos más pobres del curso, supuso el golpe definitivo a unas aspiraciones que ya venían tambaleándose.

La sensación más frustrante es que la categoría no ha mostrado ningún rival claramente superior a la UD Ibiza. Nadie ha pasado por Can Misses exhibiendo una diferencia abismal. Todo lo contrario. En el estadio celeste cayeron equipos como el Sabadell y el Atlético de Madrid B, mientras que el Eldense, campeón del grupo, necesitó sufrir hasta el final para llevarse un ajustado 0-1 en una de sus escasas llegadas al área.

Incluso en el peor partido de la temporada, ante el Villarreal B, el conjunto ibicenco logró rescatar un empate sin goles. La conclusión es evidente: el problema no ha sido la superioridad de los rivales, sino la incapacidad del propio equipo para sostener un nivel competitivo constante.

Los números reflejan con crudeza esa realidad. La UD Ibiza ha marcado únicamente 42 goles en 37 jornadas y se ha quedado sin ver puerta en 17 partidos. Un dato impropio de un equipo confeccionado a golpe de talonario y con uno de los presupuestos más elevados de la categoría. En defensa, los registros han sido aceptables, con 35 tantos encajados, pero el rendimiento ofensivo ha condenado a un proyecto que nunca terminó de despegar.

El problema no ha sido únicamente futbolístico. Tampoco se ha encontrado estabilidad en las alineaciones ni se ha consolidado un bloque reconocible. Jugadores que comenzaron la temporada siendo determinantes desaparecieron con el paso de las jornadas, mientras que otros no ofrecieron el rendimiento esperado. La sensación de provisionalidad ha acompañado al equipo durante todo el curso.

La victoria ante el Cartagena sirve para evitar un susto mayor y para garantizar la continuidad en la categoría, pero no debe desviar la atención de lo verdaderamente importante. La UD Ibiza está obligada a analizar con honestidad todo lo sucedido y a tomar decisiones acertadas desde la dirección deportiva, el banquillo y la confección de la plantilla.

Porque salvarse no puede ser el objetivo de un club con esta estructura, este presupuesto y esta ambición. La permanencia es únicamente el punto de partida. El verdadero reto comienza ahora: aprender de los errores, corregir lo que no ha funcionado y construir un proyecto sólido que devuelva a la UD Ibiza al lugar que, por potencial y por exigencia, está obligada a ocupar. Segunda División.

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