Fútbol | Primera RFEF
La radiografía de una temporada para el olvido
El conjunto celeste encara el tramo final de liga muy lejos del objetivo en un curso en el que no han funcionado ni el cambio de entrenador ni la planificación deportiva

Varios jugadores celestes se lamentan en el último partido de la UD Ibiza en casa / J.A. Riera

La UD Ibiza llega a los últimos siete partidos de la temporada 2025-2026 con la misma sensación que ha acompañado al club desde el inicio: más sombras que luces, más dudas que certezas, y una evidencia clara de que la entidad no ha encontrado solución a su crisis deportiva. La campaña 25-26 entra en su tramo final, y los números no dejan lugar a dudas: ni la presidencia, ni la dirección deportiva ni el cuerpo técnico han dado con la tecla, y el equipo se mantiene en una mediocridad inédita en comparación con cursos recientes.
Para ponerlo en perspectiva, a estas alturas de la temporada, la UD Ibiza de la 24-25 contaba con nueve puntos más que este año. En la 23-24, bajo la dirección de Guillermo Fernández Romo (al que cesaron antes de que terminase la temporada), el equipo acumulaba 60 puntos, veinte más que en la actualidad en un grupo con equipos como Castellón, Córdoba o Málaga, todos ellos en la categoría de plata. Casi nada.
Incluso en Segunda División, en la 21-22, la plantilla llevaba tres puntos más que la actual temporada, pese a competir en una categoría más exigente. El curso 20-21, en el que el club ascendió a Segunda División, cerró con 40 puntos en 18 jornadas, y en la 19-20 los pitiusos finalizaron en segunda posición con 46 puntos en 28 jornadas (16 puntos más que este año con tres partidos menos disputados).
Con 40 puntos tras 31 jornadas, la UD Ibiza ocupa la decimotercera posición, apenas tres por encima del descenso, una situación que resulta impensable incluso para los aficionados más pesimistas al inicio del curso.
El equipo en el campo: falta de continuidad y gol
Donde primero hay que mirar es al césped. La UD Ibiza, incapaz de encadenar tres victorias consecutivas durante toda la temporada, ha mostrado una versión colectiva muy gris que se refleja en los números: es el octavo equipo que menos goles ha anotado (32 en 31 partidos) y el décimo que más ha encajado (30). Además, el equipo ha terminado 13 de 31 encuentros sin perforar la portería rival. En fútbol, sin gol, no hay paraíso.
El cuerpo técnico: de Jémez a Álvarez
El cambio de entrenador no ha sido la solución definitiva. Bajo Paco Jémez, cesado tras la jornada ocho, la UD Ibiza sumó 11 puntos de 24 posibles en ocho partidos (tres victorias, dos empates y tres derrotas), con un balance de ocho goles a favor y 11 en contra. Esto supone un promedio de 1,38 puntos por partido, una cifra ya insuficiente para un plantel con presupuesto y condiciones para luchar por los puestos de arriba.
Tras el partido ante el Murcia y la polémica por el cumpleaños de su hija, Amadeo Salvo decidió cesar a Jémez y apostar por Miguel Álvarez. Con el jienense al mando en 23 partidos, el equipo ha sumado 29 puntos de 69 posibles, con siete victorias, ocho empates y ocho derrotas, un promedio de 1,26 puntos por partido, ligeramente inferior al de su predecesor.
El resultado es un equipo que ha pasado de pelear por ascensos (incluso liderando el grupo 2 de Primera RFEF) a navegar en la zona media-baja de la Primera RFEF. La culpa es compartida: jugadores que no han estado a la altura pese a contar con las mejores condiciones deportivas y económicas, un nuevo cuerpo técnico que no ha revertido la situación y una dirección deportiva que tampoco ha dado la talla.
La dirección deportiva señalada
Uno de los principales señalados es el director deportivo, Javi Lara. El que fuera una leyenda celeste como jugador llegó a la dirección deportiva durante el cierre del mercado invernal de 2025, tras el cese de Juan Giménez, y los resultados no han sido los esperados por la parroquia ibicenca.
Lara, junto a Paco Jémez, fue el arquitecto del proyecto 25-26, que pretendía formar un equipo competitivo capaz de luchar por el ascenso en con 15 fichajes. De esos 15, siete fueron cesados en el mercado de invierno tras solo tres meses en la isla, incluyendo nombres de renombre como Fede Vico, Señé o Sofiane, al que el club le había firmado un contrato de tres años. A ellos se sumaron jugadores que pasaron con más pena que gloria como Santy Müler, Mounir, Ernesto Gómez o Tamir Glazer.
Además, el club dio salida a jugadores clave de las últimas temporadas, como Gallar, que se marchó a Lugo, y Javi Belman, que busca los minutos en Talavera que no tuvo en Ibiza. Estas decisiones reflejan que el trabajo del verano no estuvo bien hecho y dejan al descubierto la inexperiencia de Lara, cuya gestión ha sido sostenida por los recursos financieros del club.
En el capítulo de incorporaciones, la dirección deportiva apostó por perfiles contrastados y una mezcla de jugadores con experiencia y jóvenes con talento como Eslava, Max Svensson, Paradowski, Theo Valls, Izan Yurrieta, Kembo, Nsukula y Arnau Solà, fichajes que tampoco han logrado elevar al equipo al nivel esperado.
Aprender de los errores
El curso 25-26 ha sido, sin duda, un año para reflexionar y aprender. La UD Ibiza se ha pegado varios tiros en el pie y necesita convertir esta hecatombe en lecciones que eviten que errores de plantilla, cuerpo técnico y gestión se repitan en futuras campañas. A pesar de los siete partidos que quedan para asegurar la permanencia, la tarea más importante para el verano será analizar, corregir y aprender de un fatídico año que debería marcar un antes y un después en la gestión deportiva del club.
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