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Fútbol | Primera RFEF

La UD Ibiza no suma puntos, pero sí argumentos en Tarragona

Los celestes firmaron una gran segunda mitad en el Nou Estadi Costa Daurada, pero se marcharon sin premio pese a rozar el empate. La UD Ibiza finaliza la jornada en decimoquinta posición, igualada con el Torremolinos, que marca los puestos de descenso

Theo Valls salta al césped del Nou Estadi Costa Daurada

Theo Valls salta al césped del Nou Estadi Costa Daurada / UD Ibiza

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Jesús Rodríguez

Jesús Rodríguez

Ibiza

El fútbol se vive en caliente, pero se entiende en frío. Y con la resaca ya asentada del partido en Tarragona, el partido de la UD Ibiza ante el Nàstic admite una lectura mucho más profunda que el simple 1-0 en contra que refleja el marcador. Porque no todas las derrotas dejan la misma huella ni transmiten las mismas sensaciones. Y la del Nou Estadi Costa Daurada, pese al dolor lógico por el resultado, deja un poso que invita a la reflexión y, por qué no decirlo, a una prudente esperanza.

La UD Ibiza llegaba a Tarragona con el objetivo de encadenar su tercer triunfo seguido y dar un golpe sobre la mesa en una clasificación tan comprimida como traicionera. Ganar suponía alejarse definitivamente de los puestos de descenso y mirar hacia arriba con otros ojos. Pero el contexto no era sencillo. Enfrente estaba uno de los transatlánticos de la categoría, un Nàstic de Tarragona herido, con cuatro derrotas consecutivas, urgido por la necesidad y con el ambiente del Nou Estadi preparado para una final anticipada.

Ese escenario condicionó el arranque del partido. El equipo de Miguel Álvarez optó por una puesta en escena prudente, replegado, cediendo iniciativa y balón a un rival que necesitaba mandar y sentirse dominante. Los celestes se mostraron sólidos atrás, pero sin capacidad para hacerse con la pelota ni para conectar con sus hombres de talento en campo contrario. La primera mitad fue espesa, con poco ritmo y pocas ocasiones, pero con los catalanes llevando el peso del encuentro ante una UD Ibiza incómoda y sin continuidad en su juego.

Sin hacer demasiado, los locales encontraron premio en una acción desafortunada. Un despeje de Ramón Juan rebotó en el cuerpo de Jardí y acabó introduciéndose en la portería ibicenca. Un golpe duro, de esos que castigan más de lo que explican, y que obligaba a remar a contracorriente en un escenario nada sencillo.

La primera parte dejó poco para el optimismo, pero también una sensación clara: el partido estaba abierto y el resultado era demasiado corto para lo poco que se había visto. Y ahí apareció la otra cara del equipo tras el paso por vestuarios.

Los insulares regresaron al césped con una actitud completamente distinta. Más alta, más agresiva, más valiente. El equipo dio un paso adelante, ajustó líneas y comenzó a jugar en campo rival. El balón empezó a circular con sentido, fluidez y velocidad y, sobre todo, apareció una figura clave: Fran Castillo. El ‘mago’ asumió galones, pidió la pelota y comenzó a encontrar espacios donde antes solo había ruido. A partir de él, el equipo ganó claridad y presencia ofensiva.

Las ocasiones no tardaron en llegar. Bebé probó fortuna desde dentro del área, Sergio Díez se sumó al ataque y Svensson aportó energía y desmarques desde el banquillo. La UD Ibiza empujó, arrinconó al Nàstic y le obligó a defenderse en bloque bajo durante muchos minutos. Fue entonces cuando emergió la figura de Rebollo, decisivo para sostener a los suyos con varias intervenciones de mérito que terminaron siendo determinantes.

El partido entró en un tramo final de acoso y derribo. Los celestes lo intentaron de todas las maneras posibles, con centros, segundas jugadas y llegadas desde segunda línea. Fran Castillo tuvo el empate en sus botas, pero su disparo lo sacó a bocajarro Montalvo, Bebé se topó con el larguero en el descuento y Svensson rozó el gol en una acción que pudo cambiar el signo del encuentro tras un pase imposible de Castillo con el tacón. Pero el fútbol, tantas veces caprichoso, fue cruel con un equipo que hizo méritos suficientes para, al menos, sumar un punto.

Más allá del resultado, el encuentro dejó lecturas interesantes. El debut como titular de Theo Valls aportó equilibrio y personalidad en el centro del campo, Nsukula volvió a dejar destellos de jugador diferencial en los minutos de los que dispuso y Kembo cumplió con solvencia en una posición que no es la suya. El equipo mostró capacidad de reacción, carácter y una idea clara de lo que quiere ser.

Eso sí, la UD Ibiza sigue teniendo una asignatura pendiente que le está penalizando durante toda la temporada: la falta de anotación. Las ocasiones llegan, el juego fluye por momentos, pero el acierto sigue siendo esquivo. La ausencia de Davo, en racha en las últimas jornadas, se notó y Sofiane continúa sin encontrar el camino pese a su trabajo constante. A ello se suma la baja de Eslava, un delantero al que se le caen los goles y que aún no ha podido debutar por problemas en su tobillo.

La realidad es la que es y la clasificación no entiende de sensaciones. La situación sigue siendo delicada, el margen de error es mínimo y cada jornada cuenta como una final. Pero también es cierto que el equipo dejó en Tarragona señales claras de vida. Señales de que hay mimbres, de que el mensaje del entrenador cala y de que, compitiendo como en la segunda mitad del Nou Estadi, los ibicencos ganarán más partidos de los que perderán.

Caer duele, siempre. Pero hay maneras de hacerlo. Y si hay que perder, que sea dejando esta imagen, esta respuesta y esta sensación de equipo vivo. Sin dramatizar, sin esconder la realidad, pero con la convicción de que este es el camino. Porque en una categoría tan exigente como la Primera RFEF, solo sobreviven los que creen, los que compiten y los que no bajan los brazos. Y la UD Ibiza, en Tarragona, demostró que sigue muy viva.

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