Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Fútbol | Primera RFEF

La afición de la UD Ibiza dice basta

1.063 espectadores acudieron a la derrota de la UD Ibiza ante el Eldense, la peor entrada de la temporada. El club, lejos de intentar cambiar esta dinámica, no ha realizado ninguna iniciativa para acercarse a la afición

El aspecto que presentó la grada del Palladium Can Misses ante el Eldense. | VICENT MARÍ

El aspecto que presentó la grada del Palladium Can Misses ante el Eldense. | VICENT MARÍ

Jesús Rodríguez

Jesús Rodríguez

Ibiza

La UD Ibiza vivió el pasado fin de semana ante el Eldense una de esas tardes que dejan cicatriz y que son una muestra de que ha tocado fondo. No tanto por lo sucedido sobre el césped (que también), sino por lo que reflejaron las gradas. Solo 1.063 espectadores acudieron al Palladium Can Misses, la peor entrada del estadio desde la temporada 2022/23, la del doloroso descenso a Primera RFEF. Un dato que no es anecdótico ni casual, sino el síntoma más evidente del profundo desgaste emocional que atraviesa la parroquia celeste.

Para encontrar una cifra similar hay que remontarse hasta la jornada 41 del curso del descenso, en el duelo ante el Zaragoza, al que asistieron 1.211 personas. Entonces, el proyecto se desmoronaba. Hoy, casi tres años después, el escenario es preocupantemente parecido. La UD Ibiza ocupa los puestos de descenso a Segunda RFEF, es decimosexta con 20 puntos, a dos de la permanencia, con una plantilla descompensada, un discurso que no termina de calar y un club que parece haber perdido el pulso de su gente. La ilusión, simplemente, ha desfallecido.

Lo más preocupante es que el problema ya no se limita a lo deportivo. El equipo compite mal, sufre y no transmite fiabilidad, pero el distanciamiento social es aún más alarmante. El Palladium Can Misses, que durante años fue un estadio vivo, ruidoso y comprometido, se ha convertido en un recinto frío, con demasiados asientos vacíos y una sensación generalizada de desencanto y resignación.

La caída de asistencia a lo largo de la temporada lo explica todo. En la primera jornada, 2.219 personas acudieron al debut ante el Hércules, un partido que todavía despertaba ilusión y esperanza. Frente al Antequera, la cifra cayó hasta 1.752, casi medio millar menos y que fue un preludio de lo que estaba por llegar. Ante el Nàstic de Tarragona, 1.722 espectadores presenciaron la derrota por 0-2, el último partido de Paco Jémez en casa a los mandos del barco pitiuso. Con la llegada de Miguel Álvarez, la tendencia no cambió: 1.714 ante el Teruel, 1.452 frente al Betis B y un pequeño repunte ante el Europa (1.719).

La victoria por 3-0 contra el Algeciras congregó a 1.410 personas, pero fue un oasis engañoso. El estreno de 2026 terminó por confirmar la ruptura: 1.063 espectadores para un partido, a priori, atractivo, ante un Eldense recién descendido de Segunda División. Un dato que retrata el momento exacto en el que la afición ha decidido decir basta.

Y, sin embargo, la memoria reciente demuestra que Ibiza responde cuando el equipo lo merece. En la primera mitad de 2025, 1.766 aficionados acudieron ante el Mérida, 2.943 frente al Antequera, 2.517 contra el Atlético Sanluqueño, 3.473 ante el Yeclano, 3.005 frente al Intercity y 3.519 ante el Real Madrid Castilla. Incluso encuentros menos llamativos superaron los 2.000 espectadores (Sevilla Atlético, Fuenlabrada o Ceuta), y la eliminatoria del play-off de ascenso ante el Andorra reunió a 4.523 personas en Can Misses. La conclusión es tan clara como incómoda: la gente está cuando el equipo le da motivos para confiar.

Pero hoy no cree. Y el club tampoco ayuda a revertir la situación. Lejos de realizar autocrítica o tratar de reenganchar a su masa social, la UD Ibiza ha optado por el silencio institucional. Durante las vacaciones navideñas no se organizó ningún entrenamiento a puerta abierta, ninguna actividad con niños, ninguna iniciativa que acercase al equipo a una afición necesitada de cariño. Incluso el partido ante la Peña Deportiva se disputó a puerta cerrada, en pleno periodo vacacional, una decisión difícil de explicar desde cualquier prisma social y que ha sido muy criticada.

Quedaron muy lejos aquellas semanas en las que los jugadores acudían a actos con las peñas, una iniciativa que se presentó como el inicio de una relación estable y que quedó reducida a tres apariciones puntuales, sin continuidad ni verdadero compromiso. Hoy, la sensación generalizada es que el club vive de espaldas a su entorno, desconectado de una afición que ya ha soportado demasiadas decepciones.

La UD Ibiza se vacía poco a poco. En la clasificación, en el césped y en la grada. Cada asiento libre es un mensaje, cada ausencia una advertencia. El problema ya no es solo salvar la categoría, sino reconstruir un vínculo roto. Porque sin la gente, sin el calor de Can Misses, cualquier objetivo deportivo se convierte en una quimera.

La pelota sigue rodando, pero el silencio en las gradas es cada vez más atronador. Y la UD Ibiza haría bien en escucharlo antes de que sea demasiado tarde.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents