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UD Ibiza: Miguel Álvarez protege a su plantilla tras el nuevo fiasco en la Copa del Rey

«Los jugadores están decepcionados porque quieren hacer cosas y no les salen. Tienen un lastre emocional y eso es lo que tenemos que trabajar», aseguró

Miguel Álvarez en la sala de prensa de Quintanar.

Miguel Álvarez en la sala de prensa de Quintanar. / UD Ibiza

Rubén J. Palomo

Rubén J. Palomo

Ibiza

La UD Ibiza volvió a caer eliminada en la primera ronda de la Copa del Rey, esta vez ante el Quintanar del Rey, colista de su grupo en Segunda RFEF, en una noche que destapó de nuevo todas las carencias de un equipo sin rumbo ni identidad. Tras el pobre empate (1-1) y una tanda de penaltis fatídica, el cuadro celeste certificó una eliminación que duele por el rival, por la imagen y por la sensación de déjà vu.

Sin embargo, en la sala de prensa, Miguel Álvarez optó por un discurso de protección hacia sus jugadores, evitando la autocrítica profunda que muchos esperaban. Para el técnico, el contexto y la dificultad del duelo explican buena parte de lo sucedido.

«Uno sabe siempre el contexto que se va a encontrar. Aunque sea un equipo de inferior categoría, todo lo iguala el factor campo y superficie. Son partidos muy difíciles cuando enfrentas a chicos que van al 200%», defendió. «Hemos empezado muy bien, pero nos han pitado un penalti enseguida y el equipo ha bajado un poco. Luego nos hemos rehecho».

El entrenador valoró positivamente algunos aspectos pese al desenlace:

«Hemos mejorado defensivamente, apenas nos han hecho ocasiones. En transiciones, prácticamente nada. Pero nos queda muchísimo trabajo por delante».

Rotaciones y paciencia

Álvarez apostó por dar minutos a los menos habituales, pero la respuesta del equipo dejó dudas. Aun así, el técnico quiso poner el foco en la necesidad de paciencia con los futbolistas que gozaron de su primera titularidad.

«Son chicos que necesitan ritmo. Les falta superficie, ritmo de partido… Era el mejor equipo para jugar aquí y los hemos sacado. Si hemos perdido, no es culpa de ellos, ni mucho menos».

Un mensaje que contrasta con la realidad: ante un rival semiprofesional, último en su grupo, la UD Ibiza volvió a mostrar falta de carácter y ambición. El Quintanar superó al Ibiza en ilusión, empuje y convicción.

Aspecto emocional y falta de confianza

Más allá del juego, el técnico apuntó directamente al componente mental como el mayor problema actual del equipo.

«Cuando las cosas no te salen, emocionalmente te frustra muchísimo», lamentó. «Necesitamos un golpe de autoestima que nos lo dé un buen resultado. Hoy empezamos bien, pero nos castiga un penalti otra vez. Llevamos dos partidos, dos goles, los dos de penalti».

El vestuario, como reconoció, terminó hundido:

«Los jugadores están decepcionados porque quieren hacer cosas y no les salen. Tienen un lastre emocional y eso es lo que tenemos que trabajar».

Sobre el penalti y el desarrollo final

Aunque evitaron excusas explícitas, las palabras del entrenador dejaron entrever cierta queja soterrada sobre la acción que dio el empate a los locales:

«Ha pitado lo que ha visto. Si me quejo parece que soy un mal perdedor. Además, tuvimos ocasiones muy claras y no las metimos. En un penalti no voy a decir nada».

Pese a haber dominado fases del encuentro, la UD Ibiza volvió a naufragar en lo emocional y futbolístico. Ni las rotaciones aportaron energía ni los jugadores importantes lograron cambiar el signo del partido. En la prórroga, el equipo terminó arrinconado y superado.

Una eliminación que pesa como una losa

Tres temporadas consecutivas cayendo en la primera ronda. Tres avisos muy serios para un club que habla de proyecto, ambición y crecimiento, pero que vuelve a exhibir falta de carácter en los momentos que exigen orgullo y jerarquía.

El Quintanar celebró su gesta; el Ibiza volvió a mirar al suelo. Y ahora, más que una eliminación, el equipo arrastra dudas profundas. Futbolísticas y emocionales.

Miguel Álvarez pide calma y fe en el trabajo. La afición, sin embargo, empieza a impacientarse. Y con razón: la Copa, una vez más, se fue demasiado pronto… y dejando una imagen difícil de justificar.

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