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Hablan desde la cárcel los padres de la "casa de los horrores" de Oviedo: "Estamos rotos sin nuestros hijos"

"Confían en que el tribunal valore que no hubo delito y que fue un asunto que precisaba de los servicios sociales", dice el abogado de la madre

Javier Muñoz y Elena González, los abogados del matrimonio.

Javier Muñoz y Elena González, los abogados del matrimonio. / Irma Collín / LNE

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Félix Vallina

Mientras esperan que salga la sentencia que va a marcar para siempre sus vidas, los padres del caso bautizado como la "casa de los horrores" de Oviedo no se quitan de la cabeza a sus hijos. Llevan un año entre rejas, preventivos desde que salió a la luz que los pequeños llevaban casi cuatro aislados en un chalé de Fitoria porque el matrimonio tenía un miedo patológico a las enfermedades a raíz del Covid y pensaban que así protegían a los menores, dos gemelos que por entonces tenían ocho años y su hermano de diez. Sus abogados aseguran que todavía no se explican por qué están en la cárcel y que cada vez que se comunican con ellos no paran de repetir la misma frase: "Estamos rotos sin nuestros hijos, sólo queremos estar con los niños".

El letrado que defiende a la madre de los pequeños, el madrileño Javier Muñoz, asegura que los dos miembros del matrimonio –un alemán de 53 años y una estadounidense de 48– "están atravesando un momento muy duro" al verse encerrados en la cárcel de Asturias y sin apenas comunicarse con sus hijos, que están tutelados por la consejería de Derechos Sociales y Bienestar desde que se les retiró la patria potestad. Actualmente sólo hablan con ellos por teléfono una vez a la semana. "A pesar de todo lo que están pasando mantienen plena confianza en la justicia y en el trabajo de su defensa. Respetan el procedimiento judicial y esperan que los hechos se aclaren cuanto antes", dice Muñoz. "Confian en que, cuando el tribunal valore todo lo sucedido de forma objetiva, se demostrará que no ha habido delitos, sino una situación familiar complicada que precisaba de la ayuda de los servicios sociales. Están convencidos de que la justicia actuará correctamente", recalca el letrado.

El caso es que, como dice el abogado de la mujer, "la sentencia está a punto de caer". El juicio contra los padres de los pequeños finalizó el pasado 19 de marzo tras cuatro intensas sesiones en la Audiencia Provincial. Según la versión policial que marcó el inicio de la investigación, los menores habrían permanecido durante años completamente apartados del exterior en unas condiciones de aislamiento extremo dentro de la vivienda familiar de Fitoria, rodeados de basura y durmiendo en cunas de bebé a a pesar de su edad, entre otras cosas. Los agentes describieron entonces una casa hermética, con las persianas permanentemente bajadas y sin apenas contacto con el mundo exterior. Aquella primera imagen del caso, reforzada por las fotografías tomadas durante el operativo y por el relato de los investigadores, provocó una enorme conmoción social y llevó a que el episodio fuese bautizado rápidamente como la "casa de los horrores". Sin embargo, el desarrollo posterior del juicio y las pruebas practicadas en sala han ido introduciendo muchos más matices en una historia bastante más compleja de lo que reflejaban los primeros titulares.

La Fiscalía mantiene intacta su acusación y considera que el matrimonio cometió un delito continuado de violencia psíquica habitual en el ámbito familiar y tres delitos de detención ilegal sobre sus propios hijos. Por ello solicita para ambos penas que superan los 25 años de prisión, además de indemnizaciones de 30.000 euros para cada uno de los menores por los daños morales sufridos.

Pero durante las sesiones celebradas en la Audiencia fueron apareciendo elementos que reforzaron claramente la estrategia de las defensas. Los especialistas que comparecieron ante el tribunal –psiquiatras, psicólogos y el médico forense– coincidieron en varios puntos relevantes: no aprecian trastornos mentales graves en los padres ni tampoco indicios de maltrato físico en los niños. Lo que sí detectan es un importante retraso social y educativo derivado de haber vivido durante años prácticamente aislados y sin escolarización reglada.

Miedo obsesivo

El médico forense de la Audiencia, José Antonio Sánchez Moro, explicó además que los menores presentan un buen estado físico general y que su integración social desde que quedaron bajo tutela del Principado está evolucionando favorablemente. Según trasladó al tribunal, los pequeños conservan un fuerte vínculo afectivo con sus padres y verbalizan que los echan de menos y que les gustaría volver a convivir con ellos. Buena parte de los expertos sitúan el origen de todo en el miedo obsesivo que el matrimonio desarrolló hacia las enfermedades después de la pandemia. Según esa interpretación, ambos habrían sufrido Covid en varias ocasiones y arrastraban una preocupación extrema por cualquier posible contagio, hasta el punto de convertir el aislamiento familiar en una especie de autoconfinamiento permanente.

Sobre esa idea pivotó gran parte de la defensa de los acusados. Sus abogados sostienen que nunca existió voluntad de hacer daño a los niños ni intención criminal alguna, sino una situación familiar desbordada por un temor irracional. Admiten que el aislamiento tuvo consecuencias negativas en el desarrollo de los menores, pero consideran que el asunto debería haberse tratado desde el ámbito social y asistencial y no desde la vía penal. También recuerdan que ni el entorno ni las instituciones detectaron a tiempo lo que estaba ocurriendo.

La investigación arrancó después de que varios vecinos de Fitoria alertaran de que en aquel chalé podían vivir niños a los que jamás veían salir. Algunas veces escuchaban voces o intuían movimientos tras las ventanas, pero nunca los habían visto acudir al colegio ni jugar fuera de la vivienda. La justicia decidirá el futuro de esta familia.

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