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Juicios

Una víctima de violencia machista: "Me pegó ante mis hijas, abusó de mí y amenazó con matarme"

Su expareja y padre de sus dos hijas se enfrenta a 12 años de cárcel por violencia machista

Imagen del procesado, sentado en el banquillo. Bigné

Un vecino de la Vall d’Uixó (Castellón), que responde a las iniciales J.M.P., se sentó el lunes en el banquillo de los acusados para enfrentarse a 12 años y nueve meses de prisión por dos delitos de maltrato, uno de abuso sexual y otro de amenazas por unos hechos que sucedieron, presuntamente, entre 2017 y 2020. La víctima es su expareja y madre de sus dos hijas, quien lo acusó de golpearla, insultarla, realizarle tocamientos en contra de su voluntad y amenazarla de muerte.

"No denuncié hasta un tiempo después porque tenía miedo de lo que él pudiera hacernos a mis hijas o a mí", reveló la denunciante, que declaró tras un parabán. Durante su declaración, recordó que el procesado la cogió "por el cuello", la lanzó contra la pared y le dio "un puñetazo" cuando ella le recriminó que fuera ebrio.

"Decía que la comida era una mierda. Una vez la tiró contra la pared y después me dio patadas a mí mientras las niñas gritaban", explicó entre sollozos.

Un episodio de abusos

La madre de las menores relató, asimismo, un presunto episodio de abusos sexuales. "El día de fin de curso, estando ya separados, llevé los disfraces de mis hijas a casa de él para vestirlas. Me cogió por detrás, me manoseó el pecho y también los genitales. Yo lloraba y le decía que parara. Solo paró cuando vio que mi pareja me llamaba por teléfono. Cogí los disfraces y me fui porque solo quería salir de allí", relató al tribunal.

La mujer recordó que, tras romperse la relación, le dieron la custodia de las menores a ella y que el hombre debía pagar una manutención. "Un día, a la entrada del colegio, vino por detrás y me dijo que antes de pagarme un euro contrataría a dos rumanos para que me cortaran el cuello", aseguró entre lágrimas.

La denunciante renunció a la indemnización que pudiera corresponderle por estos hechos y dijo a los magistrados que solo quería "que nos deje en paz a mí y a mis hijas".

La declaración del acusado fue radicalmente distinta. El procesado negó haber agredido física o verbalmente a su expareja, a la que acusó de inventarse estos hechos por su descontento en la resolución de la custodia. El hombre, con dos antecedentes por conducción alcohólica, negó haber ido borracho al domicilio familiar y aseguró que la persona que ejercía la violencia no era él, sino su expareja. "Nunca le puse la mano encima. Todo lo que cuenta me lo ha hecho ella a mí. Se ponía destructiva y rompía puertas de la casa", afirmó el varón, quien dijo que el episodio sexual fue consentido e a iniciativa de la mujer.

La madre de la denunciante también describió a su exyerno como una persona agresiva y aseguró haber sufrido sus "empujones" e "insultos" en sus carnes.

Otra expareja de la mujer afirmó haber sido testigo de las amenazas telefónicas de muerte y las faltas de respeto; mientras que la madre del acusado aseveró no haber visto nunca nada raro.

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