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Fiestas patronales

Sant Llorenç celebra su día grande entre truenos y lluvia

Las fiestas de Sant Llorenç protagonizan un día grande insólito. Este año, el calor abrasador ha desaparecido a media tarde y las nubes han dejado paso a una tormenta que ha acompañado la misa, la procesión, el desfile de carros y el ‘ball pagès’ de Sa Colla de Labritja.

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Almudena García

Almudena García

Sant Llorenç

Dice la tradición que San Lorenzo, patrón de este pequeño núcleo del municipio de Sant Joan, murió martirizado sobre una parrilla, y que por eso cada 10 de agosto caen del cielo lenguas de fuego que convierten su festividad en la más calurosa del calendario. Este lunes, sin embargo, el santo pareció querer desmentir su propia leyenda. Tras una tarde de bochorno insoportable, el cielo se cerró de golpe, sonaron los primeros truenos y la lluvia obligó a vecinos, autoridades y balladors a improvisar sobre la marcha. Sant Llorenç vivió así uno de sus días grandes más inesperados: el del año en que, contra todo pronóstico, el patrón de los asados a la brasa acabó celebrando su fiesta bajo el agua.

Un calor que no da tregua, hasta que lo hace

El programa de las fiestas patronales arrancó a las cinco de la tarde con la tradicional exposición de vehículos a motor de Ibiza Club 4x4 y Club Pitiús, y continuó tres cuartos de hora después con el concierto de la Escola de Música de Sant Joan, protagonizado por Gabriel de Miranda a la guitarra y Zsuzsanna Rózsa al violonchelo, que ofrecieron su actuación en el porche de la iglesia mientras los primeros vecinos tomaban posiciones a la sombra.

Entre ellos, Carmen y su marido, puntuales a las 17.45 horas para no perderse el concierto, resumían el sentir general sobre el calor: «Madre mía, hace el mismo calor a la una que a las cinco de la tarde», comentaba ella mientras se abanicaba con fuerza. El matrimonio, vecino del pueblo, recordaba que hace un par de años la fiesta se celebraba al mediodía: «Vivimos a diez minutos de aquí, pero me pensaré si venir el año que viene, hace demasiado calor». Antes siquiera de que suenen las campanas para la misa de hoy, Carmen ya ponía la vista en la siguiente fecha en el calendario: el próximo domingo 16 se celebra el tradicional Dinar des vells en el restaurante Es Pins, organizado por el Ayuntamiento, una cita que espera «con muchísima ilusión».

La misa solemne

El obispo de Ibiza y Formentera, Vicent Ribas Prats, presidió la eucaristía y aprovechó la homilía para hablar de una parroquia que siempre cuenta con «proyectos nuevos», entre ellos la instalación de una nueva campana. Ribas también dedicó unas palabras a la alcaldesa de Sant Joan, Tania Marí, ausente por una indisposición que la mantiene de baja: «Esta misma mañana he hablado con ella por WhatsApp», señaló el obispo, deseándole una pronta recuperación. Sí estuvieron presentes en la misa el presidente del Consell, Vicent Marí, el vicepresidente primero del Govern balear, Antoni Costa, y varios concejales del Ayuntamiento de Sant Joan.

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«Esta es una fiesta muy familiar, da gusto disfrutar de una fiesta así después de fiestas tan protocolarias como Santa Maria o Sant Ciriac; se agradece este ambiente familiar, estas son las fiestas de la Ibiza rural», señalaba el obispo, quien también recordó por qué el pueblo festeja precisamente a este santo: San Lorenzo, patrón también de los cocineros, que fue martirizado a la brasa por los romanos, una historia que cada año se repite entre los fieles y que explica el porqué de esa creencia popular que señala su festividad como la jornada más calurosa del año.

Bunyols pasados por agua

Nada hacía presagiar lo que ocurriría apenas una hora después. A las 19.40 horas, coincidiendo casi con el final de la misa, el panorama cambió por completo: el cielo se encapotó en cuestión de minutos y a las puertas de la iglesia empezaron a oírse los primeros truenos. «¡Mira lo que viene por allí!», avisaban algunos vecinos señalando hacia el horizonte, donde las nubes grises ya cubrían el cielo por ambos costados del pueblo.

El desfile de carros típicos y el ball pagès de Sa Colla de Labritja salieron a la vez que arreciaba el chaparrón. Los bunyols, que tradicionalmente se reparten al aire libre, se sirvieron esta vez bajo el techado del porche de la iglesia, mientras balladors y balladores seguían deleitando a los asistentes con sus pasos de baile, empapados pero sin perder el compás. El ambiente, lejos de venirse abajo, se mantuvo animado, con la música sonando sin descanso pese al agua: «como en el Titanic», bromeaban algunos vecinos, viendo cómo la orquesta y los bailadores seguían a lo suyo mientras los carros aceleraban el paso.

Lejos de deslucir la jornada, la tormenta acabó convirtiéndose en la gran anécdota de este día grande. La programación siguió su curso pese al temporal, con el concierto de Eribertho Cruz previsto para las 21 horas y el de Esta Me La Sé cerrando la noche a las 23 horas, en lo que promete ser la verbena más recordada de los últimos años en Sant Llorenç: la del año en que San Lorenzo, señor del fuego, dejó paso al agua.

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