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Comercio

Daniel, vendedor del Hippy Market Punta Arabí: "No veo gente joven, para ellos el mercadillo ahora es Amazon"

Algunos comerciantes y artesanos del mercadillo, que se celebra los miércoles en Punta Arabí, hablan de un inicio de temporada "flojito" y echan parte de culpa al calor

El emblemático mercadillo hippie de Punta Arabí

DI

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Almudena García

Almudena García

Como cada miércoles a las 10 de la mañana, bien puntual, el mercadillo hippy de Punta Arabí abre sus puertas y el calor no da tregua ni a primera hora. La imagen general es con abanico en mano. Los más preparados se traen hasta un ventilador portátil. Aunque el calor apriete, los pasillos están abarrotados y cuesta hacerse un hueco entre la gente. Sorprende, sin embargo, la opinión de los vendedores que, por lo general, admiten que la temporada no está yendo como debería.

Rita lleva más de una década vendiendo ropa en el mercadillo y ve un claro cambio de tendencia: la gente ya no viene tanto como solía venir. "Parece que se han hartado y han dejado de venir. Cada vez hay gente con más dinero en la isla y creo que el mercadillo no es su sitio", afirma. No solo apunta a una menor afluencia, sino que además cree que se gastan mucho menos: "No sabemos qué pasa, si somos nosotros, si son las guerras o si es la economía, pero yo ya no puedo bajar más los precios; tengo la ropa a 10 euros, ¡ni en las rebajas de Zara!".

Su opinión también la comparte Daniel, que tiene el puesto desde hace 16 años y compagina los miércoles en es Canar con otros dos mercadillos de Ibiza: el de Sant Joan y el de Cala Llonga, "hay menos gente que el año pasado, pero es verdad que suele pasar en épocas de Mundial o Eurocopa". Aún así, no cree que el fútbol sea el único culpable. "Hasta ahora había cuatro personas andando, cuando se supone que las horas buenas son entre las 10 y las 14", explica el vendedor.

Daniel cuenta que vive en Santa Eulària y que este año ve menos gente en la isla, de forma general, admite que encuentra "demasiado parking libre", para las fechas del verano en las que estamos. Cuando se le pregunta por cómo es el panorama en el resto de mercadillos detiene en seco la conversación, "dame un segundito". Saca su móvil del bolsillo y enseña una imagen, tomada por él, el pasado jueves en el hippy market de Cala Llonga: "Completamente vacío, una calle a la sombra, llena de tiendas y a las 8 de la tarde. Con una foto es fácil de demostrar", resume.

La llegada del fast fashion

Tiene que haber alguna otra razón más por la que los comerciantes noten un cambio de preferencia, si ya no gastan tanto o ya no vienen tanto, es que están sustituyendo esos hábitos de compra, por otros. La costumbre de ir al mercadillo ha quedado en el olvido para muchos, suponen los vendedores. "A los jóvenes no les interesan los mercadillos, veo a mucha gente a partir de los 40 años, pero no veo gente joven, para ellos el mercadillo ahora es Amazon", reconoce Daniel.

A lo lejos se escuchan gritos de felicidad, «he encontrado un grifo, corred, daos un agua». Es Laurent, un artesano francés afincado en la isla desde 2017 que se ha cambiado el nombre a Llorenç para facilitar el trato con los ibicencos. Aunque se queja del calor que pasan durante el día, tiene una opinión muy distinta a la de sus compañeros: "Se quejan demasiado, hay temporadas que se vende más y otras menos, pero siempre hay gente». Se autodenomina «uno de los pocos artesanos que quedan".

"Lo que sí percibo es una falta de artesanos, somos 400 puestos pero no 400 artesanos, siento que se ha perdido un poco el encanto, todo se lo ha llevado el fast fashion, plataformas como Temu o Aliexpress nos complican el trabajo", asegura.

El calor no es buen aliado

Algunos justifican las ausencias con el calor, "hay un parón de ventas entre las 14 y las 16 horas. Cuando el sol pega fuerte esto está vacío", comenta Alejandro, mientras le explica a un cliente cómo hace los anillos que vende. "Yo también me quedaría en el hotel con aire acondicionado con este calor", reconoce Gabriela, una argentina afincada en Ibiza que lleva más de 20 años recorriendo los markets cada verano.

Amor, dueña de un estand de ropa desde hace siete años cree que el calor tiene mucho que ver en que la temporada esté más "flojita": "La ola de calor hace que la gente vaya a la playa, es normal, pero los horarios hay que cumplirlos y nosotros tenemos que estar aquí". "Vienen, dan una vuelta rápida y se van, pero creo que la cosa va remontando, a pesar de las temperaturas", apunta Irene, artesana de joyas.

Para Renato, que acaba de lanzar un pequeño emprendimiento de moda, mientras compagina el mercadillo con trabajar en hostelería, la impresión general es muy distinta: "Vendo más de lo que esperaba, sé que muchos se quejan de que está siendo una temporada baja, pero yo no puedo decir lo mismo". Desde su perspectiva, no le parece que haya menos gente, sino al contrario, cree que el contexto internacional hace que destinos como Ibiza reciban más turistas.

Es innegable que pasear en plena hora de calor cuesta, sea el mercadillo que sea. Los puestos en Punta Arabí no tienen aire acondicionado, pero sí sombras con food trucks donde disfrutar de buena música en directo, algo que el comercio online nunca va a poder ofrecer.

Punta Arabí refleja también las contradicciones del turismo en Ibiza. No hay un diagnóstico único, pero sí una sensación compartida: el mercado ha cambiado. Ahora queda por ver si conseguirá adaptarse sin perder aquello que, desde hace más de medio siglo, lo convirtió en una parada imprescindible para miles de visitantes.

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