Sociedad
Tanit y el espíritu de una época en Ibiza: El hombre que hablaba con el viento
Hay ciertas personas que nacen en un lugar y pasan la vida dando vueltas para intentar encontrar un sitio al que poder llamar hogar. Y hay otras que parece que llegan a este mundo ya sabiendo de una manera clara el sitio donde pertenece su alma. Tanit es una de ellas.

Tanit junto a Reyes Caballero / RC
Reyes Caballero
Nacido en Martinica, isla de vientos cálidos, volcanes antiguos y memorias africanas, llegó a Ibiza como quien regresa a una tierra conocida desde siempre. Quizá porque ambas islas comparten algo invisible: la presencia de lo sagrado en la naturaleza, la sensación de que el mar guarda secretos más antiguos que los hombres y la certeza de que la libertad es una forma de espiritualidad.
Conocí a Tanit en los años 70.
La Ibiza de entonces era muy diferente a la que hoy conocen millones de turistas. Era un territorio de encuentro. Un refugio para artistas, músicos, poetas, viajeros y soñadores. Un lugar donde todavía era posible vivir despacio, escuchar el silencio y creer que la belleza podía cambiar el mundo.
Y entre aquella multitud de almas libres aparecía siempre él.
Alto.
Elegante.
Sereno.
Con una sonrisa capaz de iluminar cualquier reunión y una mirada que parecía venir de muy lejos.

Tanit y el espíritu de una época. El hombre que hablabacon el viento
Algunos lo veían como un dios hindú surgido de una leyenda oriental. Otros, como un chamán del Caribe.
Otros, simplemente como un hombre extraordinariamente amable. Para mí era todo eso al mismo tiempo.
Coincidimos durante tres décadas: en los 70, 80 y 90.
En fiestas interminables bajo las estrellas.
En las calas donde el Mediterráneo se vuelve infinito.
En noches de luna llena donde el tiempo parecía detenerse.
En encuentros donde la música, el amor y la amistad eran los únicos idiomas necesarios.
Siempre recordaré su cordialidad.
Su capacidad para hacer sentir bien a quienes le rodeaban. Su manera de escuchar.
Su ausencia absoluta de arrogancia.
Porque la verdadera elegancia nunca necesita imponerse. La verdadera libertad, tampoco.
Tanit jamás parecía luchar contra el mundo. Simplemente caminaba por él.
Como si hubiera comprendido algo esencial que la mayoría tarda toda una vida en descubrir.
Que la felicidad no consiste en poseer.
Sino en ser.
Formó parte de aquella Ibiza irrepetible donde los atardeceres eran ceremonias y donde cada encuentro podía transformarse en una celebración de la existencia.
Verlo jugar a las palas, con su bello cuerpo definido como el de un dios… era exquisito!

Imagen de los años 90 en la playa de ses Salines. / DI
Compartimos también el universo creativo de Mora. Mora no diseñaba moda.
Mora creaba identidades.
Con sus manos libres y ancestrales transformaba tejidos en poesía. Vestía cuerpos, pero también espíritus.
Sus creaciones parecían nacidas del mismo Mediterráneo, de las antiguas sacerdotisas fenicias, de las diosas olvidadas y de las mujeres que jamás aceptaron vivir encerradas en las normas de otros.
Muchos de nosotros habitamos aquellos años vestidos por su imaginación. Y Tanit era una de las figuras más bellas de aquel paisaje humano.
Cuando pienso en él, no recuerdo únicamente una persona.
Recuerdo toda una época.
La Ibiza donde todavía era posible compartir una comida con desconocidos. La Ibiza donde las puertas permanecían abiertas.
La Ibiza donde las conversaciones duraban hasta el amanecer. La Ibiza donde la amistad era un valor sagrado.
Hoy el tiempo sigue avanzando. Las generaciones cambian.
Los lugares se transforman.
Pero algunas personas continúan representando algo que permanece intacto.
Tanit es una de ellas.
Porque más allá de cualquier historia personal, encarna una manera de entender la vida.
La del respeto.
La de la bondad.
La de la belleza.
La de la libertad.
Algunos lo veían como un dios hindú surgido de una leyenda oriental. Otros, como un chamán del Caribe
Y quizá por eso tantas personas lo recuerdan con cariño.
Porque en un mundo que suele premiar el ruido, él eligió la armonía.
En un mundo que suele valorar la apariencia, él eligió la autenticidad.
Y en una época donde muchos buscaban respuestas, él parecía haber encontrado una sencilla verdad:
Que vivir plenamente es el mayor acto de libertad que puede realizar un ser humano.
Por eso, cuando el sol cae sobre las aguas de Ibiza y la luna comienza a elevarse sobre el Mediterráneo, me gusta imaginar que los viejos espíritus de la isla siguen reuniéndose.
Los artistas.
Los músicos.
Los soñadores.
Los amantes de la belleza.
Los buscadores de horizontes.
Y entre ellos sigue caminando Tanit. Sonriendo.
Libre.
Tan libre como siempre.
Tan libre como la propia isla que lleva su nombre.

Tanit y el espíritu de una época. El hombre que hablabacon el viento
Invocación a Tanit, hijo de Martinica
Y cuando llegue el día en que tu alma decida abandonar la barca de la carne, sé que partirás como has vivido.
Libre.
Sin dudas.
Sin temor.
Con la misma serenidad con la que tantas veces contemplaste el mar al atardecer.
Que las aguas de Ibiza abran para ti sus antiguos caminos de luz.
Que la Diosa Tanit, guardiana eterna de la isla, extienda sus alas sobre el Mediterráneo y te reconozca como uno de sus hijos predilectos.
Que los tambores ancestrales de Martinica despierten en el horizonte. Que los espíritus de tus antepasados acudan a recibirte cantando.
Que las estrellas fugaces que iluminaron nuestras noches regresen para acompañar tu travesía.
Porque ninguna estrella desaparece. Tan solo vuelve a su origen.
Que los vientos cálidos del Caribe se encuentren con las brisas saladas de Ibiza.
Que los dioses antiguos del océano, las fuerzas invisibles de la tierra y las divinidades del Mediterráneo celebren tu paso de un mundo a otro.
No como una despedida. Sino como una fiesta.
Como un regreso. Como una danza más.
Y cuando abandones este cuerpo que tan bien ha sabido amar, reír, bailar y vivir, que tu espíritu ascienda ligero entre las constelaciones.
Que la luna te entregue su corona de plata. Que el sol te cubra con su manto de oro.
Que las olas pronuncien tu nombre.
Y que la diosa Tanit te reciba entre las estrellas eternas de la isla que tanto amaste.
Porque los hombres verdaderamente libres no conocen el final. Se convierten en horizonte.
Se convierten en viento. Se convierten en mar.
Se convierten en luz.
Y desde algún lugar del universo seguirás danzando eternamente bajo la misma luna que contemplaron en Ibiza.
Allí donde terminan los caminos de la tierra y comienzan los senderos de las estrellas.

Tanit y el espíritu de una época. El hombre que hablabacon el viento
Tu amiga, Reyes Caballero
P.D. Tanit forma parte de la memoria emocional de muchos de nosotros. Este texto nace únicamente del afecto, de la gratitud y del privilegio de haber compartido con él una de las épocas más libres y hermosas de la historia reciente de Ibiza.
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