Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

De Eivissa a Jerusalém

Joan Marí Tur, ‘Botja’: El ibicenco que ha dicho ‘no’ a ser caballero del Santo Sepulcro

Recientemente telefonearon a Joan Marí Tur, ‘Botja’, exconseller de Cultura de Ibiza, para ofrecerle pertenecer a la Orden de los Caballeros Ecuestres del Santo Sepulcro de Jerusalén, con casi un milenio de antigüedad. Pocos (o nadie) lo rechazan. Él dijo ‘no’: «Si hubiera tenido 20 años menos, seguro que habría aceptado».

Joan Marí Tur en es Culleram, cuando era delegado del Ministerio de Cultura en Eivissa, en 1975. | D.I.

Joan Marí Tur en es Culleram, cuando era delegado del Ministerio de Cultura en Eivissa, en 1975. | D.I.

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
José Miguel L. Romero

José Miguel L. Romero

Ibiza

Cuente, ¿cómo ocurrió?

Joan Marí Tur, esta semana a las puertas del Instituto Santa Maria, donde comenzó su etapa en la docencia. | J.M.L.R.

Joan Marí Tur, esta semana a las puertas del Instituto Santa Maria, donde comenzó su etapa en la docencia. | J.M.L.R.

Fue una sorpresa porque, la verdad, no lo esperaba. Recibí una llamada telefónica: ‘Hola, soy un representante de la Orden de los Caballeros Ecuestres del Santo Sepulcro de Jerusalén. Y hemos pensado en usted para que sea miembro de esta entidad’. Me sorprendió, se lo agradecí…

¿Pero ya le había avisado alguien de que le telefonearían para comunicarle semejante petición?

No.

A mí me llama alguien preguntándome si quiero integrarme en una Orden de Caballeros medieval y le cuelgo. ¿Tenía conocimiento, al menos, de que existía esa Orden?

Eso sí, porque ya había estado en Jerusalén y me había preocupado de estudiar su historia, no la historia de esta Orden en concreto, pero sí en general. Total, que le agradecí su propuesta y solamente le pedí saber cuáles eran las condiciones. Me dijo que, en primer lugar, tendría que ir a Madrid a hacerme un traje, con toda su parafernalia. Es un traje con unas capas y unos sombreros que llevan la cruz de los cruzados. Y el acto tendría lugar en la catedral de Ciutadella, en Menorca. Todo eso significa asistir a cantidad de congresos, de reuniones, conferencias y viajes. Pedí 24 horas para pensármelo y pasado ese tiempo le llamé y le dije que lo agradecía mucho, pero que desde hacía dos años me había propuesto retirarme de toda actividad política y social, que lo agradecía muchísimo pero que declinaba la invitación. Le pareció muy raro porque, por lo visto, es un puesto de mucha categoría. Le pareció raro que no lo aceptara. Pero lo comprendió y quedamos tan amigos. Es que ya no soy el mismo de hace 20 años.

¿En qué sentido?

Pues en que ahora me gusta vivir separado de todo ruido y bullicio.

Y parafernalia.

Parafernalia, sí, parafernalia. He tenido que decir que no a muchas cosas últimamente. Por ejemplo, me ha sabido muy mal no poder presentar un libro que me ha pedido un querido exalumno mío. También otra amiga me ha pedido que le presentara otro libro de un tema que me gusta mucho. Gente de algún pueblo me ha pedido que vaya a dar una charla sobre la historia de Ibiza. La Universidad de Mayores también me ha pedido que dé una conferencia. Total, digo que no a todo con mucho sentimiento, porque yo era una persona, como sabes muy bien, que me gustaba mucho todo tipo de actividad, especialmente la cultural. Pero en fin, he tomado esta decisión. Alea iacta est.

Joan Marí Tur, Botja, trae a la cita una notas escritas en una cuartilla: «Esta orden de caballería es la más antigua del mundo. Surgió en 1098. Fue fundada por Godofredo de Bouillón, duque de la Baja Lorena, con el objeto de proteger el Santo Sepulcro tras la Primera Cruzada».

Qué lástima. Ya le veía protegiendo, con una lanza, el Santo Sepulcro vestido con una capa, con coraza y enarbolando la cruz. Quién sabe si en busca del Santo Grial. Que le eligieran, ¿puede tener relación con toda su actividad, como conseller insular de Cultura, para proteger el patrimonio eclesiástico pitiuso?

Supongo que miraron mi currículum, porque esta es una institución muy relacionada con la Iglesia. De hecho, su jefe supremo es el Papa. Y no puedes acceder a esta Orden si no cuentas con el apoyo y el visto bueno del obispo de la localidad. Que, por cierto, también me he enterado de que al obispo de Ibiza, Vicent Ribas, le han ofrecido formar parte de esta Orden de Caballería, en la que hay un apartado especial para obispos.

Subraya que esta Orden ha eliminado la exigencia de poseer un título nobiliario para acceder a ella: «Eso me recordó aquello que dice Isidor Macabich de que todos los ibicencos somos hijos de agricultores, de marineros o hijos de mujeres de moral distraída». Prosigue contando que una de las funciones de esta orden es la preservación del patrimonio religioso y cultural de Tierra Santa y que su lema es ‘Deus lo vult’, Dios lo quiere.

Pero no, no hay vuelta de hoja: «No, ya puse punto final a mi vida política. Y significaría hacer muchos viajes. Y ya estoy cansado y un poco decepcionado».

¿De qué?

Pues de cómo está la sociedad y de cómo está el mundo, la situación económica de la gente, que lo pasa mal con el problema de la vivienda. Vas por Ibiza y solamente ves chabolas, tiendas de campaña y pobreza y miseria. Qué contraste con el otro mundo ibicenco de la abundancia, el del derroche.

Bueno, para eso, para combatir todo eso, están precisamente los caballeros ecuestres, ¿no?

La verdad es que si hubiera tenido 20 años menos, seguro que habría aceptado.

¿Hay algo, alguna razón personal, por la que haya desistido?

No. Pero cada vez me gusta más estar en casa, estar con mi nieta, estar en la finca, tocando el piano y leyendo y estudiando. Estoy un poco cansado de tanta actividad que tuve durante 33 años…

En la política.

En esa, sí.

Porque antes tuvo una actividad frenética en la enseñanza. Al recordar esa etapa, sonríe: «Últimamente, me puso muy contento que me llamaran para participar en el 50 aniversario del Instituto de Formación Profesional Isidor Macabich. Fue una especie de homenaje al que asistí con mucho entusiasmo porque fue una de las cosas buenas que pienso que he hecho a lo largo de mi vida». Marí empezó su carrera educativa en el Instituto Santa María, donde fue jefe de estudios, profesor de Literatura y de historia de Ibiza: «Y un día, estaba en el Santa María cuando vinieron dos señores de Palma y me ofrecieron la dirección del Isidor Macabich, que entonces no se llamaba así: el nombre se lo propuse yo al claustro. Acepté esa responsabilidad de fundar la Formación Profesional en la isla».

Explica que, «por pura coincidencia», el ministro de Educación era por entonces Íñigo Cavero, cuyo padre era muy amigo del suyo: «Y gracias a esa amistad, el centro nuevo de sa Blanca Dona lo pudimos montar en poco tiempo. Cavero, como ministro, empujó para que se hiciera antes». Mientras se construía el instituto, impartían las clases en el Castillo: «Estuvimos así tres años. Cuando me nombraron no había ni sitio, ni profesores, ni presupuesto, ni nada de nada. Menos mal que el alcalde de entonces nos cedió el Castillo. Cuando pienso en las exigencias de hoy en día, tanto de profesores como de alumnos, me acuerdo de que en el Castillo no teníamos nada: dentro hacía un frío espantoso».

Sus alumnos le recuerdan con cariño porque era un profesor distinto, moderno. No enseñaba solo dentro del aula: «Procuraba no solamente ser profesor de mi asignatura. Sobre todo cuando fui jefe de estudios y director, me preocupé mucho por la educación en general. Cuando estaba en el instituto Santa María, me gustaba mucho dar las clases bajo la higuera que había aquí al lado [la entrevista tiene lugar en una cafetería que hay enfrente de ese centro educativo]. Y me gustaba explicar a Lorca o a Jorge Manrique o a Fray Luis de León mientras tocaba, mal que bien, el piano que había en el instituto de Formación Profesional. En fin, procuraba que los alumnos estuvieran a gusto en clase. Organizamos viajes a Cabrera, a Cartago, a Yerba, al Rocío, a Grecia, a Túnez, a Roma...». Limpiaron el islote de s’Espalmador y realizaron excavaciones arqueológicas: «De mi etapa como profesor solamente guardo buenos recuerdos».

-

¿Y de la etapa como político?

-Como político lo pasé bien y lo pasé mal… lo pasé muy mal. Por mí y por mi familia. Fue una injusticia total las siete denuncias que tuve. ¡Siete! Todas ellas resueltas favorablemente por el juez. Se ve que era una presa muy apetecible para mis adversarios políticos. Hasta fui denunciado por enriquecimiento ilícito por haber vendido unos solares que había heredado, junto a mis hermanos, de mi padre. Ya me dirás cuánta gente no ha vendido los solares al lado del mar.

Fue denunciado también por la desprotección de los restos patrimoniales hallados durante la construcción de las autovías y, además, «por un personaje al que no nombré funcionario porque no tenía más mérito que ser colaborador de la Enciclopèdia»

Le recuerdo que una de las primeras ruedas de prensa a la que asistí, en 1992, presentó, como conseller de Cultura, la verja que tapaba la cueva de ses Fontanelles y sus pinturas rupestres: «Quise hacer una réplica, pero nos pedían una barbaridad y la economía de aquel entonces no daba para tanto». Y él me pregunta si recuerdo cuando, tras una rueda de prensa (que solía acabar en un desayuno opíparo) en la sede de Cultura, que estaba encima del Teatro Pereyra, le llevé en moto, una Yamaha 250cc, hasta su casa en Puig des Molins.

Y enlaza: «A Don Isidor Macabich, en cierta ocasión le preguntaron qué tres cosas salvaría de Ibiza si hubiera un incendio y contestó que el retablo de Jesús, la custodia de la catedral y las murallas. En mi caso, diría la Enciclopèdia d’Ibiza i Formentera, el instituto de Formación Profesional y la restauración del patrimonio, tanto civil como eclesiástico». Y de aquella etapa como conseller, la exposición ‘Set segles fa’ en la iglesia de Santo Domingo, que estuvo cerrada un mes. Fue una especie de ‘Las edades del hombre’ en versión pitiusa: «Menos mal que tuve el respaldo del entonces obispo de Ibiza, Javier Salinas, porque hubo un cura que no era muy favorable con el que tuve algún encontronazo bastante fuerte. Tuvo que intervenir el obispo para obligarle a que me prestara para la exposición algunos objetos de su parroquia».

Recuerda emocionado que en la clausura de ‘Set segles fa’ participaron tres coros: uno de Lleida, que se ubicó en el coro; el de la ciudad, en el presbiterio, y el del Conservatorio, en la capilla del Roser: «La iglesia estaba iluminada y los tres coros cantaron a la vez. Al acabar, las luces se fueron desvaneciendo hasta que la iglesia quedó a oscuras. Ya sabes que a mí me gustaban mucho las cosas bien hechas. Me gustaba mucho la parafernalia, lo reconozco, porque me gustan las cosas bien hechas y ordenadas».

Y volvemos al inicio de esta conversación, cuando su café con leche, a medio tomar, ya está frío y en mi taza ya están secos los rastros del café solo.

Pues es una pena que al final haya rechazado ser caballero. ¿Sabe si alguien de la isla pertenece a esa Orden?

No, no hay otro. Si hubiera podido permanecer en Ibiza, sin tener que viajar, pues lo habría aceptado, porque es un gran honor. Y la verdad es que me hubiera gustado, pero al pensar que tenía que viajar a Madrid para que me hicieran el traje, o a Menorca y a los congresos…

¿El ajuar incluye yelmo?

No, pero sí una espada. El nombramiento es como cuando armaron caballero a Don Quijote.

Pero en vez de ventero, sería un caballero quien, permaneciendo Joan Marí de hinojos, le armaría caballero. Y en vez de en una venta, se celebraría en la gótica catedral de Ciutadella.

A sus 84 años va al gimnasio, a diario: con un profesor particular, tres días a la semana; el resto, él solo: «Tengo que cuidarme porque tuve una pancreatitis. Pero en fin, los 84 los llevo lo mejor que puedo». Casi, casi como un cruzado.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents