Un problema en las universidades
El absentismo estudiantil obliga a la universidad a mover ficha: "Hay docentes que se limitan a leer un PDF"
Solo la mitad de los universitarios van a clase con regularidad, según un informe de la UAB
Las instituciones vinculan la falta de asistencia con la mala docencia, el aumento de los recursos académicos que brindan la IA y el entorno digital, y la dificultad del alumnado para mantener la atención

Un grupo de alumnos universitarios descansan en el campus de la UAB, la semana pasada. / Jordi Otix
Olga Pereda
Todo el alumnado de segundo curso del grado de Fisioterapia de una universidad catalana recibió hace unos días un correo de su profesora de Salud Pública. Aquel día, ni un solo estudiante había acudido a sus más de dos horas de clase y daba la materia por impartida. No es un caso aislado. El absentismo es ya un problema enquistado en los campus. “La universidad es un modo de vida y no una continuación del instituto. Pero la hemos convertido en un aeropuerto, un lugar de paso”, asegura Francisco Esteban Bara, catedrático de Filosofía de la Educación en la Universitat de Barcelona (UB) y autor de 'La universidad de las narices'. Ante esta situación, las universidades mueven ficha, toman las medidas al fenómeno y apuestan por un modelo de docencia más participativa e innovadora.
La situación en las universidades públicas presenciales es compleja, con un alumnado que no pisa la facultad por motivos diversos, que van desde la desidia hasta circunstancias laborales, problemas de movilidad o salud, o situaciones familiares. Históricamente, siempre ha habido estudiantes que pasaban de las clases, pedían los apuntes a otros compañeros y se presentaban solo a los exámenes. Pero ahora el absentismo está alcanzando cotas “críticas y preocupantes”. Así lo afirma la comunidad docente y así lo confirman las cifras. Solo algo más de la mitad de los jóvenes reconoce que asiste con regularidad (es decir, entre el 80% y el 100% de las clases), según un informe de la Autònoma de Barcelona (UAB), que ha encendido el debate. Una vez diagnosticado, llega la hora de señalar responsabilidades. Y, cómo no, apuntar soluciones.
Autocrítica de las universidades
Oficialmente, los rectorados, lejos de emprender una guerra y lanzar la crítica fácil a los alumnos perezosos, asumen su responsabilidad. “Estamos ante una realidad compleja y multicausal en la que confluyen factores personales, educativos, organizativos y sociales. Una universidad pública tiene el compromiso de entender antes que juzgar, no desde el reproche fácil ni desde medidas punitivas, sino a partir de un análisis riguroso que permita comprender qué está pasando en la experiencia formativa”, explica José Luis Muñoz, vicerrector de Formación e Innovación Docente de la UAB.
"Una universidad pública tiene el compromiso de entender antes que juzgar, no desde el reproche fácil ni desde medidas punitivas, sino a partir de un análisis riguroso que permita comprender qué está pasando en la experiencia formativa"
"La mala docencia y el absentismo tienen una relación directa. Los buenos profesores también tienen alumnos que no van a clase, pero menos"
Los docentes admiten que el absentismo se apoya en tres pilares. Uno de ellos, heredado de la pandemia, es que la presencialidad ya no es lo que era. Además, la tecnología y la inteligencia artificial elevan a la enésima potencia los recursos académicos de los estudiantes. El segundo pilar son los alumnos, ni mejores ni peores que los de otras generaciones pero sí distintos. “Son personas que necesitan valor añadido y estímulos. Si no los reciben, consideran que no les compensa ir a clase”, explica Carles Ramió, catedrático de Ciencia Política y de la Administración en la Universitat Pompeu Fabra (UPF), que prefiere no referirse a los alumnos como inmaduros, sino como “más juveniles”. Son una generación -concluye- con prioridades y responsabilidades diferentes a las de sus padres, madres y abuelos.
El catedrático apunta otros dos motivos del absentismo: los 'minijobs' que muchos estudiantes consiguen no ya para pagar el alquiler de su piso y la comida sino para aumentar ingresos y viajar, por ejemplo, y los horarios universitarios, que no son especialmente regulares y que no terminan de encajar a los estudiantes que viven más alejados del campus.
"El acento debe ponerse en la innovación docente, hay que adaptar la transmisión de conocimientos a los nuevos estilos de aprendizaje y favorecer una formación más significativa y duradera"
Profesores
El tercer pilar que dispara el fenómeno de las aulas medio vacías son los profesores. No todos, solo los mediocres. “La mala docencia y el absentismo tienen una relación directa. Los buenos educadores también tienen alumnos que no van a clase, pero menos”, añade Ramió.
Al contrario que los políticos, los docentes sí practican la autocrítica. “Hay colegas que imparten clases malas. Es decir, se limitan a leer un PDF. Esa gente es incapaz de dar clase si se va la luz en la facultad porque no pueden encender su Power point”, detalla el catedrático de Filosofía de la Educación en la UB.
"Hay profesores que imparten clases malas y se limitan a leer un PDF"
En opinión de Bara, el alumnado se siente decepcionado al sentarse en un aula y contemplar un “desfile de profesores, uno detrás de otro”. No obstante, asegura que no siempre el problema es del educador. “La universidad valora más la publicación de artículos en revistas científicas que la docencia, así que no tenemos tiempo para hacer nuestro trabajo: preparar bien las clases”, concluye.
El profesor de la UB suma un cuarto pilar, que tiene que ver con la sociedad y con la “infantilización” de los jóvenes, que siguen siendo colegiales en lugar de adultos universitarios. “Las nuevas corrientes pedagógicas sentencian que todo el aprendizaje tiene que ser ameno y divertido, pero la realidad es que estudiar requiere mucho esfuerzo”, asevera el catedrático de la UB, autor también de 'Chistes de Eugenio para repensar la universidad' y 'La universidad light'. “Gran parte del alumnado acude a nosotros buscando una formación práctica y útil, pero las facultades no son autoescuelas. Y el futuro es todavía más oscuro. ¿Qué pasará cuando tenga más valor una credencial de Google que un título universitario?”, se pregunta.
Aprobar y obtener el título
La universidad ofrece un sinfín de actividades (seminarios, talleres, conversaciones con alumnos y profesores, debates...) pero muchos alumnos buscan una sola cosa: aprobar los exámenes y obtener su título. Así lo explica el profesor Francesc Calafell, director académico del máster en Técnicas de Reproducción Asistida Humana de la UPF Barcelona School of Management. Teniendo en cuenta que estamos ante una generación distinta a las anteriores y a la que le cuesta mantener la atención, Calafell reclama cambios en la docencia: "No se trata de hacer teatro sino de fomentar y evaluar la participación. Todo es importante a la hora de captar el interés de los jóvenes, desde la entonación del profesorado hasta el dinamismo a la hora de explicar el tema".
"No se trata de hacer teatro en clase, sino de fomentar y evaluar la participación. Todo es importante a la hora de captar el interés de los jóvenes, desde la entonación del profesorado hasta el dinamismo a la hora de explicar el tema"
La respuesta de los rectorados no se plantea en términos de combatir el absentismo estudiantil, sino de mejorar la experiencia universitaria de manera coherente y compartida. “Esto implica impulsar líneas de trabajo que refuercen el sentido formativo de la docencia, revisar aspectos organizativos, mejorar la orientación académica, reforzar la vinculación y el sentido de pertenencia del estudiantado, y promover la innovación docente junto con espacios de reflexión educativa en las propias facultades”, responde el vicerrector de Formación e Innovación Docente de la UAB. No se trata –añade– de aplicar recetas cerradas ni de atribuir responsabilidades aisladas, sino de una tarea colectiva orientada a la mejora continua. “Cuando la universidad ofrece una experiencia valiosa y se dan las condiciones adecuadas para aprender, la presencia deja de ser un problema y pasa a ser una consecuencia natural del propio proceso educativo”, destaca.
La cúpula de la UPF sostiene que el tipo de docencia que llevan a cabo en el campus está orientada, precisamente, hacia una enseñanza más participativa en la que tienen un papel central los seminarios y las prácticas con grupos reducidos. “Es evidente que las formas de enseñar han cambiado y seguirán cambiando en los próximos años. Por eso, el acento debe ponerse en la innovación docente, para adaptar la transmisión de conocimientos a los nuevos estilos de aprendizaje y favorecer una formación más significativa y duradera”, concluyen fuentes del rectorado.
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