Fúnebre indignación en Zamora
El surrealista episodio de una funeraria con un finado en Zamora: del plástico en el suelo a los gritos
Una familia, indignada con el empleado de una funeraria por la mala gestión del cadáver de su madre

El Instituto de Medicina Legal de Zamora recibe un cadávez, en una imagen de archivo. / Archivo
Carlos Gil Andrés
Una familia zamorana denuncia públicamente la surrealista y desagradable situación vivida durante el fallecimiento de su madre, propia de una película de enredo si no fuera porque no era ninguna ficción, sino muy real y que alcanzó su punto de indignación máxima cuando el empleado de la empresa dejó el cadáver envuelto en un plástico en el suelo mientras en voz alta y en plena noche explicaba los pormenores de los trámites a los atónitos hijos de la finada.
Todo empezó cuando la falta de noticias tanto de la asistenta social como de la familia hacen que un hijo se acerque a la Policía y, junto con un cerrajero, acceda a la vivienda de su madre. Es entonces cuando se encuentran el cadáver.
Una vez constatado que la moradora ha fallecido, se pone en marcha el protocolo para avisar al forense para poder levantar el cadáver, una vez examinado el cuerpo.
Llegan los hijos a la casa y recuerdan que su madre tenía un contrato de servicios para el óbito con una funeraria. Llaman a la sede de la empresa y la empleada que les coge el teléfono es nueva, por lo que les remite a otro compañero con más experiencia.
La primera sorpresa, explica una hija de la fallecida, es que este empleado le recrimina que le haya llamado "y me dice ¿estás segura de que está muerta, muerta?", relata la hija. Al final le explica el caso, pero el empleado le remite a un teléfono de Madrid para que compruebe si existe o no ese contrato de enterramiento.
La hija llama a Madrid y en la empresa no consta ningún servicio con la fallecida, si bien explican a los familiares que es posible que se trate de un contrato antiguo por lo que debían llamar a Zamora.
Nadie se hace cargo
De nuevo llaman a la funeraria, miran sus archivos y allí no aparece nada. Total que optan por llamar a la funeraria de guardia. Se presentan en el lugar los empleados de esta segunda funeraria, que al comprobar que existe un contrato con la otra empresa entienden que debe ser ésta la que se haga cargo del cadáver.
Pero la funeraria inicial sigue sin querer hacerse cargo, hasta que interviene la Policía y el forense, que seguían en el piso hasta que retiraran el cuerpo y conminan a los empleados de esta empresa a que vengan por el cadáver.
Por fin aparecen los empleados con una furgoneta de la funeraria díscola a retirar el cadáver. Suben al piso y para sorpresa de los familiares, lo bajan envuelto en un plástico. A continuación, dejan el cadáver en la acera, como si fuera un bulto, y se ponen a llamar por teléfono, en plena calle y a voz en grito, y posteriormente explicar los trámites a los familiares.
Son las doce de la noche, y los familiares están atónitos con la actitud del empleado, al que piden que baje el tono y que por favor meta el cadáver en la furgoneta.
Al final, entre la indignación de los familiares y tras varias horas de trámites, idas y venidas, la finada acaba siendo trasladada al Instituto de Medicina Legal.
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