Historia
Historia de Ibiza: Cuando Sant Carles ayudó a financiar la guerra de Roma
La Historia ha reservado varios capítulos importantes para las Pitiusas, sobre todo para Ibiza. Todo gracias a su situación geográfica, tan cerca de la Península y las costas africanas. Los fenicios se asentaron en la isla y, además de sal, encontraron plata en Sant Carles. Un mineral del que también se benefició la República

El historiador Marcus Heinrich, a la derecha, en el interior de la mina en enero de 2024. | J.M.L. ROMERO

Aníbal Barca, el gran general cartaginés que puso en jaque a Roma (llegó hasta las puertas de la capital del imperio pero nunca entró y la saqueó, dejando una de las mayores incógnitas de la Historia), siempre ha estado vinculado a Ibiza. La leyenda asegura que nació en sa Conillera, islote ibicenco, aunque todo apunta a que vio la luz por primera vez en Cartago, la capital africana cuyas huestes dirigió con tanta maestría, alrededor del año 247 a.C.
Ahora, el historiador y arqueólogo David Martínez Chico, del Grup de Recerca en Arqueologia del Mediterrani (GRAM) y del Departament de Prehistòria, Arqueologia i Història Antiga de la Universitat de València, vuelve a situar al intrépido general en la órbita ibicenca. ¿Por qué? Debido a la tensión que provocaron en la economía de Roma sus victorias durante la Segunda Guerra Púnica, en la que Cartago discutía la hegemonía en el Mediterráneo con la República. Necesitada de dinero para financiar la campaña militar, y con las lógicas dificultades de transporte de entonces como barrera insalvable, Roma decidió tirar del material proveniente del saqueo y, como apunta Martínez Chico, de las decenas de toneladas de plata que recibió de Cartago como indemnización tras ser derrotada en la Primera Guerra Púnica (264-241 a. C).
En su estudio ‘El origen del metal en un cuadrigato hispano (215-214 a. C.)’, publicado en la revista Cuadernos de Prehistoria, el historiador expone que Roma pagó las soldadas pendientes con su ejército reciclando todo este material tras encontrar plata ibicenca en ese cuadrigato, moneda romana de plata que representa en el reverso una cuadriga, y en otras cuatro halladas en la Península. «Los resultados de isótopos de plomo realizados en monedas del siglo III a.C coinciden con las galenas de s’Argentera previamente analizadas por Marcus Heinrich Hermanns», historiador alemán que ha investigado esta explotación minera durante años. «Lo más llamativo», añade Martínez Chico a través del correo electrónico, es que, «en estas emisiones monetarias, la plata fundida no parece haber sido mezclada con otras aportaciones metálicas: el input es isotópicamente muy homogéneo y compatible con un mismo origen: s’Argentera» de Sant Carles, hoy una ruina rodeada de pinos a escasos metros del pueblo, donde se mantienen restos de estructuras de la época moderna de extracción, entre finales del siglo XIX y principios del XX (la mina se dejó de explotar en 1912).
Isótopos
Para localizar la procedencia de la plata utilizada por Roma, Martínez Chico analizó con isótopos de plomo esas cinco monedas del siglo III a. C. «En términos de procedencia, la firma isotópica» del cuadrigato analizado «converge de manera consistente con s’Argentera, lo que refuerza la idea de circuitos de aprovisionamiento y reciclaje de plata de monedas hispano-cartaginesas, utilizadas por romanos y aliados ibéricos para acuñar sus monedas en plena Segunda Guerra Púnica».
¿Infiere de su estudio que la plata ibicenca ayudó a financiar la guerra de Roma? «Hoy por hoy, podemos sostener, de forma indirecta, que sí: no sólo Roma acuñó utilizando moneda púnica reciclada, sino también aliados ibéricos que combatían en el bando romano. Con todo, siguen siendo necesarios más análisis semidestructivos para demostrar, sin ningún género de duda, que la galena argentífera de s’Argentera se empleó en la acuñación de moneda fenicia y púnica. Hasta la fecha, solo contamos con un cuarto de shekel hispano-cartaginés cuya firma isotópica es compatible con s’Argentera». Cartago acuñó esta moneda de plata en la Península, entonces Hispania, durante el siglo III a.C., como propaganda y para financiar la guerra.
Cabe recordar que, años después Ebusus, ya bajo el ala del Imperio, fue de las pocas ciudades que acuñó moneda romana. «Fue la última ciudad hispana en mantener la acuñación de monedas provinciales de bronce: mientras el resto de cecas peninsulares se clausuraron durante el gobierno de [el emperador] Calígula, Ebusus continuó hasta Claudio I y, de hecho, fue la única ciudad que emitió moneda provincial con este emperador», recuerda el historiador. Las razones de esta excepción, añade, «siguen siendo inciertas, aunque su condición insular pudo desempeñar algún papel: ¿una circulación de órdenes y noticias desde Roma más lenta o irregular? ¿Una situación administrativa y fiscal particular que justificara la continuidad?», propone.
Importancia «cualitativa»
La plata de Sant Carles ya fue importante para los cartagineses, herederos de los fenicios que se asentaron en sa Caleta en el siglo VIII y hasta el VI a.C. Pero, ¿hasta qué punto? «Su importancia para Cartago fue real, pero más cualitativa que cuantitativa. Era el principal recurso mineral metálico de Ibiza. En un territorio insular con recursos limitados, la galena argentífera de s’Argentera destaca como la excepción relevante; en clave púnica, esto la convierte en un activo estratégico para una isla integrada en redes cartaginesas. Con mi estudio, Ibiza parece haber contribuido en contextos de guerra y reorganización, lo que situaría a la isla como un foco proveedor (al menos puntual) de metal para emisiones vinculadas al ámbito púnico», desvela el historiador.
La mayor de las dos islas de los pinos, las Pitiusas, fue un importante punto de avituallamiento para muchas civilizaciones, entre ellas Cartago y Roma. Además de plata, aportaba la preciada sal, el oro de la antigüedad, y agricultura. Lo que se desconocía es hasta qué punto rindió de manera óptima s’Argentera.
Usos romanos limitados
«Si nos ceñimos a fenicios y cartagineses -apunta el historiador- yo diría que la mina fue relevante mientras se explotaron niveles superficiales (con los primeros filones argentíferos), probablemente en fases tempranas (fenicio-púnicas) y, como mucho, con usos romanos limitados; pero la [producción] óptima en sentido fuerte (capaz de mantener una explotación sostenida y con impacto económico claro) es, por la evidencia disponible, medieval-moderna y sobre todo industrial (siglos XIX–XX)».
Con un pasado tan agitado y relevante, los restos de esta explotación minera languidecen desde hace décadas presos del olvido. A día de hoy, s’Argentera se conserva como un conjunto minero abandonado con «restos visibles en superficie y un desarrollo subterráneo significativo, y además cuentan con protección patrimonial como BIC (Zona Arqueológica)», recuerda el historiador: «Me parece una reliquia de primer orden, pero también frágil y con riesgos».
Martínez considera que la mina «tiene un potencial excelente para su puesta en valor como patrimonio minero-industrial y geológico, con lectura en clave histórica, siempre que se aborde con un enfoque profesional». Sería fantástico, añade, «que se trabajara en un Plan Director, con un inventario detallado de estructuras, diagnóstico de conservación y priorización de intervenciones».
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