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Comidas solidarias

Comida de Nochevieja en Cáritas Ibiza: una red de apoyo mutuo para cerrar el año

Alrededor de 45 personas acuden a la comida solidaria que se ofrece en Cáritas de Ibiza para despedir el 2025 entre trabajadores, voluntarios y usuarios de esta entidad social. En la sala se escuchan varios idiomas, del norte y del sur global, y el perfil es más heterogéneo que antiguamente, en parte por la crisis de vivienda y por la llegada de nuevos flujos migratorios.

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Toni Escandell Tur

Toni Escandell Tur

Ibiza

No cabe duda de que los lazos interpersonales son una pieza clave, fundamental, para afrontar momentos complicados. Por eso en Cáritas se crean redes de apoyo no solo entre quienes acuden a esta entidad social y sus trabajadores, sino entre los propios usuarios y también entre éstos y los voluntarios. Una forma de soporte en estas fechas navideñas son las comidas especiales que se preparan en el comedor social de Cáritas Diocesana de Ibiza en los días señalados, como el 31. Es una oportunidad para que personas vinculadas de una forma u otra a dicha organización puedan despedir el año juntas y hacerlo con un menú diferente. A menudo se suman a esta cita personas que en el pasado habían acudido a servicios de Cáritas.

De forma indirecta, acaban siendo un mensaje de esperanza para quienes hoy se encuentran en una situación de vulnerabilidad debido a la problemática de la vivienda o bien a adicciones, a problemas de salud mental o, también, económicos asociados a la falta de papeles. La casuística es más variada de unos años a esta parte, no únicamente de adicciones y salud mental, que venía siendo el perfil mayoritario histórico de los usuarios del comedor social. Las cosas ahora son diferentes. Además, hay casos de adicción al juego o de personas que, si bien no duermen a la intemperie, tampoco tienen una vivienda como tal ya que están en vehículos o infraviviendas. También hay jóvenes migrantes que necesitan ayuda porque llegaron siendo menores no acompañados. Al comedor acuden personas de varios países del norte y del sur global.

Menú especial y donaciones

Al encuentro de este miércoles al mediodía acudieron alrededor de 45 personas y la residencia Reina Sofía, proveedor habitual de Cáritas, preparó para todos ensalada con miel y mostaza, crema de brócoli y queso gorgonzola y lubina gratinada con patatas asadas y pimientos caramelizados. De postre, uvas y polvorones. Además, hay que tener en cuenta que ha habido donaciones de alimentos y refrescos de empresas privadas como, por ejemplo, La Canela, Can Vadell, Palladium o Coca-Cola, detallan desde Cáritas.

La idea es que este «sea un lugar de paso», explica la monitora y responsable del comedor social de Cáritas en Vila, Sanaa Choueli. Y es que se trata de que todos dejen de necesitar este respaldo, porque eso significará que han progresado y recuperado su autonomía. De hecho, en algunos casos los usuarios acaban ejerciendo de voluntarios con una beca. Es una forma de preparar a las personas de cara a poder insertarse en el mercado laboral.

«Lo hacemos con las personas que creemos que han cumplido un proceso. En el comedor lo estamos haciendo como un proceso antes de conseguir los papeles o de poder salir a la calle a buscar trabajo», expresa Choueli, que añade que han notado la llegada de inmigrantes, principalmente de Colombia. También de menores extranjeros no acompañados o de jóvenes que hasta hace muy poco lo han sido. En este caso, recuerda, está la dificultad añadida de no conocer en un principio el idioma. Un chico argelino, ahora ya mayor de edad, charla un rato en español con este redactor y explica que le gustaría trabajar como cocinero.

Carestía en Ibiza

Un veinteañero marroquí que está a punto de cumplir los dos años en Ibiza explica que le queda poco para poder tramitar todo lo necesario para conseguir los papeles. Luego seguramente se marchará a otra zona de España: «La vida en Ibiza es cara, quiero casarme y formar una familia y aquí no puedo». Este joven es uno de los becados, por lo que se está preparando para cumplir sus metas en el mercado laboral, y habla seis idiomas: árabe, español, francés, inglés, alemán e italiano. Y es que antes de venir a España había vivido en Italia y Alemania. «He estado un año en la calle y ahora vivo en un albergue», explica a este diario sobre su paso por Ibiza.

Un hombre de Letonia que tiene como apodo ‘Creator’ dice, poco después de llegar al comedor: «Yo estuve en Cáritas, ahora no. Estoy aquí para ayudar a los demás». Ahora le gustaría abrir un comedor social él mismo para llevar a cabo la labor solidaria que también desarrollan Cáritas y otras entidades. «Vine a Ibiza hace once meses. Ahora tengo apartamento, así que estoy mejorando. Todo es posible. Ese es mi mensaje», añade.

También acuden al encuentro Hugo, de Colombia, y Ángel, de Venezuela. Ambos son usuarios y voluntarios. Llegaron a la isla hace nueve meses después de probar suerte en Alicante. Al estar en situación administrativa irregular, han tenido trabajos no estables, por horas o días. «No hemos podido conseguir empadronarnos, cosa que me parece muy injusta. Lo que uno quiere es avanzar, que es lo que vinimos a hacer, salir adelante. La verdad es que no quiero que Cáritas ni Cruz Roja me mantengan. Lo que buscamos es que su ayuda no haga falta. Mientras tanto, estamos más que agradecidos con ellos», expresa Hugo.

Nieves Nieto, trabajadora social del centro de día, observa: «Sin papeles no puedes trabajar y sin trabajo no puedes acceder a una vivienda digna. Es un círculo».

Un usuario italiano explica que actualmente duerme en una tienda de campaña. Agrega que le gustaría quedarse en la ciudad o comunidad que sea siempre y cuando pueda encontrar un trabajo estable.

Carolina, de Argentina, llegó a Ibiza hace cinco o seis años en plena temporada, con los precios del alquiler disparados. «Tener acceso a una vivienda digna es un derecho que tienen todas las personas», destaca. A pesar de las complicaciones, dice sentirse bien en Ibiza y señala, a modo de anécdota, que ha empezado un curso gratuito de catalán.

Yamile, venezolana, llegó a Ibiza en abril para trabajar de temporada y así lo hizo. En total lleva unos seis años residiendo y trabajando en España. «Donde consiga empleo yo me voy. La isla no es mala, lo malo es lo que ocurre con la vivienda», concluye.

Otra de las mujeres que acuden a esta comida lamenta que en Ibiza haya personas que tienen empleo pero que deben dedicar todo su salario al alquiler.

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