Trabajar bajo el océano Atlántico
David González Hernández es buzo industrial, una profesión de riesgo que desempeña desde hace 22 años

David González Hernández a punto de sumergirse / El Día
Leticia Dorta Lemus
Trabajar bajo el océano Atlántico no es nada común. Sin embargo, alguien tiene que asumirlo y el murciano afincado en Tenerife, David González Hernández, es una de esas personas.
Profesión de riesgo
González es buzo industrial, una profesión de riesgo que desempeña desde hace 22 años. Llegó a Canarias en el verano del año 2000, concretamente a Fuerteventura, donde hizo el servicio militar. Un amigo que estudiaba el grado medio de buceo le habló de esta posibilidad y no lo pensó. "Por aquel entonces tenía 20 años y no sabía qué hacer con mi vida. Así que hice el grado medio de buceo profesional y hasta el día de hoy", confesó. Este tipo de formación también existe en Tenerife y en otros puntos de la península.
En la actualidad, realizar el ciclo de grado medio de buceo profesional lleva dos años, pero cuando González lo hizo solo era "un año estudiando, tres meses de prácticas y tres meses de proyecto". Al terminar, comenzó a trabajar aunque aseguró que "no hay demasiada oferta laboral. Hay mucho más trabajo en Las Palmas", lugar en el que trabaja siempre aunque reside en Tenerife.
La rutina
La rutina de un buzo industrial como David González Hernández está llena de previsión. Al llegar al puesto de trabajo, lo primero que se hace es preparar todos los equipos: los cascos, que pesan unos 17 kilos, sacar los cordones umbilicales y demás utensilios. "Entonces, se hace el checklist -comprobar que todo está en perfecto estado- que lo hace el jefe de equipo. Después se hace el briefing -un documento que contiene el plan de obra- con todos los compañeros", contó.
Cinco personas como mínimo
El equipo mínimo para hacer las inmersiones es de cinco personas: un jefe de equipo y cuatro buceadores. Según González, el jefe de equipo no suele tocar el agua. "Se queda en superficie con el control del panel de gases, el vídeo y dirigiendo toda la operación de inmersión. También hay un plan de inmersión, es otro libro. Ahí está todo planificado y el trabajo a realizar", resumió.

El buzo industrial natural de Murcia a punto de introducirse bajo el mar / El Día
Algo de improvisación
La labor del buzo industrial no tiene demasiado espacio para la improvisación. "Tenemos mucha planificación y previsión, pero siempre se improvisa de alguna manera porque dentro del agua pueden surgir problemas", definió González. Prosiguió aclarando que "depende del trabajo que sea. Hay algunas obras que son todos los días iguales: sota, caballo y rey. Pero hay otras que van saliendo cosas y la dirección de obra da otras indicaciones y proponen cambios". Habló de planificación, en teoría, pero también de variación.
Sin preparación física
En cuanto a la preparación física de los buzos industriales, el profesional afirmó que no es necesario nada en especial. "Más que el acondicionamiento de ese tipo, es imprescindible la técnica", añadió. "Cuando son trabajos de carga, por ejemplo, los hace el que está más fuerte. O si son trabajos técnicos, los hace el más amañado. Depende. Nos compensamos entre todos", manifestó.
Mucho riesgo
El riesgo en cada una de las inmersiones es grande. La máxima profundidad a la que ha trabajado González se sitúa en los 48 metros. La descompresión ya es necesaria entre los 10 y 12 metros. "Depende del tiempo que pases a la altura del fondo, debes pasar más o menos tiempo en descompresión. También puedes tener más o menos riesgo. Hay que guardar la curva de seguridad, que se llama", razonó. "En los diques de Reina Sofía y Nelson Mandela, en el puerto de La Luz, estamos trabajando a 27 ó 28 metros de profundidad. Ahí usamos tablas y luego hacemos unos 10 ó 5 minutos de descomprensión", concluyó.
Miedo
El miedo suele estar presente en el trabajo del buzo industrial de Murcia. "Sí, a veces se pasa algo de temor. Una vez me dio un ataque hiperbárico grave", anunció. En ese momento, González empezó a tener dolores de espalda y "comencé a perder sensibilidad en la barriga. Poco a poco fue a más hasta que perdí la percepción de la cintura y las piernas. No podía caminar", narró. Lo sometieron a una cámara hiperbárica durante cinco horas. Salió caminando, pero "me quedaron algunas secuelas muy pequeñas".
"Ser buzo industrial es arriesgado. Sobre todo por el tema de las descompresiones y por la maquinaria y todo el material con el que trabajamos", puntualizó. Ahora están trabajando con bloques de 18 toneladas. "Se podría romper una cadena de uno de los lados y en el caso de que estés por un lateral o debajo, corres el riesgo de que te dé un golpe. Siempre hay que estar ubicado por un lateral o por encima. Nunca por debajo. Tampoco hay que situarse entre la carga y pared", situó.
Mucho más trabajo en Las Palmas
El puerto de La Luz, en Las Palmas, es uno de los puntos clave para el desarrollo de su labor. El de Murcia es un obrero bajo el mar: ampliaciones del puerto, diques, escolleras, emisarios o construcciones en general son algunas de las tareas de un buzo industrial. "También se limpian los cascos de los barcos, pero yo por ejemplo no hago ese tipo de tarea. Todo lo que sean obras bajo el mar, lo hacemos nosotros", aclaró.
Para David González el centro neurálgico de esta actividad está situado en Las Palmas: "Allí hay mucho más trabajo que en Tenerife porque el puerto de La Luz es mucho más grande y alberga mucho más trabajo", dijo. Ahora mismo, está trabajando en la realización de la rampa Zamakona del puerto grancanario. "Estamos en la zona de los astilleros, de donde sacan los barcos, demoliendo la estructura para hacer otra nueva", explicó.
Ampliación continua
Según el buzo industrial, la ampliación del puerto de La Luz es continua. "Este año hicimos unas cuantas obras: una zona de atraque para los cruceros, donde construimos unos diques de alba. También realizamos la ampliación de la escollera Nelson Mandela que fueron 300 metros de obra", enumeró.
Antes buzo industrial que camarero
David González Hernández no está enamorado al 100% de su profesión: "Bueno, al final no hay otra cosa. Siempre me dediqué a esto y tampoco me apetece estar buscando otra ocupación. En la crisis económica estuve trabajando de camarero y la verdad es que no me gustó. Llevo 22 años con esto. Fue mi primer trabajo con 23 y ya tengo 45 años", concluyó.
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