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Educación

El misterioso caso de los hornos cerámicos que hacen saltar los plomos

Los alumnos de cerámica de ses Escoles Velles de Sant Agustí llevan tres meses sin poder hornear sus piezas | El Ayuntamiento reconoce que «la potencia contratada no era suficiente»

Los dos hornos de Ses Escoles Velles de Sant Agustí. | D.I.

Los dos hornos de Ses Escoles Velles de Sant Agustí. | D.I.

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El misterioso caso de los dos hornos de ses Escoles Velles de Sant Agustí comenzó hace casi tres meses, en marzo, cuando el maestro ceramista Antoni Ribas Costa, Toniet, sacó de uno de ellos varias piezas de sus alumnos aún crudas. Comprobó que era consecuencia de que habían saltado los plomos. Reconectó la energía y probó entonces con el otro aparato. Ocurrió lo mismo.

Los alumnos guardan sus cerámicas dentro para protegerlas hasta que se puedan cocer. | D.I.

Los alumnos guardan sus cerámicas dentro para protegerlas hasta que se puedan cocer. | D.I.

Y desde entonces. Los alumnos de cerámica de ses Escoles Velles, divididos en dos grupos de 15 personas cada uno (las clases comienzan en octubre), no pueden desde aquel día cocer sus trabajos. Dentro de los hornos y en estanterías se acumulan «más de un centenar» de piezas a la espera de ser horneadas, calcula Toniet. Y sin ese paso, ninguna puede ser transportada a ninguna parte. Ni a otro horno. Es más, si no se dan prisa, se podrían quebrar hasta sus esmaltados.

Este asunto se trató en el pleno ordinario de Sant Josep el pasado jueves gracias a la pregunta que formuló una de las alumnas, Margalida Prats, al final de la sesión en nombre de todos los aprendices de ceramista, preocupados porque están a final de curso: acaba el 20 de junio y sólo tienen tres clases más hasta entonces. Respondió el alcalde, Vicent Roig: «Es un problema que tenemos con la instalación eléctrica de la zona. Estamos intentando solucionarlo, pero no es fácil porque se tiene que hacer una ampliación de la instalación. Si fuera una casa particular, sería muy fácil, pero somos una Administración». Propuso trasladar las piezas al horno de Sant Jordi, pero Prats le recordó que, sin cocer, «se romperían las piezas». «No nos explicamos -añadió- por qué hasta marzo se pudo utilizar y ya no», a la vez que deslizó uno de los temores de los afectados: que el Consistorio hubiera reducido la potencia contratada con Endesa. «Eso también nos lo preguntamos nosotros. Pero no se ha quitado potencia, sigue todo exactamente igual. Indagamos. Los propios electricistas que han ido tampoco lo entienden», afirmó Roig, que, a la vez que se disculpó, sugirió que «es una instalación que tiene sus años, que no es nueva y que no ha tenido el mejor mantenimiento posible».

Este diario se interesó a mediados de mes por este asunto y preguntó al respecto al Ayuntamiento, desde donde se respondió que «el suministro funcionaba correctamente con el contador antiguo, pero la compañía instaló uno nuevo y se detectó que la potencia contratada no era suficiente». El Consistorio ya ha «tramitado el cambio de boletín eléctrico y de potencia», para aumentarla: «Una vez Endesa haga efectivo el cambio, todo volverá a la normalidad. Es una gestión externa que depende directamente de la compañía». Toca esperar, pues.

Esta respuesta de hace dos semanas da más detalles que la ofrecida en el pleno y despeja las dudas y los temores de los alumnos, que no entendían qué estaba ocurriendo: «Cuando empezaron a fallar, Toniet revisó los hornos, pero no eran el problema. Los hornos funcionaban, no tenían ninguna avería, pero en cuanto se ponía uno en marcha (sólo uno), al cabo de un rato saltaban los plomos y se apagaba», explica Eduardo Tejada, otro de los alumnos.

Seis hornadas a la espera

Toniet habló con la concejala de Cultura, María José Ríos, «y todo fueron buenas palabras, que ya mirarían...», indica Tejada, que también se reunió más tarde con ella, con idéntico resultado. Incluso enviaron una carta firmada por 19 alumnos.

«Sospechamos -apunta Tejada- que a lo mejor han bajado la potencia y que por eso salta. Pero el Ayuntamiento nos dice que no, que no la ha bajado, que a lo mejor es por un congelador, pero un congelador gasta 300 vatios y uno de estos hornos gasta 6.500 vatios y el otro, 7.500. Y durante tres años no ha saltado nunca, lo que quiere decir que no había ningún problema».

«Esto no me ha pasado en los 30 años que llevo dando clases para el Ayuntamiento», indica Toniet, que está seguro de que lo ocurrido se debe, «claramente, a que ha habido una reducción de potencia». Recuerda que mientras se resuelve el problema «hay unas seis hornadas esperando, el trabajo de casi tres meses, más de un centenar de piezas».

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