Fira de la Sal, Documental | Patrimonio
El mundo de los salineros, una isla dentro de Ibiza

Imagen de finales de los años 20 donada por la familia Valls-Planells. | ENRIQUE VILLALONGA

La Fira de la Sal de este año tendrá como principal novedad el estreno de ‘Relats de Sal’, un documental del Museu Etnogràfic d’Ibiza sobre el oficio de salinero y la comunidad que se constituyó en torno a esta industria milenaria. La historiadora Susana Cardona y el realizador Enrique Villalonga vuelven a trabajar conjuntamente en esta cinta, que se estrena este jueves, a partir de las 19.30 horas, en la plaza de la iglesia de Sant Jordi, en el que será el acto inaugural de la feria.

Susana Cardona, Antoni Ferrer Abárzuza y Enrique Villalonga en el antiguo muelle salinero de la Xanga. | / di
La implicación de Cardona, que es la conservadora del Museu Etnogràfic, ha ido más allá de su responsabilidad como guionista. Como jordiera y nieta de salinero, también ha acabado surgiendo una parte emocional en el rodaje. Así, entre la veintena de entrevistados que conforman el documental, se encuentra Joan Planells, Torrilles, de 95 años, el último superviviente de la generación que aún llegó a extraer y cargar manualmente la sal.

Catalina Guasch, la última mujer contratada por Salinera. | ENRIQUE VILLALONGA
Torrilles fue compañero de trabajo del abuelo de Cardona, así que ella pudo ahondar más en sus orígenes. Hasta los años 60, cuando empezó todo el proceso de mecanización de la industria salinera, llegaban a desplegarse hasta 1.500 personas en plena época de extracción. Hoy en día, esta misma labor se lleva a cabo con una plantilla de 13 personas.

Joan Orvay, extrabajador de ses Salines, en el muelle de sa Canal, el ‘guafe’. | ARXIU HISTÒRIC
Se da la circunstancia de que muchos de los actuales operarios de Salinera Española son hijos, nietos y biznietos de saliners. Este cariz humano, a través de la memoria oral de los trabajadores (antiguos y actuales) sirve al documental para adentrarse en las especificidades culturales y sociales de una comunidad formada entre Sant Jordi de ses Salines y Sant Francesc de s’Estany (con los núcleos de sa Revista y de sa Canal).
Los topónimos de estas dos parroquias ya dejan clara su dependencia histórica de la industria salinera. Pero aún hay otro topónimo que solo usan una parte de estos vecinos y que deja entrever un cierto microcosmos en esta comunidad respecto al resto de la isla. Se trata de «Allà dins», la palabra con la que los jordiers designan la parte sur de los estanques.
Cardona apunta que la delimitación de este territorio empezaría en «el refugio». Así se denomina (siempre en castellano) a la construcción que servía de alojamiento temporal a los trabajadores provenientes de cualquier rincón de la isla durante la época de extracción de sal. Se encuentra pegada a la carretera de ses Salines, a un centenar de metros y en el mismo lado que la iglesia de Sant Francesc.
La rivalidad de los pueblos
Un concepto como allà dins implica un distanciamiento respecto a la gente que allí vivía. No en vano, la atávica rivalidad entre Sant Jordi y Sant Francesc ha sido la más encarnizada de la isla, hasta que la segunda parroquia se quedó sin colegio y, en la práctica, fue absorbida por la vecina del norte. Eso sí, queda como legado el apelativo de matacuques para los jordiers y de freixurers para los de Sant Francesc, ahora con intenciones más humorísticas que despectivas.
«Yo siempre digo que los jordiers somos hijos de saliners y de mijorals», resume Cardona. Al ejercer de polo de atracción de mano de obra para la industria salinera, «aquí se encuentran todos los apellidos». «Esto ha influido mucho en la evolución del espacio y la comunidad», destaca.
La llegada de barcos del norte de Europa para cargar la sal también propició que estos vecinos, sobre todo los de Sant Francesc, trataran con frecuencia con los operarios extranjeros que venían embarcados y que se conocían como jans, otro concepto específico de estos lares.
Por un lado, a pesar de la barrera idiomática, se daba un intercambio cultural. Así y todo, tenían una imagen más bien negativa: «Lo primero que hacían al desembarcar era beber en Ca na Salvadora [el antiguo bar de sa Canal] y solían salir muy borrachos. Las mujeres les temían». Los jans también desaparecieron en los 60, ya que las grandes compañías nórdicas que compran la sal de Ibiza subcontratan el transporte.
Además de esta vertiente etnográfica a partir de los testimonios de los trabajadores salineros, en el documental también se entrevista al historiador Antoni Ferrer Abárzuza y el geógrafo Josep Antoni Prats para conocer el origen de ses Salines.
La riqueza cultural
Si Cardona ya estaba familiarizada con la idiosincrasia salinera por sus orígenes, para Enrique Villalonga, de Dalt Vila, este trabajo le ha permitido reafirmarse en que «hay muchas Eivisses dentro de Ibiza». «La riqueza cultural y sociológica de cada zona tiene sus peculiaridades y unas tradiciones específicas», valora.
Como realizador, el responsable de Filmótica Studio lo ha podido constatar en los trabajos anteriores que ha llevado a cabo con Susana Cardona para el Museu Etnogràfic, como ‘Els passos de Sant Miquel’ o ‘Sonadors, intèrprets de la tradició’. También quedan por estrenar los documentales sobre los pasos de sa Cala y de los municipios de Santa Eulària y de Sant Antoni.
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