Entrevista | Ben Clark Poeta

Ben Clark, poeta: «No me puedo permitir una mayoría de edad en Ibiza»

La gentrificación le persigue. Es la sensación de Ben Clark, poeta ibicenco. Se marchó a Málaga huyendo de los precios del alquiler de Eivissa y se fue de Málaga por lo mismo. Ahora vive en Mérida, hasta que las redes sociales lo permitan.

El poeta ibicenco Ben Clark. | MAGDALENA SIEDLECKI

El poeta ibicenco Ben Clark. | MAGDALENA SIEDLECKI

Matías Vallés

Matías Vallés

Ben Clark (Ibiza, 1984) es hijo de hippies británicos llegados a finales de los setenta a la isla donde nació pero no puede vivir. Es quizás el mejor poeta de su generación, con los premios Loewe, Ojo Crítico, Hiperión y el Premio de la Crítica del año en curso por ‘Demonios’.

Para que se haga cargo del tipo de entrevista: «¿De dónde diablos es usted?».

Jajaja. De Ibiza, sin duda, ejerzo de miembro de una comunidad cosmopolita y muy europea. Fuera se sorprenden de que haya ibicencos, nunca se lo habían planteado, la ven como una isla de pasarse y de paso.

Pero no vive en Ibiza, no puede permitírselo.

Ahora mismo, y fuera de regresar a la vivienda familiar y recuperar el estado adolescente, no puedo permitirme una mayoría de edad en Ibiza.

Fue el «primero del clan en nacer bajo el sol».

Mi origen es británico, y por una circunstancia azarosa inauguro en Ibiza un ciclo familiar. Lo cual me obliga a pensar que los conceptos de nacionalidad son abstracciones, no los llevamos en la sangre.

¿Qué tiene que ocurrir para que regrese a Ibiza?

Todavía somos jóvenes. He amado mucho a Ibiza, y siento que ahora no puedo participar de ese amor y de ese sueño. Crecí en la isla en los noventa, cuando recuperamos el catalán y establecimos vínculos culturales con Barcelona o Madrid.

¿Es posible una marcha atrás?

La única solución posible es la regularización, tanto de los mercados de alquiler como del crecimiento. Y desde luego que no se regulará sola, con lo cual acabaremos siendo un St. Tropez para millonarios y evocaremos que «yo crecí en Ibiza».

«No determina el agua lo que es isla».

Hay una actitud que he encontrado en muchas expresiones artísticas y que se ha llevado hacia la parodia. Por ejemplo, en la película ‘Lucía y el sexo’, que por otro lado me gusta bastante, se transmite la idea de que las islas se van poblando de seres descastados, o que huyen de algo.

Sus padres hippies inventaron la Ibiza hipertrofiada.

Se inventó pero no es la Ibiza auténtica, sino una mitomanía. Cuando se esgrime la tendencia a la nostalgia, nos referimos a la etapa hippie porque es más sexy que la del autoabastecimiento, representada por gentes que durante siglos quisieron vivir de una manera sostenible.

Ibiza, Málaga, Mérida, de inundación en inundación.

Me marché de Ibiza por el precio del alquiler. Fui a la fantástica Málaga, que es nuestra Florida, y también llegó la gentrificación. El mismo problema nos persigue a todos y a mí en particular. Mérida resistirá hasta que las redes sociales pongan el foco en sus tesoros.

No cerraban su casa de Ibiza con llave.

Es un lugar común, pero nuestra casa nunca tuvo llave, la descubrí por primera vez en el piso donde viví cuando estudié en Salamanca. Nunca se planteó la posibilidad de que nos pasara algo en la isla, pese a los avisos de los comerciantes que te regalan miedo para venderte seguros.

¿Por qué me parece una persona tan feliz?

No soy optimista respecto al futuro, pero no puedes ser un buen pesimista si no tienes sentido del humor.

¿Haber nacido en el año de Orwell tiene algo que ver?

Siempre me ha interesado la numerología y me siento fatalista. Además, mi tío abuelo conoció a Orwell y también formó parte de las Brigadas Internacionales. Estoy muy conectado con su idea de libertad, y con el mundo del ‘Gran Hermano’ de mi año 1984 en el que ya vivimos.

¿La revolución ni se planteó?

En Ibiza ni se plantea, tienen muy claro que la gente va a llegar siempre. Cuando la mano de obra no pueda trabajar allí y la máquina deje de funcionar, los empresarios buscarán soluciones.

Atacó a los explotadores de Balears y se montó un belén.

Un circo grande, porque los empresarios turísticos estaban acostumbrados a sacrificar cada año la gallina de los huevos de oro, confiando en que resucitaría a la temporada siguiente. Hasta que llegaron la pandemia y mi artículo, que causó gran indignación porque había mucho miedo. Dije la verdad, una macrodiscoteca es un hangar vacío.

«Me propuse crear un gran poema».

Siempre hay que proponérselo, la poesía tiene la virtud de acompañarnos y se ve favorecida por su brevedad. Es muy íntima, fácil de incorporar y rescatar.

¿Por qué no escribe en inglés, y le entenderían todos?

Suelo escribir en el idioma que habito en ese momento. Mi vida cultural ibicenca era en catalán, el castellano al estudiar en Salamanca, y acabaría escribiendo en inglés en un país con ese idioma. El regreso a Ibiza significaría recuperar la lengua de mi primer libro, ‘Secrets d’una sargantana’.

¿Acabará siendo un adulto?

Acabaré, hacia los ochenta años más o menos.

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