Ciclo de conferencias
«Ibiza tiene una deuda pendiente con ‘Portmany’, un genio»
El presidente de la Fundació Carloandrés opina que en los últimos años no se le ha prestado la atención que se merece al pintor ibicenco, «un genio» del que «solo se conoce la punta del iceberg»

El artista ibicenco Antoni Marí Ribas 'Portmany'. / Colección de la familia

Este año se cumple medio siglo de la muerte de Antoni Marí Ribas Portmany y para recordar su figura la biblioteca municipal de Ibiza ha organizado este próximo 12 de enero a las 20 horas una conferencia, que impartirá el investigador y gestor cultural ibicenco Andreu Carles López Seguí. En su charla hará un repaso a la biografía y la trayectoria profesional de «un artista ibicenco por estudiar, del que todavía hay mucho que decir y del que solo se conoce la punta del iceberg».
Para documentarse, López Seguí ha echado mano principalmente del material que atesora sobre el dibujante la Fundació Carloandrés, que él preside, y de la biografía ‘Antonio Marí Ribas Portmany: el dibujante de Ibiza’, escrita por Daniel Giralt-Miracle. «Hay muy poca información sobre este artista, dos o tres publicaciones», insiste el hijo del pintor Carloandrés. Lo comenta después de sacar a relucir el nombre de Alfons García Ninet, «un gran admirador y coleccionista de Portmany y la persona que más ha promocionado su obra en los últimos años».

Material sobre ‘Portmany’ donado por Alfons García Ninet al Aheif. / Vicent Marí
El gestor cultural ibicenco recuerda que en 2022 García Ninet donó al Arxiu Històric d’Eivissa i Formentera (Aheif) todo el material que había recopilado del genio ibicenco, como fotografías, correspondencia, programas y catálogos de sus exposiciones. «Portmany no es un artista olvidado, pero es verdad que no se están haciendo los trabajos que se podrían desarrollar, por ejemplo, a partir de toda la documentación donada por Ninet», señala.
López Seguí conoció en persona al pintor y dibujante, que era muy amigo de su padre. «Yo entonces era un niño y él me parecía un señor mayor. Lo visitaba en la calle de Sant Josep, en Dalt Vila, en el caserón enorme en el que vivía, donde tenía su estudio y un almacén en el que guardaba sus dibujos y una colección gigantesca de piezas de etnología, como muebles, trajes payeses, joyería típica ibicenca y otras antigüedades con las que comerciaba como delegado de Josep Costa Ferrer Picarol». El también editor y librero de Finis Africae describe al dibujante como «una persona muy humilde, amable, respetuosa, pausada, tranquila y bastante silenciosa a la que no le gustaba mucho hablar por hablar».
La imagen de Portmany que López Seguí guarda en el recuerdo es la misma que seguramente les vendrá a la cabeza a los que tuvieron la oportunidad de ver al artista en acción: A los pies del Portal de ses Taules, vestido con un atuendo sencillo y un sombrero de paja, «dibujando con un caña, que cortaba con un cuchillito y que mojaba en la tinta que depositaba en un agujero que todavía se conserva en el pretil de piedra del Rastrillo». «Recuerdo muy bien su gesto entornando los ojos para captar la luz», cuenta.
La zona del Mercat Vell, sobre todo, y el puerto de Vila eran los espacios que más frecuentaba este «artista urbano» que sobre todo dibujó escenas de la ciudad de Ibiza. «También hay algún dibujo, pero pocos, de Palma y de Barcelona, ciudades en la que vivió», menciona.
El salto del óleo a la tinta
De orígenes humildes, Antoni Marí Ribas nació en Ibiza en 1906 de padres naturales de Sant Antoni, de ahí su malnom, Portmany. Según detalla Catalina Verdera en la Enciclopèdia d’Eivissa i Formentera (EIF), «a los once años entró a trabajar de pintor con el maestro decorador Antoni Palau, que también se dedicaba a la compraventa de antigüedades». El artista Narcís Puget Viñas y el profesor Manuel Sorà Bonet fueron los que le animaron a dedicarse a la pintura artística. Como detalla Verdera, en los años veinte del siglo XX se fue a vivir durante un tiempo a la Ciudad Condal y allí estudió «en la Escola de Pràctiques Gratuïtes per a Aprenents de la Unió i Germandat de Mestres Pintors de Barcelona».
En 1933 realizó en la Sociedad Ebusus su primera exposición individual, en la que presentó «45 óleos y cinco dibujos». «Portmany, como casi todos, empezó pintando al óleo, pero a partir de 1945 se centró en el dibujo y es con esa forma de expresión que fue un artista rompedor», apunta el presidente de la Fundació Carloandrés.
Según Catalina Verdera, el artista ibicenco dejó una obra muy extensa «de más de 10.000 dibujos». Ese dato lo menciona López Seguí junto a otro que aparece en la obra de Giralt-Miracle, que sostiene que Portmany «podía hacer hasta 40 dibujos diarios».
Obras que son «pura caligrafía»
Hay estudiosos y críticos de arte que establecen paralelismos entre los trabajos del ibicenco y los de grandes maestros como Rembrandt o Goya, pero López Seguí opina que «no se le puede comparar con nadie porque tiene un estilo muy particular». «Es un pintor de una enorme originalidad y que creó una escuela propia, un genio con una forma de expresión propia y única y una técnica magnífica», subraya. «También se ha dicho de Portmany que es un artista que tiende a la abstracción», pero según el hijo de Carloandrés, «es un creador figurativo que retrata motivos realistas, como un barco en el puerto, un pescador o un limpiabotas». Para el gestor cultural, los dibujos de este «genio» son «pura caligrafía». «Su obra la veo más cercana a las tintas orientales de creadores chinos y japoneses que al trabajo de artistas occidentales», afirma.

‘L’enllustrador del Born’, obra de ‘Pormany’ de la Fundació Carloandrés. / Fundació Carloandrés
A pesar de ser un creador muy prolífico, Portmany tuvo que compaginar el arte con otros trabajos. «Fue mayoral en una finca de Santa Eulària, también vendió antigüedades y el Marqués de Lozoya, gran admirador de su obra, consiguió que lo nombraran guarda de la necrópolis de Puig des Molins», explica el investigador ibicenco.
Asimismo, López Seguí relata, entre «los episodios más tristes de su historia», que el dibujante quiso legar en vida todos sus obras y sus objetos a la ciudad de Ibiza, pero no fue posible porque el Ayuntamiento fue posponiendo el asunto hasta que ya fue demasiado tarde.
El gestor cultural considera, en cualquier caso, que «Portmany fue un artista reconocido en vida tanto en Ibiza como en el exterior». «Las personas vinculadas al mundo del arte en las Pitiusas siempre valoramos su obra, pero la gran promoción proviene de críticos y estudiosos del arte de fuera de Ibiza, como el Marqués de Lozoya o Giralt-Miracle», dice.
En los últimos años, sin embargo, el investigador considera que «no se ha prestado a Portmany la atención que se merece» y tiene claro que «Ibiza tiene una deuda pendiente no solo con él sino con todos los artistas que han trabajado en la isla durante el siglo XX». Para saldarla, explica, no basta con comprar obra de los autores, hacer homenajes u organizar exposiciones retrospectivas, hace falta, por ejemplo, «estudiar a fondo su biografía y su trabajo».
«Sería muy bonito que alguno de los futuros alumnos de Historia del Arte de la Universitat de les Illes Balears (UIB) centraran sus tesis en los pintores de Ibiza», señala. López Seguí va más allá y hace otra propuesta: «Ibiza debería tener, como cualquier ciudad europea, un museo dedicado a todos los artistas ibicencos del pasado siglo». En ese espacio, por supuesto, habría una sala dedicada a Portmany, del que el investigador hablará largo y tendido en el ciclo de conferencias del Ayuntamiento de Ibiza, que incluye una charla más, el 19 de enero, dedicada a Narcís Puget, que ofrecerá Maria Lena Mateu Prats.
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