Cuando el deporte sirve para encajar mejor en el mundo

La Diada Solidaria de Addif celebra su sexta edición con una jornada llena de actividades deportivas y musicales en la sede de la asociación de Vecinos de San Pablo, y que sirvió para financiar actividades sociales e inclusivas a través del deporte

Gonzalo Jiménez apunta en una libreta el nombre de los participantes y los reparte por grupos. Los equipos son rotatorios y todos deben participar. En cada grupo debe haber dos chicos de Addif (Asociación de Deporte Adaptado de Ibiza y Formentera) y un miembro de los tres equipos de petanca que han colaborado en la iniciativa -han venido clubes procedentes de Vila, Sant Jordi y Santa Eulària-. Este torneo de petanca en formato tripleta mixta inclusiva es el primer acto de la sexta edición de la Diada Solidaria de Addif, una jornada cargadísima de actividades que se desarrolló durante el día de ayer en la sede de la Asociación de Vecinos de San Pablo, en Ca n’Escandell.

«Mi hijo se llama Álvaro», comenta Gonzalo mientras señala a uno de los chicos que juegan a la petanca. Le pregunto en qué consiste su diversidad funcional: «A ver, a Álvaro le llamamos ‘el de los 1.000 síndromes’ porque lo pilla todo. Está tocado, pero se espabila». Comenta Gonzalo que, gracias a Addif y a la colaboración de clubes e instituciones, Álvaro ha empezado a hacer deporte según sus capacidades: «Hace tenis, pádel, atletismo inclusivo. Él, por ejemplo, no corre, pero va dando vueltas por la pista de atletismo. No puede saltar, pero sí puede lanzar peso». Por si fuera poco, también participa en la compañía de teatro inclusivo Vaporustedes.

«En la asociación hay de todo. Personas con problemas físicos, con enfermedades raras, con autismo… cada uno tiene lo suyo, pero todos hacen deporte, que es de lo que se trata. Y también intentamos que tengan una inclusión laboral», resume.

Cuando el deporte sirve para encajar mejor en el mundo  | FOTOS DE D.V.

Antonio y Carmen con su hijo, que tiene reconocida una discapacidad del 92%. / D.V.

Mientras unos juegan a la petanca, hay una mujer que no se detiene ni un segundo. Ejerciendo una admirable labor de multitarea, atiende el puesto donde se venden los tiques de la rifa solidaria, pega los carteles de la actividad en la pared, supervisa que no les falte de nada a los cocineros, recibe a los artistas que participarán en las actuaciones programadas y saluda afectuosamente a las familias de la asociación. Ella es Myriam Martín, presidenta de Addif: «El deporte es primordial para la autoestima y las relaciones sociales de todos ellos. Les sirve para desarrollarse como personas y para relacionarse con el mundo», explica.

Actualmente, Addif atiende a 65 personas con diversidad funcional, que participan en la asociación conjuntamente con sus familias. Una de las socias más veteranas es Pepita Suárez, que entró en Addif hace 15 años: «Entonces sólo habían 10 chicos. Éramos muy poquitos pero hemos ido creciendo poco a poco, como debe ser». Tiene un hijo de 36 años que sufre parálisis cerebral y, mientras narra su experiencia, Pepita demuestra que es una optimista empedernida: «A mi hijo cada vez le cuesta menos estar en el mundo. En estos años, las cosas han mejorado. Cada vez hay más jornadas inclusivas y eso les beneficia muchísimo. Tenemos más recursos. Ahora está en la residencia de Can Raspalls».

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El Coro de la Hermandad de Sant Antoni fue uno de los participantes de las actividades artísticas y musicales. / Vicent Marí

Unidos en la diversidad

Una entusiasta de estas jornadas es Sara, una joven de 26 años que sufre el síndrome de Weaver que, según el portal de enfermedades raras Orpha.net, es un trastorno multisistémico caracterizado por talla alta, hipertelorismo -distancia entre los ojos más grande de lo normal-, retrognatia -falta de proyección de la mandíbula- y discapacidad intelectual variable. «Yo estoy súperbien -comenta risueña-. Además soy muy buena con el pádel y he participado en campeonatos de España», presume. Sara irradia felicidad porque le gusta su trabajo -«soy ayudante de cocina en el colegio Mestral»- y porque, gracias al deporte, está conociendo mundo: «Voy de viaje, salgo a competir fuera. Soy muy feliz».

Mónica y Maribel regresan del torneo de petanca inclusivo. Para ellas el deporte también les ha servido para encajar en el mundo: «Yo hago piscina, pádel, baloncesto, bádminton, fútbol… y de todo, lo mejor es socializar y tener compañeros. No competir, no compararse, sino ser un equipo y estar unidos», explica Maribel con pausa y muy convencida de sus palabras. Mónica le secunda: «Compañerismo, amigos y respeto. Esto es lo que ganas».

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La jornada también fue un día de incesante actividad por parte de los organizadores. / Vicent Marí

Tampoco ha faltado a la cita el hijo de Antonio Martín y Carmen Conesa, aunque su participación deportiva de hoy se limitará a la petanca. A causa de problemas en el parto, sufre una parálisis cerebral y tiene reconocida una discapacidad del 92%. Se desplaza en silla de ruedas. Antonio intenta contener la emoción cuando relata la experiencia de su hijo: «Está en la residencia de Cas Serres donde hace sus actividades, sus cosillas, sus dibujos...». Lo que suele atormentar a los padres en esta situación es qué será de sus hijos cuando ellos falten, aunque Antonio está tranquilo: «Sus otros hermanos le cuidarán. Amor no le falta ni le faltará nunca. Somos una piña… y qué más quiere que le diga».

Carmen, la madre, conduce la silla de ruedas de su hijo, que hoy está de un humor extraordinario. Comenta que han solicitado la ayuda del próximo año del Consell para personas en esta situación. Tener a un hijo con necesidades especiales supone también un gasto muy considerable: «Fisioterapia, gafas especiales, parafarmacia, la silla. Hemos adaptado el baño de casa. Son muchas cosas».

«Bueno, pues ya veis. Es importante participar y recaudar fondos para que podamos seguir organizando actividades», completa la presidenta de Addif, Myriam Martín, una profesora de Educación Especial que siempre tuvo clara una cosa: «Desde que tengo uso de razón me he querido dedicar a esto», y señala que se prevé reunir a 350 personas para el gran arroz de matanzas solidario que se celebra a las 14 horas y que se puede degustar a un precio módico: arroz, ensalada, vino, agua, fruta y bunyols por 12,50 euros y, en el caso de los niños menores de 10 años, 8 euros. Además, también hay café caleta a 1,5 euros.

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Los cocineros posan ante la paella en la que se prepara la carne que acompañará un multitudinario arroz de matanzas. / Vicent Marí

«En total son 60 kilos de arroz y 80 kilos de carne: 40 de pollo, 30 de costilla y 10 de magro», comenta Vicent Marí, jefe de cocina del cátering s’Olivera, y una persona que no se deja amilanar ante la enorme responsabilidad de dar de comer a tanta gente: «Estoy acostumbrado. Hemos preparado paellas para actos del Ayuntamiento, del Consell, para escuelas. ¡Todo está bajo control!».

Para amenizar la espera, la actividad en el escenario es incesante. Con Jesús Rumbo como maestro de ceremonias, se suceden las actuaciones de Julián Baena, la Colla de Vila, Vicent Frit, la Compañía de Alumnos de Yolanda Crespo, el Coro de la Hermandad de Sant Antoni, el mago Albert, la Academia Passion Dance & Centro de Danza, el grupo de teatro musical de la asociación de vecinos de San Pablo, el dúo flamenco Taty y Antonio y la banda de versiones Esta me la sé. Y tras el arroz y la entrega de premios, la jornada culmina con un torneo de fútbol sala. Un torneo con equipos mixtos e inclusivos, como no podía ser de otra manera.

Cuando el deporte sirve para encajar mejor en el mundo

No faltó ni el buen humor ni el compañerismo. / Vicent Marí

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