Salud

Simula ser prostituta para vacunarse contra el Papiloma Humano

Una pontevedresa tiene que fingir ejercer la profesión para recibir las dosis sin coste en el Sergas

Isabel posa con su camiseta, que reza "Son puta!", para poder recibir sus dosis gratuitas para inmunizarse contra el VPH.

Isabel posa con su camiseta, que reza "Son puta!", para poder recibir sus dosis gratuitas para inmunizarse contra el VPH. / RAFA VÁZQUEZ

Gala Dacosta

on puta!”. Es el ineludible mensaje escrito en la camiseta con la que acudió este jueves Isabel Castro a su centro de salud de Ponte Caldelas para vacunarse. Realizó esta simulación para llamar la atención sobre la política de vacunación del virus del Papiloma Humano (VPH). Según ella misma explica, a las mujeres gallegas nacidas después de 1994 se las ha incluido en el plan de vacunación universal y gratuita contra el VPH; sin embargo, el resto de mujeres son comprendidas solo en estos tres supuestos: tener una enfermedad grave, haber sido trasplantada o declararse como prostituta. Aclara que también se les ofrece la vacuna a los hombres homosexuales y a las personas que consuman drogas, pues el Sergas entiende que se trata de dos colectivos propensos a contraerlo y en el centro de salud de Ponte Caldelas al que acudió llegaron a darle argumentos ligados a la responsabilidad: son los denominados grupos de riesgo.

Ante unos supuestos que considera “estigmatizantes”, esta pontevedresa, que contrajo el virus de joven pese a haber empleado siempre preservativo (lo cual demuestra que no es una cuestión de responsabilidad), dijo ante sus médicos ser prostituta para poder optar a inocularse contra el VPH de manera gratuita. De lo contrario, cada una de las dosis le costaría entre 200 y 300 euros de su bolsillo. Señala que en Portugal, por ejemplo, sale más barata: “Llegaron a decirme que fuera a comprar la vacuna allá porque la tercera dosis te la ahorras”, dice entre la indignación y el asombro, “a costa de mi salud”. Como ella, muchas mujeres nacidas antes de 1994 prescinden de la vacuna por motivos económicos mientras que son las más afectadas por esta enfermedad.

A pesar de haberlo contraído de joven, Isabel dice estar desarrollando el virus ahora por encontrarse más débil, pues padece anemia. Ante esto, la vacuna es esencial. Explica su reivindicación así: “No entiendo por qué no nos ponen la vacuna a nosotras como a los hombres homosexuales, ya que tenemos más probabilidades de contraer el virus y de desarrollar cáncer. Me dijeron que los hombres con prácticas homosexuales tienen mayor incidencia de contagio que las mujeres, sea cual sea su práctica sexual. Cuando miré las estadísticas, me encontré con que ellos tienen una incidencia de contagio del 75% frente al 80% en mujeres, por no hablar de que a las lesbianas tampoco las cuentan como grupo de riesgo”.

A pesar de que tiene una lesión de bajo grado en el cérvix, pudiendo ésta ser premonitoria de un supuesto cáncer de cuello uterino, el Sergas “siguió en sus trece” porque no pertenece a uno de los colectivos sociales que optan a inmunizarse de manera gratuita ni tiene una enfermedad considerada grave: “Mientras la lesión que tengo no sea precancerígena o de alto grado, no me la pondrán”, denucia. La primera dosis la recibió este jueves en su centro de salud de Ponte Caldelas. Tendrá que volver allí en seis meses para recibir las otras dos dosis. Además, se ha inoculado contra el virus de la hepatitis, que se incluye en el plan de vacunación cuando una mujer ejerce la prostitución (como ella tuvo que fingir que ejerce) y consta de dos dosis.

Madre de dos hijos con necesidades especiales y cabeza de familia monoparental, Isabel reclama a Sanidade que las mujeres accedan sin coste a una vacuna que puede ser imprescindible. En toda España, a partir de este año se inyectará también a los hombres y no solo a las mujeres, nacidos a partir de 2011. La vacuna lleva tiempo en escasez mundial, y las administraciones públicas tienen que dosificarlas eligiendo qué grupos tienen prioridad.

Lesiones de bajo grado

A lo largo de su historia clínica, Isabel dice haber sufrido violencia obstétrica y un trato desigual por ser mujer y quiere aprovechar la oportunidad para reclamar los derechos de todas a ser tratadas con dignidad cuando acudan a una consulta médica. Dice, además, que el mensaje que parece enviar el Sergas cuando no pone la vacuna a todas las mujeres, es “que los hombres puedan hacer lo que quieran, mientras conozco a muchas mujeres con lesiones de bajo grado fruto del VPH. Si hay el mínimo riesgo, nos tendrían que cubrir de manera gratuita”, concluye esta paciente que invita a todas las mujeres a reclamar su vacuna.