Fiesta del monopatín en Ibiza en la rampa de Can Guerxo

La mini rampa de Sant Jordi queda inaugurada en una jornada con los más pequeños como protagonistas y con el plato fuerte de una exhibición de jóvenes talentos a nivel nacional, entre otras actividades

Pablo Sanz Padilla

Pablo Sanz Padilla

Sant Jordi ya cuenta con su rampa de skate particular, y ayer quedó oficialmente inaugurada, con patinadores de renombre nacional y un ambiente tan festivo como familiar. Las inmediaciones del polideportivo de Can Guerxo se llenaron al mediodía de padres que acompañaban a sus hijos a las clases que ofrecieron los miembros de la Asociación de Skaters Pitiusos.

Un evento que quizá haga afición entre algunos de los más pequeños, al tiempo que los seguidores de esta disciplina pudieron intercambiar impresiones sobre el rodaje en la nueva pista y compartir una agradable jornada entre compañeros de afición, animada con música y con un puesto de comida y bebida.

«La instalación es perfecta. Es una mini rampa con diferentes tipos de bordillos. Es una rampa muy guay para poder dar clases, hacer campeonatos y exhibiciones», consideró Joan Ferrer, presidente de la Asociación de Skaters Pitiusos y promotor de la tienda especializada EZK8, ayer en la organización de la actividad.

Una mini rampa idónea para el aprendizaje de los niños. Nóveles y familiarizados con este deporte, ya que las lecciones se ofrecieron a todos los niveles y de forma gratuita. Varios de los jovencísimos alumnos eran, de hecho, pupilos del propio Ferrer, que proveyó patines, cascos y el resto de elementos de protección a quien los necesitara para que nada impidiera poder disfrutar de una mañana sobre la tabla.

Eduardo aparece junto a su hijo Jon y con un artilugio en la mano similar un monopatín, pero con la apariencia de ser mucho más difícil de llevar sin caer de culo. Es un ‘snake board’, explica, con gesto divertido. La tabla, con únicamente dos elementos para apoyarse en los extremos, recibe este nombre por el movimiento que se produce al conducirla, similar al de una serpiente. Aunque señala, es un poco antigua, ha servido para despertar el interés de su hijo, de siete años, por el skateboarding.

Ambos descubrieron ya la pista hace unas dos semanas, aproximadamente, según explica Eduardo, que coincide con Ferrer en la calidad y posibilidades de la mini rampa. Es buen conocedor de las instalaciones similares que hay en la isla. Enciclopédicamente, recuenta el skate park, de ses Figueretes, una pista en Can Coix, una cerca de Cala de Bou, y otra en Santa Eulària.

Pocos, pero fieles a la disciplina. Bien merece la pena un viaje de Tarragona a Ibiza la ocasión de ver a los mejores de este deporte. En expedición exprés ha venido desde allí una familia a la inauguración de la mini rampa de Can Guerxo.

La benjamín, Andrea, tiene 14 años y empezó a patinar con más regularidad después de la pandemia, según explica, aunque la afición le venía de antes. El responsable, su padre, ‘Pumu’ en el mundillo. Da clases en la mini rampa a los valientes que se atreven a subir a la tabla.

Por tradición familiar o por un descubrimiento feliz. La afición tiene los orígenes más insospechados. Una película llamada ‘La chica del skate’ inspiró hace un año a Andrea, que ahora tiene once, a subirse a la tabla, según explica y atestiguan sus padres, con quienes revisa el estado del patinete.

Las ganas de ‘skate’ que se intuyen en Ibiza con la acogida que ha tenido el evento sorprenden a Gabriel Salazar, de 18 años, una de las «tres máquinas del skateboarding» nacional invitadas la exhibición de Can Guerxo, señala Ferrer. Los otros dos jóvenes talentos que ejecutaron las piruetas más complicadas fueron la coruñesa Valentina Planes, de 16 años; y el mallorquín ‘Gran Toni’, de solo 13.

Salazar es madrileño. Empezó a rodar el patín de prestado en su barrio, cuenta. Un amigo de sus padres trajo un buen día, hace diez años, un patín. «Cada vez que el chaval venía, yo le pedía la tabla», recuerda. Más tarde, le regalaron una y empezó a patinar, indica. Para él, el skateboarding es un deporte que «engancha más cuanto más sepas, porque te vas superando a ti mismo y no te frustras tanto», reflexiona.

Los círculos de amantes del monopatín y grafiteros suelen confluir. Sin ser los protagonistas, Fossi, Shine y Zsar aportaron a la flamante inauguración de la mini rampa de Can Guerxo un recuerdo imborrable, en el sentido literal del término. Labor suya fue la pintura del muro interior del recinto, con una obra de cada uno.

Las habilidades pictóricas sirven a Fossi, sevillano de origen, para trabajar como diseñador en la isla. Según explicó despreocupadamente antes de iniciar su obra, improvisaría el dibujo. Spray en mano, sus dos compañeros pintaban, según señaló, una obra relacionada con Ibiza, y una manifestación de lo que en su argot llaman ‘wild style’, indicó. Comenzó a pintar casi cuando empezó el grafiti en España, en los años 80, indica, después de ver la película ‘Beat Street’. «Pintar es compartir, pintas para que lo vea la gente», reflexiona.

Una competición local de patinadores, con los invitados de postín como jueces y un concierto de versiones de rock a cargo de Marc Riera cerraron esta fiesta del skateboarding en Sant Jordi.

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