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Adolescentes

Ir a buscar a tu hijo a la disco a las 6 de la mañana: ¿seguridad o sobreprotección?

Un número creciente de familias van a recoger a sus hijos adolescentes a locales a menudo situados fuera de la ciudad | Cocoa, Titus o Waka son algunas de las discotecas que permiten la entrada a jóvenes a partir de 16 años

Un padre recoge a dos chicas frente a las puertas de la discoteca Cocoa, en Mataró. JORDI OTIX

Jordi Busquets, abogado barcelonés y padre de dos hijas de 20 y 17 años, se pone el despertador a las 4.40 horas. Se prepara un café y sale de casa. Coge su coche, pero no se dirige al trabajo. Es fin de semana. Madrugada de sábado. Jordi ha quedado con su hija pequeña para ir a buscarla tras una noche de fiesta discotequera. Recogerá también a otras amigas, a quienes irá dejando en sus casas de camino a la suya. Jordi no es un papijama -como popularmente se conoce a las familias que van a recoger a los adolescentes- habitual. “No soy el chico de los recados de mi hija, aclara, con humor. Solo ha ejercido de ‘chófer’ en un puñado de ocasiones, siempre porque ella se lo ha pedido. “Es por su comodidad, sí. Pero también está el factor seguridad”, explica Jordi.

Al contrario que la generación pasada, los jóvenes no suelen tener horario de llegar a casa. Por precaución (o miedo), la petición firme que sí se hace es que no regresen solos. La ausencia de transporte público nocturno en algunos municipios, sumado al elevado precio de un taxi, hace que la 'opción papijama' gane puntos. Un sistema cómodo y barato para los adolescentes. En Barcelona, además, las contadas discotecas que permiten la entrada a chavales a partir de 16 años (Cocoa, Titus o Waka) suelen estar situadas en polígonos industriales fuera de la ciudad. Y a menudo las familias se acaban turnando para ir a recoger a los hijos.

Trinchera familiar

En torno a los 10 u 11 años termina la infancia y comienza la preadolescencia, el primer paso hacia la adolescencia, la etapa más compleja de la vida humana en la que los niños de 13 a 16 años se transforman en otros seres y el conflicto se instala en casa. El cerebro del adolescente genera oxitocina cuando está con sus amigos, así que la vida social es un pilar básico para ellos y ellas. Una de las trincheras más habituales en los hogares es el de las salidas nocturnas. 

“Las madrugadas del fin de semana coincido a la puerta de la discoteca con otras madres, que también vienen a buscar a sus hijos. Me recuerda a cuando íbamos a recogerles a las actividades extrescolares”, explica Sonia, profesora madrileña y madre de una chica de 16 años que tiene asumido su papel de mamijama. Sonia y Jordi no son la excepción. Representan a toda una legión de progenitores. ¿Estamos ante un rasgo de hiperpaternidad, padres y madres helicópteros que no dejan de sobrevolar sobre sus hijos, a quienes protegen hasta el extremo?

Eva Millet, periodista especializada y divulgadora experta en hiperpaternidad, responde que sí. “La hiperpaternidad se caracteriza por una sobreprotección y una supervisión constante que no es necesaria. En general, los hiperpadres y las hipermadres hacen cosas por los hijos aunque estos puedan hacerlas por sí mismos. Se convierten en chóferes, secretarios personales, guardaespaldas, mayordomos… Si los hijos están en edad de ir a discotecas y de beber alcohol, ¿hay que ir a recogerlos como cuando tenían 8 años? A mí me parece una contradicción”, explica.

“Los adolescentes piden autonomía a gritos. Me sorprende que acepten que los papás vayan a buscarlos a la discoteca”, añade la periodista, autora de 'Niños, adolescentes y ansiedad’.

"Los hiperpadres se convierten en chóferes, secretarios personales, guardaespaldas, mayordomos… Si los hijos están en edad de ir a discotecas y de beber alcohol, ¿hay que ir a recogerlos como cuando tenían ocho años? A mí me parece una contradicción

Eva Millet - Divulgadora

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"Buscarles de madrugada es cómodo para los hijos y nosotros ganamos en seguridad. Prefiero que mi hijo venga en mi coche a que se meta en el de un amigo que, quizá, haya bebido alcohol”

Francisco Castaño - Profesor y divulgador

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Algo más cómplice con los papijamas se muestra otro divulgador, Francisco Castaño, profesor de secundaria y autor de 'La mejor versión de tu hijo'. “No sé si calificar el fenómeno de hiperpaternidad. Es una decisión familiar y ya está. Siempre está la opción de un taxi, pero es más cara y no todos se lo pueden permitir. Buscarles de madrugada es cómodo para los hijos y nosotros ganamos en seguridad. Prefiero que mi hijo venga en mi coche a que se meta en el de un amigo que, quizá, haya bebido alcohol”, admite.

"Me recuerda a cuando íbamos a recogerles a las actividades extraescolares”

Sonia - Madre de una chica de 16 años

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Al mismo tiempo, Castaño insiste en que proteger a los hijos e hijas no significa sobreprotegerlos: “Si los proteges en exceso es que no sabes gestionar el miedo. Los padres y las madres tenemos que admitir ciertos riesgos. Educar es ir soltando a nuestros hijos. Para ello es básico la confianza mutua”.

Ansiedad y miedo

Ansiedad, miedo y competitividad, precisamente, son tres de los principales rasgos de la hiperpaternidad. Autora de ‘Hiperpaternidad’, Millet explica que el temor a que les suceda algo a los hijos es algo natural. “Viene de serie”, remata. Lo que hay que evitar, en su opinión, es que el miedo domine la crianza y la educación de los hijos. “Si no, nos volvemos locos. Hay que ir dando soluciones”, insiste. Respecto los papijamas, la divulgadora, partidaria de horarios topes de retorno a casa, invita a los progenitores a organizar un taxi u otro tipo de transporte con amigos y amigas.

Mal dormir debido a la preocupación hasta que tu hijo llega a casa ‘sano y salvo’ es otro fantasma que los progenitores deben combatir. Millet recuerda que dormir es fundamental para el bienestar. De hecho, no hacerlo las horas suficientes acarrea serios problemas de salud. “Condenar a cualquier persona a no dormir es una forma de tortura. Hay que encontrar fórmulas para que eso no suceda”, concluye la divulgadora.

Jordi, que jamás ejerció de 'papijama' con su hija mayor porque esta nunca se lo pidió, admite que no tiene problemas para dormir cuando sus hijas salen de noche. “Precaución, toda. Pero nunca miedo paralizante. Todos hemos sido jóvenes. Si te mueres de miedo cada vez que tus hijos salen por la noche, no vives”, subraya el abogado, que sí admite que el factor género influye en los temores y que la opción del coche, cuando lo piden las propias chicas, también puede ser una salida contra la injusta tentación de coartar su libertad y autonomía.

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