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Diario de Ibiza

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Imagen pública

El postureo se infla en las vacaciones

Las redes sociales se llenan en verano de fotografías y vídeos de escapadas y planes idílicos | Especialistas gallegos advierten de que se trata de experiencias sesgadas

Dos jóvenes, haciéndose un selfi durante un viaje. Alba Villar

Las redes sociales han llevado a su máxima expresión la máxima que dice que lo que no se cuenta, no existe. Por ello, el postureo crece exponencialmente durante el verano, y redes como YouTube, Instagram, TikTok y Facebook se llenan de imágenes idílicas de las vacaciones para la envidia de quienes están trabajando mientras sus amigos o compañeros se divierten.

Según los datos publicados por Facebook, en verano se comparte el doble de fotografías en redes sociales que en invierno, algo que, por otro lado, es lógico ya que durante las vacaciones estivales es cuando se realizan más salidas. Da igual que se viaje a un destino exótico, al pueblo de la familia, o simplemente se baje a la piscina comunitaria o se esté tomando una cerveza fría en una terraza, el móvil siempre está dispuesto para inmortalizar ese momento de gozo y lanzarlo al mundo casi en directo, para someterlo al escrutinio de amigos y seguidores para su aprobación en forma de “like” o corazones.

Internet está, además, plagado de consejos para que el contenido sea lo más efectivo posible: trucos para posar en la foto o el vídeo, filtros para hacer el “lifting” a escenarios y modelos, los mejores momentos para publicar, mensajes resultones..., todo para atraer la atención de los cientos o miles de pares de ojos que escudriñan al otro lado de la pantalla y dejar constancia de la propia existencia. Por eso, si la publicación lleva un “hasthtags”, mejor que mejor.

“En el mundo de las redes no existes si no cuelgas algo”, sentencia José Durán, profesor de Sociología de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad de Vigo (UVigo).

A la hora de compartir las vacaciones no solo se pasa el filtro a las imágenes para que luzcan como postales a todo color; también a las experiencias mismas. En la comunidad virtual todo es perfecto porque solo se comparten las experiencias positivas, editadas e incluso retocadas. Si surge algún contratiempo o la experiencia no ha cumplido con las expectativas que se tenían, se esconde convenientemente en el cajón de los secretos inconfesables, lo que crea medias verdades.

El 37% de los españoles ha colgado fotos de lugares donde no ha estado

“En las redes sociales, la realidad está descaradamente distorsionada, por lo que las probabilidades de sentirnos desgraciados en comparación con otros aumentan de forma significativa. Si aceptamos la mentira de las redes sociales será más complicado sentirnos bien, y por tanto ser más agradecidos, optimistas y puede influir en nuestro autoconcepto”, sostiene Daniel Novoa, psicólogo especialista en educación emocional.

El postureo, que podría considerarse la versión del siglo XXI del tradicional “mantener las apariencias”, ha llegado a tal punto que los españoles no pueden dejar apartado el teléfono en sus viajes. Ni siquiera para bajar a la playa. Según el estudio “Desco-net-ta”, realizado por PANGEA The Travel Store, uno de cada tres reconoce que es adicto a esta práctica en las redes sociales. Así, el 30% utilizan el móvil no solo para hacer fotos, sino también para compartirlas durante las vacaciones. Es más, uno de cada cinco afirma que lo utiliza para prácticamente todo: subir fotos a redes sociales, hacerse selfis, realizar vídeos en directo y guiarse por las ciudades. El postureo es aún más evidente entre los jóvenes: hasta el 45 % envía sus fotos y vídeos a sus familiares y amigos y hasta el 30 % las sube a las redes sociales.

“En el mundo de las redes sociales no existes si no cuelgas algo”

José Durán - Sociólogo

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Pero, ¿por qué hacer gala de la felicidad se convierte casi en una necesidad? José Durán explica que, en las redes sociales, donde la mayoría de los usuarios no mantienen ningún vínculo en el plano físico y la construcción de la identidad se realiza a través de lo que se comparte, colgar experiencias nuevas es fundamental para ser conocido y reconocido por el resto de la comunidad virtual y para no caer en el olvido. Por otro lado, para obtener ese reconocimiento, el sociólogo de la UVigo matiza que es necesario mostrar el lado bueno de la vida y de uno mismo. Lo malo, sencillamente, no vende.

“Estamos en una sociedad donde lo que interesa es la idea de que una vida plena es una vida en la que necesariamente te lo estás pasando muy bien, y esto es estar haciendo cosas nuevas, viajes, fiestas... La infelicidad te degrada como persona, dice cosas malas de ti. No interesa”, explica.

Los especialistas coinciden en señalar que no es oro todo lo que reluce tras esa imagen idealizada de la vida porque no solo se maquilla la realidad; también se miente. Un estudio realizado por We Are Testers, empresa dedicada a los estudios de mercado, revela que uno de cada diez españoles miente a la hora de publicar sus fotografías veraniegas en sus redes sociales. De este 10% que reconoce mentir, un 37% afirma haber colgado fotografías de destinos en los que no ha estado nunca, mientras que un 34% confiesa haber compartido fotografías de hoteles en los que nunca se ha hospedado y restaurantes en los que nunca ha comido.

“Las redes sociales nos engañan con vidas y momentos supuestamente perfectos, y esto es una fuente de frustración. Tener como objetivo esta supuesta perfección es garantía de infelicidad, ya que la vida no es ni será perfecta. Además, por si fuera poco, se manipulan los vídeos y las imágenes para ser todavía más perfectos”, insiste el psicólogo vigués.

“Si aceptamos las mentiras de las redes será más complicado que nos sintamos bien”

Daniel Novoa - Psicólogo

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Las vidas perfectas que proyectan las redes pueden generar frustración envidia y una percepción de la realidad totalmente distorsionada, lo que, mantenido en el tiempo, puede resultar “desastroso” para la autoestima de quienes las siguen al dedillo, según Novoa.

El psicólogo se refiere especialmente a las vidas idílicas y a la imagen perfecta que exhiben determinados “instagramers” populares. “Hacer pedagogía de esa farsa es fundamental para ver el contenido como una película o un documental”, añade el psicólogo, que recomienda no creerse lo que venden las redes sociales y “desintoxicarse” de según qué cuentas y en el caso de ser padres, supervisar los contenidos que consumen los menores, además del tiempo que pasan en las redes sociales. En su opinión, es una cuestión de sentido común.

Por su parte, el sociólogo José Durán explica que escudriñar la vida de personas vidas ajenas crea un vacío porque esas experiencias no le vinculan con los demás. “Si yo no he vivido esas vacaciones con esa persona no voy a entender el viaje ni las imágenes que comparte van a acercarme más a ella”, explica. Por esta misma razón, añade, quienes se sienten solos siguen sintiéndose igual de solos, aunque escudriñen la vida de otros.

El postureo en vacaciones encierra, además, otros riesgos, como el ciberpostureo. “Si te haces un vídeo o foto a kilómetros de distancia de tu casa y la haces pública, puedes estar comunicando a millones de personas que no hay nadie en tu domicilio”, advierte la Policía Nacional en un comunicado.

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