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Educación

Lamento en los colegios asturianos por el desplome de la natalidad en el inicio del proceso de admisión de alumnos: “Ahora nos sobran plazas”

Los centros temen que cierren aulas para el próximo curso y piden reducir ratios para personalizar la educación e impulsar medidas de conciliación

Javier Gascón, Nassima Bellneki y la directora, Marta Quirós, en el patio del colegio Marcos del Torniello de Avilés.

Los colegios asturianos tiemblan con el desplome de la natalidad. Ayer los centros educativos iniciaron el proceso de admisión de nuevos alumnos –el plazo de presentación de solicitudes finaliza el viernes día 13– con la negra previsión de la Consejería de Educación de que el próximo curso habrá 2.098 escolares menos en Infantil y Primaria. “Las familias se preocupan mucho por la puntuación y no deberían. Hoy en día prácticamente todos los alumnos que solicitan una plaza en 3 años, entran”, asegura Ana Dávila, directora pedagógica del colegio Dulce Nombre de Jesús de Oviedo. Y no solo entran todos, sino que además “sobran plazas”. Ante esta situación, los equipos directivos aseguran que “poco pueden hacer” más que “cruzar los dedos” para que la Administración no cierre aulas. Aunque sí piden dos cosas: que “se refuercen las políticas de conciliación y fomento de empleo” para que más parejas tengan hijos y que “se reduzcan las ratios”.

Sobre esto último incide Ana Dávila. Asegura que la oportunidad que abre el invierno demográfico es una mayor “personalización de la educación, focalizarse en cada niño”. Pero para eso, claro está, hace falta que la Consejería de Educación rebaje el número mínimo de alumnos por aula. “No pueden exigir las mismas ratios habiendo crisis de natalidad”, defiende. En su centro, el Dulce Nombre de Jesús, el problema demográfico se nota especialmente desde el curso de la pandemia. “Ahí por primera vez no llenamos el cupo”, puntualiza la profesora de Infantil Sandra Castro, involucrada en el proceso de admisión. Y el año pasado las 75 plazas se quedaron en 58. ¿Y este cómo será? “Cruzamos los dedos”, apunta Castro, porque las previsiones a nivel regional no invitan al optimismo. “Quedamos muy satisfechas de las jornadas de puertas abiertas. Fueron, después de dos años, por fin presenciales y a los padres los vimos muy ilusionados. Recibimos 83 solicitudes y vinieron, en grupos de como máximo 5, un total de 65”, explica la directora pedagógica, Ana Dávila.

Juan Miguel Molinero y Encarnita Roche entregan los papeles de matriculación a las madres María Sánchez y Yolanda Zapico, en el colegio Teodoro Cuesta de Mieres.

¿Qué buscan las familias? Mucho más que el colegio esté cerca de casa. El proyecto pedagógico, la formación en idiomas, el servicio de comedor, las actividades extraescolares... “Nosotros desarrollamos todos tipo de actividades para favorecer conciliación. Somos también un centro muy familiar y eso los padres lo valoran mucho”, comenta Dávila. Hay otra ventaja en el caso de los centros concertados: “Que tenemos todas las etapas educativas; los alumnos crecen aquí”, añade Sandra Castro. ¿Y qué recomendación hacen a los padres ante el nuevo proceso de matriculación abierto? “Están tomando una decisión muy importante para sus hijos. Y tienen que hacerlo convencidos y tras conocer bien todas las opciones de centros. A veces parece que hay un muro entre ellos y el colegio. Yo les aconsejaría que entren y que vean el funcionamiento de las clases. Y también que no se quedasen con ninguna duda”, reflexiona.

En la secretaría del centro ovetense, con Azucena Marrón al frente, el goteo de padres para presentar solicitudes o aclarar dudas fue ayer constante. Una de ellas fue Carolina González, con tres hijos. El mediano, Mateo, será quien empiece el próximo septiembre en 3 años. “El mayor estudia aquí y estamos muy contentos. En su día fuimos a ver varios centros, pero me gustó este por el tipo de educación: es concertado y religioso”, comenta. El caso de Carolina González, con familia numerosa, es “raro”, según sostiene Ana Dávila: “Ahora las madres si tienen hijos, tienen uno y, a lo sumo, dos”. Todo ello juega en contra de la matrícula.

Rubén Quirós sostiene a su hijo Blas frente a las instalaciones del colegio Jovellanos de Gijón.

La sequía demográfica también afecta a las aulas de Gijón. La jefa de estudios del colegio Jovellanos, Paula Tejo, asegura que “ya no hay la misma demanda que había hace tres años”. El centro cuenta con 614 alumnos y un montante de 69 nuevas plazas de tres años. “Suele ser muy extraño que haya familias que se queden sin hueco. La semana pasada hicimos una jornada de puertas abiertas a la que acudieron unas 75 familias y ya contamos con muchos hermanos de alumnos matriculados otros años”. Respecto a un posible cierre de unidades por la baja natalidad, la docente es optimista y cree que no habrá recortes en ese aspecto, al menos de momento. “Todo parece indicar a que restarán unidades, pero no a corto plazo”, indica Tejo, quien además nota un retraso “cada vez mayor” a la hora de tener hijos.

Una de las razones: la conciliación. “Muchos padres piensan que en los colegios públicos no hay programas de conciliación. Y eso no es así”, remarca. De hecho, los motivos que llevaron al gijonés Rubén Quirós a matricular en el centro a su hijo Blas fueron, entre otros, estos programas: “Vivimos cerca, tiene una plantilla fija y buena conciliación. Entre el programa madrugadores, el comedor y las actividades extraescolares solemos dejarlo –los días que más apurados estamos– de 8.30 a 17.00 horas”. La cercanía con su lugar de vivienda, la buena reputación del centro y el currículo académico son también las razones por las que Beatriz Sanz matriculó a su pequeño Martín Carbajal en el colegio Jovellanos. “Nos gustó mucho y además tiene una buena conciliación. En vacaciones siempre están ofreciendo actividades”, sentencia.

Azucena Marrón, secretaria del colegio Dulce Nombre de Jesús de Oviedo, atiende a la madre María Puente en el inicio del proceso de admisión de alumnos.

En Avilés, el colegio Marcos del Torniello, situado en el barrio de Versalles, cuenta actualmente con 182 alumnos y uno de los fuertes del centro, dice su directora, Marta Quirós, es la etapa de Infantil. “Trabajamos la vida cotidiana, con una pedagogía constructiva basada en Montesori, esa es nuestra diferencia dentro de la escuela pública de calidad”, señala. Quirós afirma que ante la baja natalidad, los centros educativos “poco pueden hacer”. “Deben reforzarse las políticas de conciliación y fomento del empleo y que las familias quieran y puedan tener hijos”, apuntó. La campaña de puertas abiertas del colegio duró mes y medio y recibió visitas de decenas de familias. Aun así, defiende Quirós, “no podemos certificar de qué manera eso afectará a la matrícula”.

Quirós tira de empatía y se pone en el papel de los padres que buscan un centro para sus hijos: “Lo mejor es conocer varios colegios y analizar qué educación quieres para ellos, un centro con grandes y nuevas instalaciones deportivas o uno más familiar como el nuestro; cada uno elige sus prioridades”. La cercanía, continúa, también influye. “Y ante la baja natalidad, tenemos fortalezas como los grupos reducidos; este año éramos de línea 1, (un aula por curso), salvo en 4º y 6º”, detalla. Ángeles Cabo, que acompañó ayer a su hijo Andrés González al colegio, destaca del Marcos del Torniello su “metodología pedagógica, en el que prima el disfrute del pequeño, y que es un colegio cercano”. Esa misma opinión la tienen otros progenitores como Nassima Belneki, Marta García Javier Gascón, que defienden a su vez “la labor de integración de los alumnos en el centro”.

"Si no tienes servicios como el comedor y las actividades extraescolares, pierdes muchas matrículas", dicen los directores de colegios

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Dentro de la baja natalidad de la región, en el concejo de Mieres se produce una “rara avis”. Y es que en el colegio Teodoro Cuesta, el número de matrículas para Infantil de 3 años ha venido subiendo en los últimos cursos. Juan Miguel Molinero, director del centro, explica que “estamos recogiendo el fruto del trabajo de muchos años, y tenemos una alta demanda”. “Ya el curso pasado –añade– quedaron niños fuera, y este año, si todos los padres que han venido a visitarlo formalizan la matrícula, estaremos en la misma situación”. El responsable del centro educativo señala que más allá de perder aulas, en el caso de que las preinscripciones se disparen, podrían valorar la posibilidad de desdoblar la unidad de tres años. “Necesitaríamos más de 30 alumnos, y ahora mismo tenemos la constancia de que serán unos 25, pero no sería una locura pensar en que si al final tenemos más demanda se pueda solicitar un nuevo aula”, indica.

En la mañana de ayer, algunos padres fueron ya a recoger la documentación que deben cubrir para formalizar la matrícula. Una de ellas era María Sánchez, que vive en el pueblo de Rozadas de la Peña. Explica que “en mi caso lo escogí por cercanía y porque es un colegio muy familiar, en el que siempre te atienden bien, la comunicación es fluida y cualquier problema te lo solucionan rápido”. Además, Sánchez ya tiene otra hija en el centro, lo que hizo más sencillo tomar la decisión. Un caso en el que también se encuentra Yolanda Zapico, otra de las mamás que ayer recogía los papeles para matricular a su hija. El director, Juan Miguel Molinero, también da otras claves en la elección del colegio: “Muchos padres necesitan servicios como el comedor, los madrugadores o las actividades extraescolares, que son fundamentales para la conciliación. Si no tienes esos servicios, pierdes mucha matrícula”.

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