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Diario de Ibiza

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Entrevista

Erika Reija, periodista: "La violencia sexual vuelve a utilizarse como arma de guerra contra las mujeres"

“Me afectó mucho el inicio de la invasión rusa, sentí náuseas con los primeros bombardeos”, comenta la hasta ahora corresponsal del TVE en Moscú

La periodista de TVE Érika Reija.

En una noche de marzo, la periodista Érika Reija (Lugo, 1981) hizo volando la maleta para dejar Rusia. Atrás quedaban cinco años como corresponsal de TVE en Moscú, desde donde informó sobre la complicadísima situación de este país hasta que corrió el riesgo de quedarse atrapada. El régimen de Putin acababa de aprobar una ley que penaba con hasta 15 años de cárcel las “informaciones falsas”. Casi dos meses después, y con una guerra que no cesa, Reija gana el Premio José Couso a la Libertad de Prensa (otorgado por el Colexio de Xornalistas de Galicia y el Club de Prensa de Ferrol). En su cabeza aún pesan “las ganas de vomitar” ante los primeros bombardeos sobre Ucrania.

¿Este reconocimiento tiene aún más importancia tras tener que dejar Moscú por no poder ejercer un derecho fundamental?

Rusia se ha colocado a la cola en libertad de prensa, desde que estalló el conflicto. Todo se fue complicando muchísimo para informar, existía mucha incertidumbre ante una ley que criminalizaba a los periodistas. Durante cinco años entrevisté a muchas personas consideradas extremistas o terroristas por el régimen de Putin cuando solo eran opositores.

¿Cómo fueron sus últimos días en la capital rusa?

Todos esperábamos que ocurriese algo pero no de estas dimensiones, imaginábamos una primera ofensiva en Donbass pero no los bombarderos generalizados que han llegado a la capital de Ucrania. Me afectó mucho el inicio de la invasión rusa, porque llevaba cinco años en lo que consideraba mi país. Y me encontraba con una guerra sucia y fea que cuesta entender racionalmente. Fueron días muy difíciles y me pasó lo mismo que a muchos amigos rusos: la primera sensación con los bombardeos era de náuseas, ganas de vomitar.

Cuando deja Moscú, ¿qué situación tenía la prensa en el país?

Salí justo ante esa entrada en vigor de la ley que criminaliza el trabajo de la prensa, con rumores de una ley marcial y la posibilidad de que cerrasen los aeropuertos. Por seguridad, lo mejor era salir. Veíamos que salían las empresas de comunicación de Estados Unidos y Reino Unido, cuando se marchó la BBC ya se precipitó todo: los medios internacionales suspendieron su actividad ante la incertidumbre de lo que ocurriría (ya que hasta entonces el primer objetivo era la prensa rusa). Los pocos medios rusos independientes que quedaban estaban cerrando: no les quedaba más opción que acatar la censura o ver cómo bloqueaban su web. El medio dirigido por el premio Nobel de la Paz Dmitri Murátov consultó a los lectores si se iba a negro. Y sus lectores querían seguir informándose, pero tuvieron que cerrar por el acoso de las autoridades. Muchos periodistas rusos han dejado el país para evitar la cárcel. Y con la invasión, a la prensa occidental no le ha quedado más opción.

¿Qué ocurrió con la libertad de prensa en Rusia en los años previos a esta invasión de Ucrania?

A lo largo de los cinco últimos años se fue degradando. El punto de inflexión fueron las protestas masivas en Bielorrusia contra un posible fraude electoral. El Kremlin se puso muy nervioso ante el temor de que esas protestas se contagiasen a Rusia. Putin había apoyado con todos sus medios a Lukashenko, y en medio de esas movilizaciones envenenaron al opositor ruso Alexèi Navalni. Se inició entonces una persecución masiva contra los opositores y los medios críticos. Se ilegalizó la ONG Memorial, símbolo de la apertura rusa tras el fin de la Unión Soviética por la rehabilitación de las víctimas del estalinismo. Y desde la invasión han cerrado todas las ONG extranjeras como Amnistía Internacional. Todo esto dificulta la labor del periodista.

¿Qué ha sido de sus compañeros de la prensa rusa?

Viven con mucho miedo a que les ocurra algo porque Rusia no respeta los derechos humanos. Sufren una ansiedad permanente ante las múltiples limitaciones, ante las líneas rojas. Tienen prohibido llamarle guerra o invasión a lo que hace Rusia, tienen que decir “operación especial”.

¿Qué sentimiento tiene ahora al no poder realizar su trabajo en Rusia y en plena guerra en Europa?

Mucha tristeza porque llevaba allí cinco años y mi etapa como corresponsal en Rusia estaba a punto de finalizar (se cumplía el tiempo máximo para esos puestos). Jamás pensé que tendría que hacer corriendo la maleta de noche para marcharme. Fue un final amargo tras cinco años intensos, dejo grandes recuerdos y amigos. Pero sobre todo siento esa profunda tristeza, desde que vi que el Telón de Acero volvería a caer y cuando ya arrastrábamos un desgaste muy complicado por el aislamiento de la pandemia.

El premio también reconoce a todos los que cubren esa guerra.

Mi televisión hace una cobertura magnífica desde el lado ucraniano desde un mes antes de la invasión. El premio es para todos esos periodistas y mi equipo de Moscú: la productora Karina Alutinova y el cámara Iván Makarov. Es vital una red de corresponsalías como la de RTVE, ya que pocos medios se lo pueden permitir para una gran cobertura. Luchas contra la desinformación, para que no solo se reproduzcan los comunicados del Kremlin.

¿Qué recuerdo tiene de José Couso, cámara asesinado en Irak?

Decidí ser periodista internacional por mi admiración hacia personas como Couso, que van a la guerra dispuestas a dejarse la vida. Me atraía ese periodismo internacional y de guerra, he estado en Libia, en las dos últimas ofensivas de Israel sobre Gaza, en Ucrania ya en 2014 , en Egipto. Grandes nombres como Couso nos motivan para este trabajo.

El jurado citó a Pablo González (encarcelado en Polonia).

Espero que se aclare su caso lo antes posible y mando un abrazo a su familia y amigos. Sigo su caso con mucha atención.

En estas 18 ediciones del Couso, usted es la cuarta mujer premiada.

¿En serio? Me llama la atención. Para nada somos minoría cubriendo información internacional, debería estar más normalizado. Cada vez hay más iniciativas para visibilizar nuestro trabajo, como la asociación creada por Mayte Carrasco. Nos merecemos los premios igual que los hombres.

Como reportera, ¿ha constatado que los derechos de las mujeres son los primeros en ser pisoteados?

Desde luego. En muchos países no se reconocen los derechos de las mujeres. La violencia sexual vuelve a utilizarse como arma de guerra contra las mujeres, como se ha denunciado con los soldados rusos en Ucrania. Me tocó muy de cerca ver cómo en la revolución de Egipto eran violadas las periodistas extranjeras. Esta profesión permite poner el foco en historias silenciadas como las de las jóvenes que protestaban en la plaza de Tahrir y después eran sometidas a pruebas de virginidad.

¿Por qué engancha el periodismo?

Es una vocación y una forma de vida, soy periodista desde que a los 18 años empecé la carrera y ya hice prácticas en medios gallegos (El Progreso, CRTVG). Entré en RTVE a los 23 años, y siempre me volqué con la realidad apasionante del periodismo internacional. Como corresponsal no puedes desvincular tu profesión de tu vida. Cuesta mucho sacrificio personal, pero también da muchas satisfacciones.

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