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Canarias

Arucas, de zafra y molienda

Arehucas inicia la recolección de la caña de azúcar con una recreación de los viejos tiempos

Zafra de la caña de azúcar

Zafra de la caña de azúcar

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Zafra de la caña de azúcar Juanjo Jiménez

137 años después de la primera zafra de la Fábrica de San Pedro, precursora de Destilerías Arehucas, la empresa recrea los viejos tiempos para acercar el arte de la zafra a nuevas generaciones.

Hace miles de años, en algún lugar de Nueva Guinea la naturaleza fue fraguando la sustancia de Saccharum officinarum, el milagro de la caña de azúcar, el alquimista vegetal capaz de convertir la materia hecha guarapo en ron, aguardiente y cachaza.

Un prodigio que inicia su viaje en el 4.500 a.n.e, a través de Asia y que es descubierto en el 642 a.n.e por los persas que ocuparon India, al que se describieron, en tiempos del rey Darío, como la caña que da miel sin abejas.

Luego pasó a los árabes, para eclosión de su afamada repostería, bordeó el norte africano, donde los egipcios maquinaron el secreto del refinar, para recalar por último en Europa durante la Edad Media para todo tipo de remiendos, incluido el mal de amor.

Y es justo en los estertores de la Baja Edad Media cuando la caña de azúcar llega al archipiélago vía Madeira, para convertir a Gran Canaria en una suerte de potencia tecnológica de la época, con la instalación de los más modernos trapiches e ingenios del mundo, los mismos que crearon fortunas inconmensurables para los primeros colonos europeos.

Hasta que Pedro de Atienza espicha en 1493 la primera planta en la isla de La Española en el segundo viaje de Colón convirtiendo a América, en apenas décadas, en la potencia del azúcar para declive del archipiélago.

Lo siguientes siglos son los de la alternancia de cultivos…, hasta que llega Alfonso Gourié, señor que en 1884 funda la Fábrica de San Pedro para replantar la caña y ejecutar la primera zafra el el 23 de febrero de 1885. De más de cinco millones y medio de kilos.

En la primera recogida del año 1885 se hizo acopio de más de cinco millones y medio de kilos

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Lo que salía de la también conocida como Era de San Pedro, junto a la ermita del mismo nombre, era pura privanza para súbditos y reyes en forma de azúcar y destilados, al punto filipino que solo siete años después se convierte por la gracia de la regente María Cristina en Proveedor de la Casa Real.

Tras un parón en 1920 pasa en 1942, de la mano de Alfredo Martín Reyes, a un nuevo ciclo en el que se destina todo ese saber a producir ron en exclusiva. Nace así Ron Arehucas.

El mismísimo Alfredo Martín Reyes se personificaba en una teatralización promovida por Destilerías Arehucas esta semana en la antigua Fábrica de San Pedro cuando se cumplen 137 años de aquella primera zafra que a día de hoy embarca el nombre de la ciudad de Arucas desde China a Estados Unidos como marchamo del que es considerado por la crítica especializada como el mejor ron de España.

El revivido Alfredo Martín Reyes reencarnado en un actor explicaba los pormenores de la gestación de la marca desde que Saccharum officinarum brotara en la otra punta del mundo a consumidores, clientes y profesionales de hostelería a los que invita a vivir en primera persona el apasionante mundo de la caña de azúcar, con unos recorridos teatralizados en sus cultivos de Las Vegas para describir el que llaman arte de la zafra, en un mes, el de marzo, que “sin ninguna duda es uno de los periodos más bonitos para visitar la destilería y ver todo el proceso de la molienda”.

A los nueve años de iniciar la producción, la marca se convirtió en proveedora oficial de la Casa Real

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En la ruta explican la etimología de la zafra, “que es el momento de recolección que procede del árabe safra, o viaje, que da mención al recorrido que los temporeros hacían en la época de cultivo en la España medieval”.

El corte, a rente

El trabajo de cortar la caña es físicamente intenso y se trabaja a altas temperaturas, como explica un teatralizado Luis Sánchez que alonga de repente desde la selva verde de Las Vegas, machete en mano.

Junto con el embajador de la marca, Óscar Lafuente de Blas, bartender y profesor de Hecansa, detallan a pie de plantación la mecánica del asunto, desde el cortar a rente la caña, "rozandito el suelo" lo más abajo posible a cómo ir entongando la caña sobre unos trípodes para configurar fardos de 20 kilos que, de allí, salen cargados a la fábrica para la molienda inmediata.

La zafra en Las Vegas comenzó el pasado domingo, se extenderá durante unas cinco semanas y emplea en torno a una veintena de trabajadores para la que es considerada como una de las labores del campo más duras que existen, y la diferencia entre un día nublado o soleado marcan la intensidad de la molienda del cuerpo.

Porque la otra molienda, la de la caña, lleva otro trajín en la planta de procesado: el de estrujarla para sacar un jugo al que luego se pasa a hervor para la posterior fermentación de la melaza. Aún ahí le quedan tres pasos: la destilación, el añejamiento y el blending.

Está el tiempo templadito en la vega, y mejor hacer un alto. Sánchez y Lafuente cogen una caña de allí mismo, la meten en un molinillo y sale un chorrazo de guarapo. Le endilgan un generoso viaje de hielo a un vaso de barro, una pizca de lima y otra poca de Ron Blanco Selección Familiar y, aunque es aún pleno mediodía, y quedan muchas fanegas por sajar a lo largo del horizonte, como que la zafra parece distinta.

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