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Historias de vida

Sobrevivir a ‘la Cucaracha’ y a la covid

María Concepción Águeda Gil, con 107 años, ha sobrevivido a una guerra y dos pandemias

María Concepción Águeda Gil, junto a su sobrina, en su casa.

La llamada Gripe Española mató entre 1918 y 1920 a más de 40 millones de personas en todo el mundo siendo considerada la pandemia más devastadora de la historia. No obstante, todavía se desconoce su origen. Cien años después, otra enfermedad, conocida como coronavirus o Covid-19, ha azotado a la humanidad provocando, de momento, 5,7 millones de fallecimientos.

Ha pasado un siglo entre ambas, pero todavía existen testimonios de personas que vivieron estas dos pandemias y recuerdan como fueron aquellos años tan duros.

María Concepción Águeda Álvarez Gil, vecina de Estivella, tenía cuatro años cuando la gripe llegó a España. Esta enfermedad también era conocida popularmente como la “cucaracha” porque se extendía entre la población con la misma intensidad que estos insectos.

Sobrevivir a ‘la Cucaracha’ y a la covid

Por eso, cuando el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, decretó el estado de alarma el pasado14 de marzo de 2020 a causa de la Covid-19, esta mujer, que ayer cumplió 107 años, exclamó “ya está aquí la Cucaracha” haciendo referencia a aquella enfermedad que vivió durante su niñez.

Su sobrina, Concepción Ramón, quien vive desde hace once años con ella, señala a Levante-EMV que “era muy pequeña cuando sucedió aquello y, por lo tanto, solo recuerda que no podían salir a la calle para evitar contagiarse como también ha ocurrido aquí”.

Además, durante aquellos años, esta vecina de Estivella sufrió la poliomielitis, es decir, una enfermedad viral que puede afectar a la médula espinal causando debilidad muscular y parálisis. Este virus entra en el organismo a través de la boca, sobre todo, si las manos se han contaminado con las heces de una persona infectada siendo más común entre bebés y niños pequeños que se encuentran en situaciones higiénicas desfavorables. “La operaron y tenían que llevarla en brazos a todos los sitios”, señala su sobrina, quien añade que “por suerte, todo fue bien y después ha podido tener una vida normal e, incluso, ha viajado a muchos lugares”.

Tras todo lo vivido, María Concepción Águeda Álvarez sabía que tenía que cumplir todas las medidas para evitar infectarse de coronavirus. “Se ha puesto todas las vacunas sin quejarse y hemos intentado reducir contactos”, recalca. No obstante, esta vecina tuvo que someterse, como muchos valencianos y valencianas, a una prueba PCR, ya que se “se resfrió y pensábamos que el virus la había atacado”.

 

Una rutina trastocada

Su rutina, como la del resto de ciudadanos, se ha visto afectada por la aparición de esta enfermedad. “Viene el cura y le da la comunión porque ahora no sale para nada, por lo que ve y escucha la misa en la tele, ya que ella siempre ha sido muy creyente”, expone su sobrina. “Antes íbamos a comprar, la llevaba a misa y salía mucho más, pero ahora no se mueve de casa”.

“La levanto sobre las diez de la mañana porque aquí hace mucho frío y se acuesta sobre las 22:30, ya que no le gusta cenar temprano”, indica Concepción, quien agrega que “está todo el día escuchando misas y, a veces, reza el rosario”.

Durante el día, también sale al patio y a la puerta de la calle para tomar el sol y ver a los vecinos y vecinas que pasan. “No se queja y está muy bien de salud, creo que la cuido bastante bien porque, además, tiene muy buen apetito y no tiene que tomar demasiadas pastillas”, afirma con una carcajada.

En ocasiones, una de las nietas de Concepción también acude a visitarlas. “Le da vida estar con ella y, por eso, también intentamos hacer videollamadas para que la vea y le cuente cosas”, explica.

 

Una mirada al pasado

A María Concepción Águeda le gusta mucho, en su tiempo libre, revisar sus fotografías antiguas, aunque “debido a la edad y la pandemia, he notado que ya no se acuerda de muchas cosas”. Pero, “se encuentra muy bien, a pesar de la edad, y siempre decimos que nos enterrará a todos”, afirma con una sonrisa.

Al revisar las fotos, esta vecina recuerda a sus padres y a sus dos hermanas. “Una de ellas murió en un accidente cuando tenía 42 años, fue un golpe muy duro para la familia, ya que el padre también había fallecido joven”, expone su sobrina. “La otra hermana vivía con ella hasta que falleció, cuando tenía unos 90 años”, indica Concepción, quien añade que “en ese momento, me reuní con mis hermanos porque sabía que no se podía quedar sola y me vine aquí a vivir con ella, ya que yo tampoco tenía ninguna obligación y así nos hacíamos compañía”.

María Concepción Águeda siempre ha vivido en Estivella y ha trabajado en varios lugares, entre los que se encuentran un almacén, una fábrica de limonadas y un laboratorio, pero “como no cotizó, solo ha podido obtener una ayuda económica mínima”. Además, ella “llevaba todas las cuentas de casa, ha sido muy natural e independiente e, incluso, sabía leer y escribir, tanto en valenciano como en castellano, lo cual era muy extraño para una mujer de aquella época”.

Su familia, la cual define como “personas muy buenas y caritativas”, estaba muy ligada a la Iglesia porque tenían un tío que era sacerdote. “Las machacaron mucho por este tema, sobre todo, durante la Guerra Civil, señala su sobrina. “Ella no nos ha contado mucho sobre aquellos años, sabemos que trabajaba en un laboratorio y un día oyeron una avioneta, todas las compañeras salieron corriendo y vieron como caía una bomba”, explica.

Concepción añade que “han sufrido bastante y, por eso nunca se ha metido en política e, incluso, pide que se callen cuando sale el tema”.

 

Una buena convivencia

Concepción, cuya madre era prima hermana de María Concepción Águeda, destaca que “la convivencia es muy buena entre ambas porque tiene un carácter muy noble y no se queja de nada”.

Cuando vivía con su hermana, Concepción ya iba a ayudarles todas las noches porque “había cosas que no podían hacer”. “Siempre me pedían que no las dejara solas”, recalca.

Por eso, cuando su madre se rompió la cadera, decidió que vivieran juntas, ya que así podría ayudarlas a ambas sin tener que desplazarse. “Ellas eran primas, pero se habían criado juntas y se querían mucho”, indica.

Ese amor que Concepción ha vivido en su familia desde bien pequeña es el que intenta transmitirle a su tía día a día porque “esta mujer vale oro y cada día, junto a ella, es un nuevo aprendizaje”.

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