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Diario de Ibiza

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Entrevista
Ferran Pujol Director de BCN Checkpoint y de la oenegé Projecte dels Noms

"Las listas de espera para la pastilla antisida condenan a la gente a infectarse"

El director de BCN Checkpoint y de la oenegé Projecte dels Noms explica su historia como activista de la lucha contra el sida y cuáles son los tratamientos más prometedores

Ferran Pujol, director de BCN Checkpoint y de la oenegé Projecte dels Noms.

Ferran Pujol (Reus, 1959) dirige BCN Checkpoint, que se abrió en 2006 para diagnosticar más rápidamente las infecciones de VIH. En 2017, este centro comenzó a dispensar la profilaxis preexposición (la Prep, la pastilla antisida) que hasta 2019 no estuvo financiada por Sanidad. Pujol también es el director de la oenegé Projecte dels Noms, cuyo objetivo en los 90 era ponerle cara a los afectados por el VIH. Con motivo del Día Mundial del Sida, Pujol reflexiona en EL PERIÓDICO, diario perteneciente al mismo grupo de comunicación que este medio, sobre una epidemia que, en España, causa unas 3.000 nuevas infecciones al año (hay unos 150.000 enfermos en total). En los países de renta media y baja, siguen muriendo unas 690.000 personas al año.

¿Cuándo comenzó usted en el activismo de la lucha contra el sida?

Yo supe que me había infectado de VIH en el año 86. En 1993 creé la oenegé Projecte dels Noms-Hispanosida. Entendí que las personas con VIH nos teníamos que asociar porque, hasta entonces, las asociaciones eran 'para' personas con VIH, no 'de' personas con VIH. Era un concepto muy paternalista. Vale que teníamos una enfermedad mortal, pero también plenas facultades: queríamos expresar lo que necesitábamos, no que nos dijeran qué teníamos que hacer. Del 86 al 93 viví toda una lucha personal, de supervivencia; pasé una depresión. Y en 1993 comencé a reaccionar creando la oenegé. Quería visibilizar lo que pasaba.

¿Cómo?

La visión que se daba entonces era una muy punitiva con las personas adictas a las drogas y con los homosexuales. Los homosexuales estábamos bajo la ley de peligrosidad social, es decir, éramos enfermos mentales. Imagínate el panorama: a las autoridades les incomodaba mucho hablar de todo esto, del sida. El Parlament de Cataluña no abría la boca. Pero en Cataluña había 8.000 personas afectadas, un montón de muertos, y no se decía nada. Alertaban un poco las televisiones de la conocida como "enfermedad gay". Con Projecte dels Noms llevamos la realidad a la calle, la realidad de los hospitales, los muertos. Y vimos que eso no generaba rechazo, sino ternura, incluso tristeza, solidaridad. Este fue el primer paso: visibilizar la pandemia. Projecte dels Noms tuvo un programa pionero: ayudábamos a la gente a hacer los tratamientos. Muchas personas los abandonaban porque eran muy duros.

Con el VIH ocurre igual que con el covid-19. Aunque estés infectado, si tu carga viral es indetectable, no contagias aunque no uses condón

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Pero después el tratamiento se sofisticó.

Sí. A partir de mediados de los 90 la mortalidad cayó en picado en los países ricos. Pasamos de 15 o 20 pastillas al día a una sola. Y surgían otras necesidades: por ejemplo, la de promover el diagnostico precoz. En 2019, el estudio 'Partner' confirmó lo que ya sabíamos: que las personas con VIH que seguían un tratamiento no podían infectar a otras. Yo, en 2014, ya había dicho esto en EL PERIÓDICO. Aquel día me llamó una enfermera del Hospital Clínic para decirme que los médicos, con EL PERIÓDICO en la mano, estaban escandalizados. "La gente dejará el condón, las infecciones subirán…". Yo dije lo que ya se veía venir y lo que confirmó el estudio. Y de aquí viene el concepto de "carga viral indetectable es igual a intransmisible". Ocurre igual que con el covid-19: si no tienes carga viral, no contagias. Y nosotros esto ya lo sabíamos, pero no se habían hecho los estudios necesarios.

Y si esto ustedes ya lo sabían, ¿qué había que hacer para evitar la enfermedad?

Pensamos que, si diagnosticábamos rápidamente a la gente, cortaríamos las cadenas de transmisión. Vimos que la persona, al tomar conciencia de su infección, ya evitaba infectar a otras. Las nuevas infecciones caían más del 50% cuando la gente era consciente de su estado. Además, cuanto antes se supiera, se podían poner en marcha fármacos para que no fuera a más. Por este motivo abrió BCN Checkpoint en 2006. Vimos que había un diagnóstico importantísimo en hombres homosexuales. Y cambiamos el paradigma de cuándo una persona se debía hacer la prueba: en lugar de hacerla cada vez que tenía prácticas de riesgo, empezamos a hacérsela cada tres meses.

¿Y qué ocurrió?

En 2006 redujimos el diagnóstico tardío en más de un 30% en Barcelona. Y entre 2009 y 2017 la incidencia del VIH en nuestra cohorte -hombres que tienen relaciones con otros hombres, que es la cohorte más grande en Europa- se redujo un 60%, también en Barcelona. Son datos de la Agència de Salut Pública de Barcelona (Aspb). Fuimos el primer centro en Europa en incluir la prueba rápida. Antes, la prueba implicaba analíticas, esperar resultados… En nuestro caso era venir, hacer un pinchazo y en 15 minutos tenías el resultado. Hoy, somos el primer centro de diagnóstico de Catalunya: tenemos 8.000 usuarios cada año. A la mayoría de estos usuarios les hacemos seguimiento. Tenemos muchas personas que periódicamente vienen a hacerse un control de VIH y podemos ver qué porcentaje se infecta.

En noviembre de 2019, Sanidad incluyó la profilaxis preexposición (Prep), la pastilla antisida, en la cartera de servicios. Fue un paso muy importante porque tomarla antes de tener prácticas de riesgo evita la infección. ¿Qué queda por hacer?

En España hay 9.000 personas tomando Prep, 5.000 de las cuales en Cataluña. Y, de estas, 2.000 están en nuestro centro, BCN Prep-point -que suministraba la Prep antes de que estuviera financiada por Sanidad, a través de ensayos clínicos-. Estas cifras te dan una idea de la gran desigualdad territorial. También hay mucha gente en lista de espera. Nosotros 700 personas ahora mismo para acceder a la Prep. Esto es especialmente grave y se ha de arreglar. Estamos intentando reubicar a estas personas en algunos hospitales, aunque estén lejos. Hacer esperar a gente que te está pidiendo la Prep es, en algunos casos, condenarla a que se infecte por VIH, y eso ya será irreversible.

El próximo tratamiento innovador será un implante subcutáneo que sustituirá la toma del fármaco diario

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Hay quienes critican el uso de la Prep.

Yo defiendo la Prep desde hace muchos años, incluso antes de que hubiera estudios que demostraran su tan elevada eficacia. Yo abogo por una prevención biomédica, algo muy criticado porque la prevención, años atrás, se basaba en el uso del condón y en el "cambio de conductas de la gente". A mí me irritaba mucho esta expresión porque la gente no tiene por qué cambiar sus conductas, ya que estas pueden comportar un riesgo en un momento de la historia, pero no tanto en otro. Si el sida no existiera, no estaríamos hablando de todo esto. Las personas con VIH no tenemos una vacuna porque es un virus que cambia mucho. Pero, en cambio, tenemos una cosa cuya eficacia es incluso más alta: la Prep.

¿Cuál es, ahora mismo, el reto mayor en el campo del VIH?

Seguir diagnosticando lo más precozmente posible. En Checkpoint, más del 60% de los diagnósticos son infecciones de menos de tres meses. Por otro lado, debemos conseguir que la gente tenga menos reservorio de VIH latente; para ello, hay que actuar más rápido terapéuticamente. Al conseguir que la gente sea indetectable, se deja de transmitir la infección. Con esto hemos avanzado mucho, y es lo que explica que en Catalunya, y en concreto en Barcelona, estemos viendo en los últimos años un descenso de los casos de VIH.

¿Y cuáles son los tratamientos más innovadores?

Para las personas infectadas, los 'long acting': alternativas a la pastilla única que consisten en implantes subcutáneos. Son tubitos que te implantan debajo de la piel y que van liberando el fármaco a lo largo de dos meses. Eso sí, lo has de ir cambiando. Es como una pastilla que te tomas y cuyo efecto dura dos meses. Aún no están comercializados, pero están a punto de llegar y se ha visto que son plenamente efectivos. Podrían estar disponibles en los próximos seis meses, pero hay otro factor: lo desarrollan farmacéuticas que les pondrán un precio altísimo. Así que lo que puede atrasar su llegada es que los gobiernos los aprueben o no.

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