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Hábitos alimenticios

De tabernarios y picoteadores

Los endocrinos alertan de que la ansiedad que ha generado la pandemia ha disparado los malos hábitos alimenticios y acabado con muchas dietas mediterráneas - El confinamiento y el cierre de bares y restaurantes han sido un cóctel fatal

Un joven degusta algunas tapas ayer en un bar de Elche, recomendables sin excesos.

Un joven degusta algunas tapas ayer en un bar de Elche, recomendables sin excesos.

El pecado de la comida. La mitad de los españoles tiene sobrepeso y no es una frase hecha. Por desgracia, ya era una realidad que nos acosaba antes de la pandemia. Ahora nadie duda que ha aumentado, nunca mejor dicho, el número de personas que huyen de la báscula y no hace falta preguntar el motivo. Los endocrinos, bromas aparte, están preocupados porque los cuadros que ven no solo hablan de salud física, también mental.

No saber si era lunes, martes o sábado, sólo que a las ocho de la tarde había que salir a echar unos aplausos con los vecinos y comentar la jugada, metió a miles y miles de personas en un bucle en sus casas donde hacíamos lo que nunca debiéramos de haber hecho: picotear a todas horas, incumplir los horarios, trasnochar, convertirnos en "cocinitas" -y no solo de pan- o comprar esos aperitivos tan sabrosos como venenosos que, en condiciones normales, nunca nos hubiéramos permitido. Alguno podría pensar que igual, si se iba a acabar el mundo, ¿qué más daba?. Ahora que parece que lentamente nos alejamos del covid -¿no se han dado cuenta que ya no hablamos del bicho, sólo de las vacunas y opinamos?-, los endocrinos, entre otros especialistas, están comenzando a dar la voz de alarma de un problema que, como tantos, fue tan fácil de generar como difícil será de resolver. La sabrosa dieta mediterránea que era el "sancta sanctorum" de tantas y familias ha pasado a mejor vida. Desapareció por espartana y no nos acordamos ya ni de cómo se hace una ensalada. Y eso lo saben los endocrinólogos, principalmente, que están comenzando a recoger el resultado de este largo y pesado año. "La pandemia ha propiciado hábitos de alimentación erróneos y un peor control de la ansiedad en la ingesta de alimentos", explican desde el servicio del Hospital del Vinalopó, que gestiona el Grupo Ribera Salud.

Según los expertos, la nueva normalidad en la que nos encontramos ha hecho aumentar la frecuencia de los patrones de alimentación disfuncionales. "A los pacientes les está costando más controlar la comida entre horas o picoteos, así como la ansiedad por la ingesta de comida. Falta motivación para comer bien y cuidarse", asegura Guillermo Negueruela, responsable de Endocrinología del centro sanitario público ilicitano de gestión privada.

El especialista divide en dos grandes perfiles a estos pacientes: los grandes comedores, que aseguran que no se sacian fácilmente; y los picoteadores, que comen muy rápido y a deshora. Recuerda el doctor Negueruela que este problema se suma al que ya teníamos antes del covid: "el 50% de la población tiene sobrepeso u obesidad. Mismo porcentaje de la sociedad que reconoce que no realiza ningún ejercicio físico".

Desorden

El desorden alimenticio producido por la depresión y la ansiedad requieren del soporte familiar para poder escuchar, prestar atención al peso, al patrón alimentario, a la realización o no de ejercicio y a los cambios de hábitos. "Es importante no culpabilizar a los pacientes, ofrecer compresión, entender que la obesidad es una enfermedad normalmente crónica donde el usuario no precisa que se le culpabilice, sino que se le entreguen las herramientas necesarias para conseguir un cambio de hábitos". Y esto es teoría, que es lo fácil, lo difícil siempre es ponerla en práctica, como reconocen los facultativos porque el fin de las limitaciones, como fue el poder salir a las calles y, especialmente, recuperar los hábitos de los bares, nos ayudó mentalmente a sobrellevar lo que había supuesto ese confinamiento en cuanto a la pérdida de relaciones sociales, pero no ayudó a nuestro organismo a volver a los patrones adecuados de alimentación. De hecho, muchos negocios admiten que se han multiplicado los clientes que repiten; es decir, aquellos que antes iban una vez o dos al mes y a los que ahora ven casi a diario a echar una caña... vamos un "tabernario". "No hemos hecho nada distinto, han cambiado ellos, que necesitan más salir y relacionarse. Han aumentado la frecuencia de sus visitas al bar o al restaurante. Aunque también hay a quien no hemos visto desde hace un año. Hay quien aún no ha salido de casa", explica un camarero en la Glorieta de Elche.

Vigilar

Los especialistas ponen el acento en vigilar cambios importantes de hábitos, como dejar de realizar ejercicio o dejar de salir a la calle, así como comer con gran ansiedad o presentar rasgos de depresión. "Debemos vigilar estas actitudes porque pueden enmascarar un cuadro de depresión o ansiedad generalizada de base por lo que precisarían valoración", asegura el especialista con evidente preocupación.

Para evitar los malos hábitos, desde el servicio recomienda una receta que todos -menos nuestra voluntad- conocemos: incorporar el ejercicio físico en la forma de vida, cambiar hábitos alimentarios incorporando la dieta mediterránea evitando productos procesados, industriales, etc. Además, promueven una vida activa y cultivar el apoyo familiar y las relaciones sociales para mejorar el ánimo y ansiedad. "Es importante plantearse un objetivo claro y realista sobre la pérdida de peso y forma física que queramos conseguir, plazo y cambios que estamos dispuestos a realizar".

"En el servicio de Endocrinología del Vinalopó nos encargamos, en colaboración con otros especialistas, de descartar causas secundarias de obesidad, control de las comorbildiades y ofrecer asesoramiento sobre dieta, ejercicio y tratamiento medico o quirúrgico a los pacientes que lo precisen", asegura Negueruela.

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