Ese sobresalto justo antes de dormir tiene nombre (y una explicación que te sorprenderá)
Es una respuesta natural del sistema nervioso mientras el cuerpo se acomoda al descanso profundo que caracteriza a las fases siguientes del sueño

Una mujer mientras duerme / Freepik
Al caer la noche y cerrar los ojos, el cuerpo inicia un proceso de desconexión progresiva del entorno. La respiración se vuelve más pausada, el pulso desciende y la actividad cerebral empieza a cambiar de ritmo. Es el momento en que el organismo se prepara para entrar en el sueño, una función biológica esencial que permite al cuerpo recuperarse del desgaste diario y al cerebro procesar la información acumulada durante la jornada.
Durante las primeras fases del sueño, se produce una transición curiosa: aún no estamos completamente dormidos, pero tampoco plenamente despiertos. En ese estado intermedio, conocido como ‘sueño ligero’, pueden ocurrir fenómenos fisiológicos involuntarios, como movimientos musculares, sensaciones de caída o incluso breves sobresaltos. Son respuestas naturales del sistema nervioso mientras el cuerpo se acomoda al descanso profundo que caracteriza a las fases siguientes del sueño.
Uno de los fenómenos más comunes de esta etapa son los espasmos mioclónicos, también llamados sacudidas hipnagógicas. Se trata de contracciones musculares repentinas e involuntarias que pueden afectar a una parte del cuerpo —como una pierna o un brazo— o generar una sensación de sobresalto general. En ocasiones, vienen acompañadas de la impresión de estar cayendo o tropezando, lo que provoca que, en ocasiones, la persona despierte de golpe.
No son peligrosos
Aunque pueda resultar alarmante, este tipo de espasmos no son peligrosos. Los expertos los relacionan con una descarga repentina de actividad eléctrica en el cerebro justo cuando el sistema nervioso pasa del estado de vigilia al sueño. En ese momento, el cerebro reduce el control consciente sobre los músculos, y el cambio puede generar una respuesta refleja similar a un ‘reinicio’ corporal. El cansancio extremo, el estrés, la cafeína, el alcohol o la falta de sueño pueden aumentar la probabilidad de que ocurran.
Para reducir su frecuencia, los especialistas recomiendan mantener horarios de descanso regulares, evitar el consumo de estimulantes antes de dormir y procurar un ambiente tranquilo y oscuro, además de practicar ejercicio, aunque no en el momento previo a dormir.
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