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Los rostros del cáncer de piel: «Tengo un melanoma porque de joven no me protegí del sol»

Cada año se detectan centenares de casos de cáncer de piel y melanomas en Baleares. La mayoría de casos aparecen por culpa de la radiación ultravioleta y se pueden evitar con buenos hábitos de prevención

Pep Miquel Coll y Teresa Bonnín lo han sufrido y advierten: «La piel tiene memoria, lo que hacemos con 20 años puede pasarnos factura con 60»

VIDEO | Los rostros del cáncer de piel en Mallorca: «Tengo un melanoma porque de joven no me protegí del sol»

Redacción Digital

Palma

El cáncer de piel no es un diagnóstico improbable. Es un problema real, cada vez más frecuente y, en muchos casos, evitable. Según la Asociación Española contra el Cáncer, en 2024 se detectaron en Baleares 142 nuevos casos de melanoma y 303 de otros tipos de cáncer de piel. Los casos han aumentado un 40% en los últimos años y en España la cifra ya supera los 21.000 casos anuales. La causa principal está clara: la exposición a la radiación ultravioleta. Y el principal factor de prevención, también: protegerse del sol.

A Pep Miquel Coll, palmesano de 63 años, el diagnóstico le llegó por casualidad. «Fui al dermatólogo por una mancha en la nariz. En principio no parecía nada malo, pero decidieron hacer una biopsia. Resultó ser un léntigo maligno», explica. Lo que parecía un simple lunar ha acabado provocando hasta cuatro intervenciones en quirófano, y en unos días se operará por quinta vez: «Van quitando de tres en tres milímetros. Cada vez que analizan lo que han retirado, encuentran más células sospechosas».

El léntigo maligno que sufre es un tipo de melanoma que afecta solo a la epidermis, pero si no se trata a tiempo puede invadir capas más profundas. «Lo han diagnosticado a tiempo antes de que se infiltre, eso ha sido clave. Si lo hubiera ignorado, hoy sería un diagnóstico peor», señala. Aunque el pronóstico es bueno, Pep admite que la batalla también es psicológica: «No me duele, pero es un desgaste pasar tantas veces por quirófano. Lo peor es que no sé cuándo será el final, no sé si habrá una sexta o una séptima intervención».

Si hubiera ignorado la mancha, el diagnóstico sería peor

Mira atrás y reconoce sin rodeos: «De joven no me protegí del sol y ahora me está pasando factura. Por aquel entonces no sabíamos la importancia que tenía». Recuerda haber pasado días enteros en la playa o al aire libre sin fotoprotector: «Mi dermatólogo me lo ha dicho claro: esto me ha pasado por el daño solar. La piel tiene memoria, y lo que haces con 20 años puede pasarte factura con 60».

«Me lo detecté yo misma»

Teresa Bonnín, farmacéutica de 62 años, también conoce la enfermedad de primera mano. En su caso, fue un nevo displásico —una lesión precursora del melanoma— el que activó las alarmas: «Me lo detecté yo misma en la farmacia. Me hice una foto en la espalda y vi que algo no iba bien. Se la mandé al dermatólogo, me la quitaron, y después me hicieron una intervención más profunda. Ahora tengo que vigilarme mucho».

Teresa Bonnín tuvo un nevo displásico, un precursor del melanoma.

Teresa Bonnín tuvo un nevo displásico, un precursor del melanoma. / DM

No ha sido su único susto. Hace apenas unos días acudió al dermatólogo por otra mancha sospechosa: «Era una queratosis actínica, un precáncer, ya me la han quemado. Voy de control en control», comenta. A día de hoy se aplica crema solar todos los días del año y lo complementa con fotoprotección oral. En su farmacia insiste mucho en la importancia de la autoexploración y en acudir al dermatólogo cada año: «Igual que vas al dentista o al oculista, hay que revisar la piel».

Para Teresa, la prevención debería inculcarse desde la infancia con la misma insistencia que otros hábitos de cuidado tan importantes como lavarse los dientes o las manos. Cuando aparece una lesión anómala en la piel, recuerda, hay que vigilar la asimetría, los bordes irregulares, el color, el diámetro y si evoluciona o cambia de aspecto con el paso del tiempo.

Cuando era una niña, las cremas solares no se veían nunca en la playa

Quemaduras en la infancia

Con todo, ambos coinciden en que muchos de estos casos podrían haberse evitado con una buena protección solar. «Si me hubiera cuidado, quizá no me hubiera pasado. Pero antes no había tanta información, y ahora que la hay, algunos jóvenes siguen repitiendo el mismo error». Teresa también lo señala: «Cuando yo era una niña no se veían cremas solares en ningún lado. Ibas a la playa, te quemabas y ya está. Yo creía que el bronceado era sinónimo de belleza. Ahora sabemos que esas quemaduras en la infancia son un factor clave para desarrollar cáncer de piel en la adultez».

Además, recuerdan, el cáncer de piel no duele, no avisa y puede presentarse en forma de un simple lunar: «Hay quien lleva años con una mancha y no le da importancia, es muy peligroso». Por eso ahora los dos se cuidan y se vigilan al máximo, aunque admiten: «Ojalá no haber aprendido así».

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